<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529</id><updated>2012-02-07T16:16:59.060-08:00</updated><title type='text'>El Blog del Cholo</title><subtitle type='html'>(Cuentos de fútbol y más).</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>45</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-7958746141363951951</id><published>2012-02-07T00:12:00.000-08:00</published><updated>2012-02-07T16:16:59.079-08:00</updated><title type='text'>Sacale una foto</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-KP33aPNPO84/TzDc_1TiNPI/AAAAAAAAAOs/skuhI5H0GfA/s1600/183465_1738736361225_1623143654_1691842_2180911_n.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 214px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-KP33aPNPO84/TzDc_1TiNPI/AAAAAAAAAOs/skuhI5H0GfA/s320/183465_1738736361225_1623143654_1691842_2180911_n.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5706303717077300466" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre fue el goleador. Siempre. En cada categoría. Desde cancha chica hasta las inmensas. En el patio del colegio. En el living de su casa y en el baldío que había en su cuadra. Siempre él hizo más goles que los demás. Siempre. Era su rasgo distintivo: el gol.&lt;br /&gt;Por esas cosas de la vida sus viejos lo llamaron Diego. Y cuando ya fue un pibe grande se tatuó la firma de Maradona en el hombro izquierdo sellando su amor por la pelota. Pero, al contrario de su ídolo, él se cuidó. Tenía la firme convicción de llegar. Nunca salió de joda y tampoco probó el fernet, a pesar de ser tan cordobés como cualquiera. Mientras sus compañeros de categoría ya andaban en los bailes del pueblo, él dormía. Soñaba con los goles que iba a hacer mañana, en la práctica. Y el fin de semana, en los partidos.&lt;br /&gt;Descolló en la Liga. Y ya antes de debutar en Primera su apellido era un apellido que se las traía. Pero duró poquito. Su sueño era demasiado grande para un pueblo tan chico. Probó en clubes de la capital y también se pagó un viaje a Europa detrás del sueño de quedar en algún conjunto de Italia. Pero una tarde volvió al pueblo y se puso la 9 de Sportivo para no sacársela más.&lt;br /&gt;Le hizo más goles que nadie al eterno rival de la ciudad y cada temporada su récord no bajaba de 20 goles, lo que lo llevó a consagrarse como el goleador histórico del club antes de cumplir los 30. Se casó con su novia de siempre y un tío le hizo un hueco en el local de venta de repuestos. Esa fue su vida.&lt;br /&gt;El sueño de llegar y salir en la tapa de las grandes revistas y diarios nacionales no pudo ser. Pero él se conformaba con comprar cada sábado el diario Tribuna y encontrar alguna de sus fotos en las páginas de Deportes. Ese se convirtió en su gran pasatiempo. En su locura, también.&lt;br /&gt;En cada cancha buscaba a los fotógrafos. Y tenía largas charlas antes y después de los partidos. Un número de teléfono, un precio y un paquete de fotos que llegaba en sobre cada lunes a su casa. Esa era su devoción. Se encerraba en el living a mirarlas. A rememorar el momento de cada foto. A redescubrirla. Y las clasificó en una carpeta gris enorme. Allí se podía ver las etiquetas. “Grandes goles” se leía en un folío gordo de tantas imágenes. “Patadones” en otra, donde el Diego volvía a sentir el dolor por alguna entrada artera de un defensor. Y así, fue armando su vida en esa carpeta gris a la que apenas unos elegidos tenían acceso.&lt;br /&gt;Eso fue lo que le encendió la lamparita a su mujer Carolina, que para una navidad se decidió y le metió un tarjetazo a una hermosa cámara de fotos de última generación. De esas picantes, que usan los fotógrafos de verdad. Nada de esas digitales que tienen las pibitas en la plaza con sus amigas.&lt;br /&gt;El rostro de Diego cuando abrió el paquete fue el mismo que solía poner cerca del alambrado tras mandarla a guardar: un orgasmo.&lt;br /&gt;El flechazo del 9 con aquella Nikon fue instantáneo. Y esa misma noche cansó a sus familiares con tantos flashes. Con tantas poses. Nadie lo podía tener. Y llevaba su cámara a todos lados. Al rally. Al campo el fin de semana. A los asados familiares. Y en cada evento deportivo que hubiera cerca. Ahí estaba él. En todos lados, menos en el fútbol. Ahí era aún protagonista.&lt;br /&gt;Pero esa última temporada la idea le estaba dando vueltas por la cabeza. Casi que pensaba más en la foto que en el centro que venía para mandarla adentro. Miraba a sus compañeros y se imaginaba haciendo click, para captar el instante. Se pasaba el partido buscando el mejor lugar para la foto, con el sol perfecto, sin rivales que se interpusieran en el camino. Estaba en otra. Y una rotura de ligamentos en la rodilla fue el empujoncito que necesitaba para pedirle permiso al DT José Lorandi. “José, le molesta si la fecha que viene me vengo con la cámara y hago algunas fotos del partido”, consultó. Y el sí fue inmediato.&lt;br /&gt;Se pasó todo el campeonato siguiendo a Sportivo pegadito al arco donde atacaban sus compañeros. Aprendiendo, también, como encontrar el lugar ideal para la foto perfecta. Bancándose, claro, la risa y las bromas pesadas de las hinchadas rivales, que se burlaban de aquel goleador que ahora era fotógrafo. “Perro, mirá como terminaste. Si es para sacarte una foto a vos. Siempre fuiste un burro”, le decían. Pero él nada. Como cuando jugaba. Una tumba.&lt;br /&gt;Su pibito, Santiago, ya jugaba en las categorías inferiores del club, y parecía condenado a repetir la historia de papá Diego: hacer goles y más goles. La tarde de aquella recordadísima final, se metió con papá al lado del arco. Diego sacaba las fotos y Santi alcanzaba pelotas. La rodilla del gran 9 funcionaba perfecto y en las prácticas de la semana hasta se animó a tirarle un chiste a Don Lorandi: “Mire que si me necesita estoy ahí, sacando fotos al lado del arco”. Pero, por respeto a los demás, Lorandi decidió no citarlo. No había jugado en todo el campeonato y prefirió bancar a los que se habían ganado el derecho de estar en la gran final de la liga local.&lt;br /&gt;De todos modos, nadie esperó jamás que el Gordo Mascanfroni se sintiera mal en el banco de suplentes y largara un vomito en el calentamiento que hasta el día de hoy es recordado (algunos aseguran que lo vieron chupando en el bar hasta el mediodía de ese domingo). Sin otro delantero en el banco y perdiendo 1-0, Lorandi ni lo dudó. “Diego, ¿te animás a jugar los últimos 10 minutos? Te necesitamos. Entrá y empatalo”, le dijo.&lt;br /&gt;El goleador se paró, se descolgó la cámara del cuello y lo miró a su pibe, que como todos los hinchas de Sportivo, no podía creer que eso estuviera sucediendo. “Hijo, agarrá la cámara así. Tenela firme. Y cuando veas que papá esté por meter el gol del empate, sacale una foto. Apretá bien firme y sacale una foto…”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-7958746141363951951?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/7958746141363951951/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=7958746141363951951' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/7958746141363951951'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/7958746141363951951'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2012/02/sacale-una-foto.html' title='Sacale una foto'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-KP33aPNPO84/TzDc_1TiNPI/AAAAAAAAAOs/skuhI5H0GfA/s72-c/183465_1738736361225_1623143654_1691842_2180911_n.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-7204044119938497367</id><published>2012-02-02T20:44:00.000-08:00</published><updated>2012-02-02T20:48:35.064-08:00</updated><title type='text'>Volver al pueblo es de valientes</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-bvLXPyKfYYc/TytnHa2UC6I/AAAAAAAAAOg/9hE7Vvc3NHE/s1600/74182_451564522206_315300007206_5301505_4393543_n.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 238px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-bvLXPyKfYYc/TytnHa2UC6I/AAAAAAAAAOg/9hE7Vvc3NHE/s320/74182_451564522206_315300007206_5301505_4393543_n.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704766730158738338" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Es verano. Y sobra el tiempo. Muchos salen de vacaciones. Se van lejos. Escapan de sus realidades. Otros, los nostalgiosos como quien escribe estas líneas, deciden volver, por un rato aunque sea, al pueblo. Y no es una tarea sencilla ni simple. Al contrario. Volver significa, también, reencontrarse. Y muchas veces los reencuentros no son felices. La gran mayoría. Porque como dice el gran Dolina,  “no se vuelve a ninguna parte. Para permanecer en el mismo lugar hay que correr muy ligero”.&lt;br /&gt;Por eso volver al pueblo durante las vacaciones es de valientes. Primer punto: tu casa ya no es tu casa. Y bien vale la sensación para aquellos que ya pasaron los 20 y tuvieron que buscar el destino en la capital, con la maldita universidad y esa tonelada de libros que nos acompañan en el colectivo aunque los hayamos dejado en el departamento.&lt;br /&gt;Pero sostengo la idea: tu casa ya no es tu casa. Y tus viejos te marcan ese límite. “Acá no estás en tu departamento, eh”, te avisa tu viejo, y te apaga la luz a la 1 de la mañana. No señor, acá no te podés desvelar viendo la tele.&lt;br /&gt;Es apenas el comienzo del suplicio de volver. Difícil es recorrer las cuadras de tu barrio y no encontrar a aquellos amigos con los que jugabas a las escondidas cada tarde. Ahora se escondieron para siempre. Algunos buscaron refugio en otras ciudades. Ya ni sus casas son sus casas. Y los vecinos que te odiaban por el famoso “ring-raje” te saludan con una lágrima en la mejilla. “¿Cómo andás, pibe? Tanto tiempo”. &lt;br /&gt;Por eso digo que es peligroso eso de volver. Porque mientras desarmas el bolso en la que era tu pieza notás que ya no están los pósters del plantel de Boca. O aquellas figuritas que guardabas en la caja de zapatillas Topper. Y hasta alguna de esas remeras que tanto te gustaban ya no están en su cajón. “Las llevé a Cáritas, si vos no venís nunca”, te dice tu vieja.&lt;br /&gt;Claro que duele. Muchísimo. Y les pasa a los de Los Cóndores, a los de Almafuerte, a los de Embalse. Y no solo a los pibes que ahora ya asoman los 30. También a los cuarentones y los que casi bordean los 60. Porque a todos les pica el bichito de volver. Si quien te dice. Capaz que todo sigue igual. Capaz que sí.&lt;br /&gt;Ni hablar eso de salir a dar “una vuelta” por el pueblo. Ya no existe. Y eso de “que acá nos conocemos todos”. Mentira. Ya no conocemos a nadie. Y nadie nos conoce. Somos un extraño caminando entre conocidos. Que se saludan todo el tiempo. Pero a nosotros no. Apenas alguna señora puede llegar a preguntar si somos el hijo de tal. Como dice mi querido gomía Pocho: “Ya estamos fuera del sistema”.&lt;br /&gt;Encima, los amigos que tomaban cerveza en el kiosco ya no nos esperan. Y tampoco está el kiosco. Se lo comieron los supermercados y el apuro por tener todo rápido, a cualquier precio. Ahora los pibes se escriben mensajitos de texto. “¿Dónde estás?”. Nosotros siempre sabíamos dónde estaban nuestros amigos. Dos o tres lugares claves. Nunca le errabas.&lt;br /&gt;Pero sigo en eso de volver. Y con apenas dos o tres días basta y sobra. Uno quiere volver a irse. Y dice que nunca va a regresar. ¿Para qué? Si es para que duela nomás. Más allá de alguna que otra sonrisa en el desparramo de anécdotas cuando te cruzás con alguna cara que formó parte de tu vida. &lt;br /&gt;Entonces, se arma el bolso con desprecio. Tratando de ver si se puede llevar algo que tenga valor sentimental. Un perfume Paco. El llavero de He-Man. El recorte de El Gráfico con la foto del Enzo Francescoli. O esa Ferrari a escala que sigue en punto muerto en la repisa. Algo. Pero no. Deja todo tal cual. Saluda a los viejos con un beso largo. Y arranca.&lt;br /&gt;Regresar al pueblo es de valientes. De gentes con bravura. Son los mismos que pisan el acelerador en el cruce de la autopista y dicen que nunca van a regresar. Pero saben que siempre van a volver.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-7204044119938497367?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/7204044119938497367/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=7204044119938497367' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/7204044119938497367'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/7204044119938497367'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2012/02/volver-al-pueblo-es-de-valientes.html' title='Volver al pueblo es de valientes'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-bvLXPyKfYYc/TytnHa2UC6I/AAAAAAAAAOg/9hE7Vvc3NHE/s72-c/74182_451564522206_315300007206_5301505_4393543_n.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-6471929629844667111</id><published>2012-01-12T21:06:00.000-08:00</published><updated>2012-01-12T21:07:27.740-08:00</updated><title type='text'>Puta madre (Diego)</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-F8K_Z0Jt7Ow/Tw-8C1U8_NI/AAAAAAAAAOU/vBce2mfhGNs/s1600/img_3557.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 246px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-F8K_Z0Jt7Ow/Tw-8C1U8_NI/AAAAAAAAAOU/vBce2mfhGNs/s320/img_3557.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5696978810507689170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Puta madre, Diego. Puta madre. Qué difícil es verte así. Viejo. Roto. Como todos nosotros. Puta madre, Diego. Si vos eras capaz de detener el tiempo en una gambeta, deberías haberlo hecho ahora. Si vos tenías esa capacidad única, indisimulable. Puta madre, Diego.&lt;br /&gt;Cómo explicarle a los que no creen, Diego. Cómo hacerles entender. Si así como estás ahora no se puede. El ejemplo ya no está. Y esos que te ven de saco y corbata ahora se burlan de tus poderes. No tienen ni idea, Diego. &lt;br /&gt;Puta madre. Si es cierto que fuiste (sos) Dios, aparecete otra vez en el césped. Aunque sea un ratito. Un minuto. Digo, no sé. Unos segundos por lo menos.&lt;br /&gt;El tiempo necesario para tirar un caño y cambiar de frente. O para jugar dos cortos y un largo al Cani. Dale, Diego. Dejate de joder. Si es un ratito nomás. Jugá como en los videos que miran tus hijas. &lt;br /&gt;Puta madre, Diego. Dejame llorar un ratito más con tu fútbol. Porque esto de extrañarte es como mentirle al olvido. Como hacerle creer que nunca exististe. Para que no duela tanto.&lt;br /&gt;Mientras tanto, los giles hablan. Se ríen. Festejan goles de los rivales. Y se sonríen cuando te ven en la mala. Puta madre, Diego. Qué diferente era cuando estabas de pantalón cortito. &lt;br /&gt;Por eso te pido, aparecete. Aunque sea en un sueño, donde yo te pueda ver como en una pintura en movimiento. Como en el ’86. Si me prometés que va a ser una noche por década, compro. &lt;br /&gt;Puta madre, Diego. Si apenas puedo seguir escribiendo. Se me caen las medias y me explota el corazón de escucharlos. Como si vos pudieras lograr que esos pataduras ganaran un Mundial. ¡Un Mundial! Dejate de joder. Ahora está cualquiera en tu lugar. Y vos viajas por el Mundo con otra rubia que no es tu rubia.&lt;br /&gt;Puta madre, Diego. Me consuela saber que no soy el único. Que están esos que te vieron debutar con Talleres en el Bicho. Que están los que eran unos pibes cuando hiciste lo que quisiste en México. Y los de mi camada, los que te vimos quedarte sin piernas en Estados Unidos, en el ’94. Si todavía me acuerdo cuando escribí con fibrón rojo la pared de mi pieza con la fecha en que volvías a Boquita. &lt;br /&gt;Puta madre, Diego. Yo te voy a seguir esperando. Vos dejalos que hablen. En el nombre del Padre, el hijo y el espíritu santo, Amén…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-6471929629844667111?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/6471929629844667111/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=6471929629844667111' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/6471929629844667111'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/6471929629844667111'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2012/01/puta-madre-diego.html' title='Puta madre (Diego)'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-F8K_Z0Jt7Ow/Tw-8C1U8_NI/AAAAAAAAAOU/vBce2mfhGNs/s72-c/img_3557.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-2408740140020294583</id><published>2011-12-24T15:15:00.001-08:00</published><updated>2011-12-24T15:21:18.557-08:00</updated><title type='text'>El último corte</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-KwuxOr7ADJw/TvZeYIdArhI/AAAAAAAAAN8/2Ogojk1wYAo/s1600/basquet%2B004.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-KwuxOr7ADJw/TvZeYIdArhI/AAAAAAAAAN8/2Ogojk1wYAo/s320/basquet%2B004.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5689838947908234770" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como se me cagaban de risa los vagos cuando volví al pueblo. Pasa que parecía que era un chiste. Uno bien contado. Uno de esos en el que todos se terminan meando de las carcajadas en una sobremesa. &lt;br /&gt;Pero no. ¡Qué va a ser un chiste! Ojalá lo hubiera sido. Sino contale a mi viejo, al Cholo, que andaba como loco. Se quería ir a prender fuego la Federación de Básquet de la zona. “Esto no puede ser, Fede. Esto es injusto. Me van a escuchar. Vas a ver. Me van a escuchar”, me decía mientras volvíamos de Embalse en el Gacel blanco que nunca le falló. Y que después heredé. Y que tampoco me falló nunca a mí. Y que cuando andaba en curda, me llevaba solo a casa. Una máquina.&lt;br /&gt;Pero esa vuelta el Gacel ni quería hacer ruido de la calentura que tenía mi viejo. Yo debo haber tenido 14, 15 años. No más. Jugaba de base. Al básquet, en el club de mi pueblo: Club Atlético Juventud Unida. Y estar en el club era como estar en mi casa. Si quedaba al frente. Tenía que cruzar el canal que dividía en dos al pueblo y estaba ahí, en la puerta de CAJU esperando que el viejo Oscar abriera el candado. Siempre con la naranja en las manos y unas ganas inexplicables de tirar al aro. De correr. De jugar. Siempre fue así. Desde que tenía cinco años y me metieron debajo de esos techos de chapa para que no jodiera en casa. Ahí agarré la bola y le di. Tarde a tarde. Todo el día. Durante 15 años. No había forma de no aprender.&lt;br /&gt;Y aprendí. Era un base con temperamento. Que sabía jugar. Que sabía ordenar a los compañeros. Pasar bien la pelota. Y tenía una mano interesante para meter algún que otro triple cuando los partidos se complicaban. Era titular y me sentí siempre importante para mi equipo.&lt;br /&gt;Eso sí, nunca tuve la suerte de trascender demasiado. Y nunca la tendría. Pero aquella fue, tal vez, la gran oportunidad de mi vida como jugador de básquet. Se venía un torneo provincial que se iba a jugar en un pueblito vecino: Embalse. Y yo había sido convocado para la preselección. Hay que decir que llamaron a tres o cuatro de cada equipo. Una mera formalidad. Para lugar quedarse con los 12 que ya todos sabían que iban a ir al campeonato.&lt;br /&gt;Pero fue esa vez que me prometí romperme el culo para, al menos, crearle un problema al técnico: el Tato Flores. Que también era el técnico de Atlético Río Tercero, de donde había mayoría de jugadores. Yo, humildemente, me puse esa meta. La de molestar. Y así fue práctica tras práctica. Me tiraba al piso cuando nadie se tiraba. Hacía más flexiones que el resto. Era el primero en la fila para correr. Y andaba afilado con los triples. Como nunca.&lt;br /&gt;“La verdad, nunca te ví así. Me parece que te va a tener que convocar”, me decía Poti, compañero de equipo en Almafuerte que siempre era convocado, en los viajes en bondi ida y vuelta a Río Tercero, donde entrenábamos. El Poti, mi amigo, era una fija. Un ala pivot de tiro extravagante y mucha entrega, que siempre quedaba en todas las selecciones de la zona. Yo no, claro está.&lt;br /&gt;Pero esta vez todo pintaba para que sí. Y hasta mi viejo se entusiasmó. Y puso el Gacel a disposición para llevarnos todos los días a Río Tercero cuando ya solo quedamos el Poti y yo de nuestro club.&lt;br /&gt;Quedaban 16 jugadores. Y faltaba un mes para el torneo. “Hoy se hace el primer corte”, anunció el DT. Ya me la veía venir. Era como esos cantantes que van a los concursos y saben que al lado tienen a Luis Miguel y Andrea Bocelli. Era boleta… &lt;br /&gt;Pero no. No dijo mi nombre. “Zafé”, pensé y ya me entró a gustar la cosa. Limpiaron a dos y quedamos 14.&lt;br /&gt;Ya los pibes de Río Tercero, los picantes en serio, me miraban de otra forma. Y hasta me daban la pelota en las prácticas. “Ojo”, pensé. Pero no quise decir nada a los amigos del club. Todos esperaban que cayera un día a práctica con la noticia de que me habían corrido de la Selección. Pero yo seguía faltando. Lunes, miércoles y viernes entrenaba en Río Tercero.&lt;br /&gt;Le dimos duro un par de semanas más. Y ya estaba la cosa. El Tato Flores cortó a un flaco largo de Tancacha que apenas podía mover los brazos y quedamos 13. ¡Mamita! Ese día no me daban las piernas para correr. Para tirarme al piso. Ya estaba. Ya me veía adentro. Quedaban tres bases. Y yo era el tercero cómodo. Pero iba a estar ahí, en ese equipazo. &lt;br /&gt;“Hernán, la lucha es entre vos y el loco este de Embalse”, me dijo un ayudante del técnico como para motivarme aún más. Le conté a mi viejo. Y esa noche llegué al club antes de que terminara la práctica. Les conté a todos. Y todos me vieron adentro. Yo era mejor que ese loco de Embalse. Al menos, yo era base. Y él pintaba para no tener lugar en ese equipo.&lt;br /&gt;Así fui a la última práctica. A la que anunciaban el equipo y había que elegir número nomás. Si te digo que hasta pensé que iba a agarrar cualquier número. Que no iba a decir nada, cosa de no caer mal en el grupo. Que me toque la que me toque. La 13, la 12, la 4, la que sea. &lt;br /&gt;Ahí estábamos. Todos sentados en el piso. Y solamente el técnico de pie. “Voy nombrando de a uno a los que quedaron en la Selección. Quiero decir que estoy orgulloso de todos. Los que quedaron afuera me la hicieron difícil, eh”, dijo. Y yo le mire la cara al flaco de Embalse. Pobre, se iba a perder el campeonato donde iba a ser local. Una lástima. Pero yo me la merecía. Era mi momento.&lt;br /&gt;Nombró al 10, al 11 y cuando llegó al 12 entendí todo. “Y el último jugador del equipo va a ser Franco Ramírez, de Embalse”. La puta madre. &lt;br /&gt;Se me cayó el mundo. Se levantaron todos y me felicitaron. Chicos de otros clubes, que apenas me conocían. Con los que seguro alguna vuelta me había puteado. Porque me ponía loco en la cancha. “Bien, Hernán. Te mereciste estar. Una lástima. Seguí así”, me decían.&lt;br /&gt;Relojié para atrás y estaba mi viejo. Como que ya había entendido todo también. Me abrazó y me dijo que había hecho un gran esfuerzo. Que todo valía la pena. Que la próxima, quien te dice.&lt;br /&gt;Por eso se ve que fuimos la noche en que arrancaba el campeonato. Nos subimos al Gacel y enfilamos los dos para Embalse. Por más que yo no jugara, siempre íbamos a ver básquet los dos juntos. Y aunque me doliera ver todo de afuera, fuimos. Si total convivimos con ese equipo dos meses completos.&lt;br /&gt;Terminó ese primer partido y el pibe de Embalse ni entró. Con mi viejo nos fuimos con bronca. Los dos con la sensación de que yo podía hacer algo más que él. “Al menos tenés corazón. Eso nunca le puede faltar a un jugador de básquet: corazón”, me decía.&lt;br /&gt;Justo en la puerta, antes de volver, nos cruzamos con uno de los dirigentes de Embalse. Los que organizaban todo. “Cholo, ¡qué lástima que no quedó tu pibe! Pero viste, ¿no? A este chico de Embalse lo pusieron porque el padre es carnicero. Y pagó la carne para todas las delegaciones. Una injusticia, ¿no?”, dijo el viejo ese de anteojos. Mi viejo ni le contestó. “Vamos”, me dijo. Lo noté hirviendo.&lt;br /&gt;Y desde allá, de Embalse, vino puteando hasta Almafuerte. Manejando a los pedos al Gacel. Endiablado. “Mirá vos… Fuiste el último corte. Y estos te dejaron afuera por unos cortes de carne. Decime si no es un chiste de mal gusto. Decime vos, la puta madre”, gritoneó. &lt;br /&gt;Yo ni le contesté. Era como un chiste. Uno muy malo, al menos para mi y mi viejo, el Cholo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-2408740140020294583?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/2408740140020294583/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=2408740140020294583' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/2408740140020294583'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/2408740140020294583'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/12/em.html' title='El último corte'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-KwuxOr7ADJw/TvZeYIdArhI/AAAAAAAAAN8/2Ogojk1wYAo/s72-c/basquet%2B004.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-5606666031105027282</id><published>2011-11-30T20:22:00.000-08:00</published><updated>2011-11-30T20:26:47.112-08:00</updated><title type='text'>La muerte no tiene códigos</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-XX--ebtFb70/TtcB44O4HrI/AAAAAAAAANw/xHwrtWRllok/s1600/abuelo_juegas_al_ftbol_med-400x300.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-XX--ebtFb70/TtcB44O4HrI/AAAAAAAAANw/xHwrtWRllok/s320/abuelo_juegas_al_ftbol_med-400x300.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5681011531630255794" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La muerte no tiene códigos. Eso está clarito, hermano. No tiene amigos ni enemigos. Anda por ahí coqueteando, invitándote a vivir un momento de porquería. Cortito, pero horrendo. Porque imagino que eso tiene que ser breve. Debe ser un segundo. Una cosa que viene y se va. Como esas novias de séptimo grado. Debe durar una milésima. Y mirá que te hablo sin conocerla. No estuve muerto un rato y volví, como algunos que después escriben libros para contar la proeza.&lt;br /&gt;Yo te hablo de haberla sufrido de cerca. De haberla sentido andar por la habitación de mi abuelo, cuando el viejo la gambeteaba como Bochini. Hasta donde pudo. Yo te cuento mi experiencia. Como cuando se llevó a mi tío. El más bueno de todos los gordos. Y se lo llevó cuando andaba en auto. Se dio vuelta, le dio un paro. Y seguro que estaba escuchando algún tema del Negro Videla, en aquel Peugeot 504 verde aceituna. En ese último tiempo, parecía que la muerte iba sentada en el asiento de atrás del 504.&lt;br /&gt;Es así. Te hablo desde ahí. Desde ese lugar. De lo que a uno le ha tocado sufrir con esa hija de puta. Y te digo que no tiene códigos porque no entiende de momentos. Ella cumple con su parte y listo. No pregunta nada de nada. Si estás bien, si estás mal, si dejas algo a tu gente, si hay una familia que queda huérfana. Nada, eh. Hace y deshace a su gusto. Como le indica el reloj de la vida, o qué sé yo que será eso que define todo. El destino llamalo, si te parece.&lt;br /&gt;Yo siempre digo que me encantaría poder mirarla a los ojos cuando me venga a buscar. Y no creo que se vaya a enternecer y me vaya a regalar un par de años más. Tampoco se los pediría. Solamente me gustaría mirarla. Y que me mire. Saber qué es lo que la invita a manosear de esa forma el corazón de la gente. A hundir ese cuchillazo en la nunca. Y si tiene ganas, charlarla. Contarle un par de cosas de mi vida. Que el arrebato le llevo un poco más de tiempo de la común. Que nos tomemos un feca. Si total me va a llevar igual. Por eso te digo, ojalá que tenga la chance de estar lúcido. De poder explicarle las cosas con las claridad que te la estoy diciendo a vos, negro. &lt;br /&gt;Yo sé que ella no tiene códigos. Pero yo sí. Yo sí sé lo que es darle una mano a un amigo que anda seco. A no meterse con la mina del hermano. A no abandonar a uno de los pibes de tu barra cuando una mina lo cagó. A ser buen hijo. A amar a la vieja. Eso seguro que la muerte no lo sabe. Por eso se lo quiero contar. Rápido. Una charlita breve. Digo, por ahí se replantea algunas cosas. La veo difícil. Muy complicada. Pero como yo soy un tipo de suerte, tengo esa esperanza.&lt;br /&gt;Y una vez que me escuche. Cuando yo logre meter un par de bocadillos, le voy a hacer mi pedido. Porque Dios no me ha escuchado nunca, entonces yo creo que la muerte me puede dar bola. Total, perdido por perdido. Yo creo que ella apenas me mire a los ojos va a saber que le voy a querer manguear algo. No pido mucho. Y creo que muchos deben haber pedido lo mismo al barba. &lt;br /&gt;Yo se lo voy a pedir a la muerte. Y no me cago. Quiero una pelota. De esas de trapo con la que jugábamos con los pibes en el barrio. Que me la deje llevar. La tengo guardada en una caja, en el armario de la casa de mi vieja. Me la quiero llevar conmigo. Yo sé que a mi no me toca el paraíso. Hice muchas cagadas. Ni siquiera hice la confirmación. &lt;br /&gt;Pero bueno. Va a ser una conversación breve. Espero no tartamudear. Que me entienda. Y que me mire a los ojos. Pueda ser que en el infierno le hagan un lugarcito a este viejo hincha de Belgrano de Almafuerte, con la número cinco abajo del brazo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-5606666031105027282?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/5606666031105027282/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=5606666031105027282' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/5606666031105027282'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/5606666031105027282'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/11/la-muerte-no-tiene-codigos.html' title='La muerte no tiene códigos'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-XX--ebtFb70/TtcB44O4HrI/AAAAAAAAANw/xHwrtWRllok/s72-c/abuelo_juegas_al_ftbol_med-400x300.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-2688313779593336225</id><published>2011-11-18T19:01:00.000-08:00</published><updated>2011-11-18T19:02:31.054-08:00</updated><title type='text'>Yo tuve una Tango</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-T8pDTacdEuw/TsccP5tt6zI/AAAAAAAAANk/T7-FWe_DBLE/s1600/tango.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-T8pDTacdEuw/TsccP5tt6zI/AAAAAAAAANk/T7-FWe_DBLE/s320/tango.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5676536914839989042" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Yo tuve una tango. Aunque no me crean. La tuve y fue mía. Y yo de ella. En aquellos años que nadie la podía tener. En mi grado, en el colegio Remedios Escalada, sólo se veía en las figuras del album de Italia 90. Era una utopía. Un sueño. Pero mi viejo tenía fiado en lo del viejo Montanaro y me la trajo una navidad.&lt;br /&gt;Yo tiraba los paquetes de regalos con mi nombre sin siquiera abrirlos. Es que tenía un detector en la cabeza que me avisaba. “Esto es ropa, esto también es ropa”, decía y tiraba los paquetes para atrás como un negro que está paleando en la obra. Mi vieja atrás los atajaba. Descartaba hasta encontrar lo que quería. Un juguete, un camioncito, un muñeco de Rambo. Algo. &lt;br /&gt;Pero esa navidad estaba ella abajo del pinito destartalado que todavía mis viejos siguen armando en la previa de las fiestas. La Tango. ¡Mamita! Me acuerdo y lloro como esa noche. Cuando el Cholo me dijo, “tomá, Fede. No me preguntes cuánto salió. Es tuya”. Ya no existió ninguna navidad. Ningún beso de abuela o tía. Estábamos yo y mi Tango. Sentados en la vereda. El mundo era solo eso: una pelota blanca con firuletes negros y un logo que decía Adidas bien grande. Y, del otro lado, un lema inolvidable: “Oficial World Cup 1978”.&lt;br /&gt;“Cuidala. No la vayas a querer usar acá”, me avisó el Cholo, al que todavía le dolía el solo imaginar toda la mercadería del negocio que iba a sacar Montanaro a cambio de esa simple pelota. Pero se ve que mi felicidad no tenía (y nunca lo tuvo) precio alguno para él.&lt;br /&gt;La Tango estuvo dos meses paradita en un estante en mi pieza. Era la reliquia egipcia que mis compañeros del colegio venían a observar por la tarde a casa. Y seguramente si les hubiera cobrado, como un guía de excursión, hubieran pagado gustosos.&lt;br /&gt;Estuvo ahí, hasta que una tarde Robertito, uno de los pibes de barrio, me toreó. “Traé la pelota esa o es un cuadro. ¡Dale o sos cagón!”. Para qué. Allá fui y caí a la calle con mi Tango lustrosa. Insólita para un Almafuerte en el que, estoy seguro, no hubo otra.&lt;br /&gt;Cada raspón que se comió aquella tarde aún hoy me duele en el cuerpo. “Aaauutoo”, avisaban los pibes del barrio y todos nos corríamos a la vereda. Y ahí alguien le metía un puntín a mi Tango, que terminaba vaya a saber donde. Entre las rosas de la Delia, otra de las vecinas. O en el canal, entre el agua y la basura.&lt;br /&gt;No dije nada. Me la banqué como un duque. Pero sabía que a la noche se venía brava en casa. Porque el Cholo siempre pasaba a la noche y, antes de taparme, la pispeaba a la Tango. ¡Me iba a cortar el cogote (como decía él) si veía los raspones! Le metí un poco de betún Cobra para calzado blanco sin que me viera mi vieja (o la buchona de mi hermana) y pensé que no se iba a dar cuenta.&lt;br /&gt;Pasó la noche y zafé. O eso creí. Porque la Tango nunca más apareció. No me animé a decir nada ni a preguntar. Pero siempre sospeché que mi viejo la escondió en algún rincón de la casa. Y nunca más la pude encontrar.&lt;br /&gt;Yo tuve una Tango. Y la quise como esas cosas que se tienen una sola vez en la vida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-2688313779593336225?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/2688313779593336225/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=2688313779593336225' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/2688313779593336225'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/2688313779593336225'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/11/yo-tuve-una-tango.html' title='Yo tuve una Tango'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-T8pDTacdEuw/TsccP5tt6zI/AAAAAAAAANk/T7-FWe_DBLE/s72-c/tango.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-4578189763742617412</id><published>2011-11-03T09:27:00.000-07:00</published><updated>2011-11-03T09:29:32.762-07:00</updated><title type='text'>Cachito, el choripanero</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-lRz-hz549vw/TrLBaFR4bUI/AAAAAAAAANQ/5qIy2UDlZZI/s1600/137232hp2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 199px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-lRz-hz549vw/TrLBaFR4bUI/AAAAAAAAANQ/5qIy2UDlZZI/s320/137232hp2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5670807534650813762" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El final del torneo está ahí. Casi que se puede tocar con la punta de los dedos. Es uno de los entrenamientos finales de la semana final. Entonces, la hinchada decide apoyar al plantel. El Monumental de Alta Córdoba luce como un día de partido, aunque sea un miércoles de mayo por la mañana. Hace frío. Muchísimo.&lt;br /&gt;Cachito camina lento. Se acomoda en la esquina de siempre. Calderón de la Barca y Jujuy. Anda con un gorrito de lana y una remera musculosa. Cualquiera podría pensar que la dicotomía de su vestimenta se debe a su calor interno. A su fanatismo de hincha que lo invita a ir a la cancha a revolear las banderas un día de semana.&lt;br /&gt;“Qué fanatismo, hermano. Estás loco vos. Sabés lo caluroso que se pone esto cuando el fuego agarra viaje… Mi amor”, dice Cachito. Su hijo, Jesús, es su ayudante de “cocina”. El que arrima el carbón. El que está en cada detalle. Y, también, el gran aprendiz para cuando haya que continuar con un negocio que aporta su buena moneda a la economía familiar. &lt;br /&gt;No debe haber más de 100 pibes y no tan pibes dando vuelta por el estadio. No hay nadie que no perciba en el aire el humo de esos choripanes que se mete por delante de los ojos, y baja hacia la nariz como una gambeta de un lujoso wing derecho.&lt;br /&gt;“Acá hay que aprovechar cualquier evento, papi. Más vale que no es lo mismo que los días de partido, pero cuando yo escucho por la radio que al otro día va a haber algún movimiento, cazo las cosas y preparo todo para ir a la cancha. Le digo al Jesús que se prepare y arrancamos tempranito para acá, eh”. &lt;br /&gt;Son un par de cuadras largas las que debe recorrer Cachito con su hijo y ese tambor en forma de parrilla donde asa con fanatismo cada uno de sus chorizos. “Los días de partido, podemos vender más de 100. No sé, a veces se me va de la mano la cuenta. Y un día de entrenamiento como el de hoy, capaz que vendo 20. Qué sé yo. Hay que estar siempre, eso sí. Porque el cliente te conoce, te prueba y, si le gustó, va a volver, hermano”.&lt;br /&gt;Dice que aprendió la técnica de un vecino, que hacía el mismo laburo en la cancha de Racing, en pleno Nueva Italia. “Yo decidí instalarme acá en Instituto porque queda cerca de casa y de la patrona. Hay otros que se mueven en diferentes canchas. Aunque viste como es esto, cada uno tiene su zona. Yo no me meto con nadie. Acá me conocen todos”. &lt;br /&gt;Lo primero es seducir al cliente. Para eso, Cachito debe generar una “humareda” como el mismo la calificada. “Hay que dar que hablar. Que te vean”. Ya cuando el público va llegando a la cancha, el aroma se hace irresistible. Entonces, el estómago lanza una señal hacia la cabeza. “Papi, comprame un chori” y “Che, metemos un chori antes de entrar” son frases que Cachito escucha con gusto. Entonces, la venta está encaminada. “Después es por contagio. Aquel ve que este está comiendo y también quiere”.&lt;br /&gt;Los 90 minutos de partido encuentran a Cachito agazapado. Esperando un resultado positivo para el equipo local. Sufre, junto a su radio, cada aproximación del conjunto rival. Claro, un gol en contra en el último minuto puede provocar una caída desastrosa en sus ventas.&lt;br /&gt;“Y es así, dependo de cómo le vaya al equipo. Si gana Instituto, todo termina en fiesta. La gente se queda un rato largo en la cancha y le pica el bagre. Si pierde, agarrate. Tengo que bajar los precios y ver si le puedo meter algún chori a algún gordito”.&lt;br /&gt;El precio es económico si se compara con otros locales de comidas rápidas. Y no hay término medio. Son siete pesitos para tener en manos ese chorizo jugoso, envuelto en pan tibio, con un par de rodajitas de tomate y una hoja de lechuga fresca. “La verdura me la prepara mi mujer. Es un amor”.&lt;br /&gt;Ya no queda nadie en el estadio. La siesta está empezando a ganarle por goleada. Jesús empieza a juntar las sobras, mientras su viejo apaga las brazas. “Hoy anduvimos bien, nene”, le dice, mientras le pasa esos dedos gruesos por la cabeza.&lt;br /&gt;Tendrán por delante un par de cuadras largas hacia casa. Entonces, habrán abandonado la esquina de Calderón de la Barca y Jujuy. En ese exacto lugar, donde hace unos minutos se vendían los mejores choripanes de toda Alta Córdoba.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-4578189763742617412?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/4578189763742617412/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=4578189763742617412' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/4578189763742617412'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/4578189763742617412'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/11/cachito-el-choripanero.html' title='Cachito, el choripanero'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-lRz-hz549vw/TrLBaFR4bUI/AAAAAAAAANQ/5qIy2UDlZZI/s72-c/137232hp2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-8538158326653499196</id><published>2011-10-07T05:51:00.000-07:00</published><updated>2011-10-07T05:55:27.477-07:00</updated><title type='text'>Una tarde de verano</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-VW1whO3XfzY/To72lcl2aHI/AAAAAAAAANI/ez6KwACIh2E/s1600/n1402279210_30189521_600.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 218px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-VW1whO3XfzY/To72lcl2aHI/AAAAAAAAANI/ez6KwACIh2E/s320/n1402279210_30189521_600.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5660732904841832562" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre todos los recuerdos, hay uno que lo tengo patente. Grabado. Imborrable. Es verano. Una siesta de aquellas en el Club Atlético Juventud Unida, nuestro CAJU. Las chapas del techo temblaban del calor. Y nosotros ahí adentro, dale que dale con la naranja. Como si nada. Ni pensando en ir a una pileta o pirarse para el lago. No, solamente la pelotita de básquet en la cabeza. Me acuerdo porque nos estábamos preparando para un torneo en San Luis. Íbamos a ir a jugar con GEPU. ¿Te acordás? Teníamos un susto de aquellos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tema es que estábamos a full. Entrenando como locos. El Isma Acuña, nuestro DT de siempre, nos tenía cagando. Porque éramos una buena camada de pibes. Andábamos bien. Y en la liga local peleamos arriba cada año. Siempre con 9 de Julio de Río Tercero, claro. Esos hijos de puta nos pintaban la cara cada dos por tres. Pero bueno, al resto le dábamos linda lucha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Chicos, ahora les voy a mostrar una defensa invencible. Con esto, salimos campeones de punta a punta. Ya van a ver…”, nos dijo el Isma, mientras se acomodaba ese pelo onda Caniggia castaño claro que tenía. Dejamos la pelota a un costado y nos fuimos acomodando como nos decía. “Es toda la cancha, en zona. Hay que atrapar y el rival pierde siempre la pelota”, nos tiró. Imagínate, para chicos de 11, 12 años, toda una novedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me paré adelante, como era el base eso correspondía. A cada lado tenía al ayuda base, el Uli y al alero, Carlitos. Y atrás estaban Poti y Tiburón, nuestros jugadores de talla, los que nos salvaban las papas abajo del aro. Le agarramos la mano rápido a la defensa. Y nos pareció que era la gran innovación de la historia del básquet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ahí apareció él. En cuero. Con un pantalón que se le caía, desfachatado. Tenía la pelota apretada entre el codo y la cadera. Y se reía. Como siempre. Como nunca. “Isma, yo te rompo esta defensa solo”, tiró, desafiante. Pícaro. Rompiendo todos los moldes. Algo insólito para un pibito de 10 años. Sí, porque el Negro Risa (la explicación de su apodo está de más, ¿no?) era un año más chico que yo y la mayoría de mis compañeros. Pero era tan picante el morocho, que siempre jugaba con categorías más grandes. Con una insolencia que a nosotros no nos cabía en la cabeza. Siempre distinto. Siempre especial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que pasó después es inolvidable. Risitas agarró la pelota y largó. Me tiró un caño apoteótico y pasó la primera línea defensa. El Uli y Carlitos no pudieron hacer nada: metió una faja de aquellas y pasó entre los dos. Ya cerca de mitad de cancha, dejó en ridículo al Gordo Poti, algo que no era nada sencillo, y le quedaba solo el Tibu, uno de sus grandes amigotes. Pero tampoco le tuvo piedad. Amagó para un lado, para el otro, y se fue con su zurdita mágica derechito al aro. Doble. Doblazo. Solo, contra cinco. Insólito. “Viste que era bien fácil esta defensa. Que no era invencible”, le dijo al Isma, parado desde el otro aro, con el rostro de un humorista que acaba de hacer el chiste de su vida. “Te vas, Marcos. Te vas a tu casa”, lo retó el entrenador, sabiendo que su figura había sido puesta en jaque por un negrito atorrante. Que se puso la remera al hombro, pegó media vuelta y se fue picando la pelota por el canal, hasta su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, 15 años después no puede sacarme esa imagen de la cabeza. Ese hijo de puta del destino hizo de las suyas. Y el Negro Risa ya no está, aunque sí está. Estamos todos abrazados. Y hay un cajón que se mete a la tierra. Que se lleva al tipo que tanto queremos. No hay manera en que uno pueda comprender lo incomprensible. Ahí están sus abuelos. Sus viejos. Sus hermanos, el Diego, el Keko y la Bety. Su novia, la Meli, ya médica. Que cada vez que los doctores daban el parte entendía todo, pero seguía sin entender nada. Y también hay un puñado de amigos y conocidos. Son los mismos rostros que se pasaron 20 días en una clínica, durmiendo en esos asientos de plástico, esperando que saliera. Pero no salió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me pierdo por un momento. Me escapo de esa escena de tristeza insoportable. Viajo y estoy otra vez en esa siesta de CAJU. Los veo de afuera. Me veo a mí mismo. Soy el gordito que el Risita deja tirado en el piso. Lo veo avanzar. Hacer otra vez la misma jugada. Exacta. Con ese toque especial. Único.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me gustaría poder meterme a la cancha. Abrazarlo. Decirle todo lo que lo voy a extrañar. Todas las cosas que nos faltó vivir juntos. Decirle la cantidad de gente que le rompe el corazón su ausencia. Todos los llamados, los mensajes de apoyo, los rezos para su recuperación. La tristeza de sus clientes del taller, de sus amigotes del rally que lo vieron hacer mil y un piruetas en el Renó 18, de todos los pibitos que preparó como PF de los clubes de fútbol de la zona. De la amargura de su viejo, el Chule, y de los miles de fasos que se fumó su mamá Miriam, esperando que los médicos le dieran buenas noticias. Pero no. No se puede.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya está terminando la jugada. Amaga para acá, amaga para allá y el Tibu está desorientado. Igual que en este maldito entierro. Con la misma cara de desesperación. Aunque se las aguante para no largar otra lágrima más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis ojos vuelven al Risa. Que va derechito hacia el aro en esa tarde de verano en el club. En una bandeja eterna, con esa zurdita tan suya. Con su sonrisa intacta. Inolvidable; para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;(Los amigos son los hermanos que se pueden elegir; te extraño mucho, hermano).&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-8538158326653499196?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/8538158326653499196/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=8538158326653499196' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/8538158326653499196'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/8538158326653499196'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/10/una-tarde-de-verano.html' title='Una tarde de verano'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-VW1whO3XfzY/To72lcl2aHI/AAAAAAAAANI/ez6KwACIh2E/s72-c/n1402279210_30189521_600.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-2623088349601884519</id><published>2011-10-02T10:02:00.000-07:00</published><updated>2011-10-02T10:07:47.194-07:00</updated><title type='text'>Querido Negro:</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-L1fz9IHVGFc/ToiZzX4lXEI/AAAAAAAAAMs/vXThCzsiVeg/s1600/Fontanarrosa32.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 226px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-L1fz9IHVGFc/ToiZzX4lXEI/AAAAAAAAAMs/vXThCzsiVeg/s320/Fontanarrosa32.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5658942039654751298" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes que nada tengo que pedirte disculpas. Porque lo que hice fue de un atrevimiento pocas veces visto. Es como si Chacarita se animara a desafiar al Milan. Una cosa así. Pero me tenté. Y viste como somos los seres humanos con las tentaciones: débiles. Así que anduve caminando por tu Rosario como si vos estuvieras conmigo. Esas calles largas, llenas de gente. Y esas minas… Dios mío. Y andaba con ganas de comprarme un chegusan en alguna esquina, hasta que se hiciera la hora de ir al partido. Jugaba Central y la Gloria cordobesa.&lt;br /&gt;Y fue justo ahí, en un kiosquito de mierda. Se me ocurrió pregunta donde quedaba tu bar. Ese mito llamado El Cairo, en el que vos te sentabas con tus amigotes a ver pasar la vida, entre café y charlas que se centraban en el fútbol, en las mujeres, en los códigos… En fin, en la vida misma, ¿no?&lt;br /&gt;Caminé un par de cuadras sin mirar el reloj. Porque se me hacía tarde. “Cordobés, tenés que hacer tres cuadras para allá y te metés una para la izquierda. Ahí lo vas a ver. Es justo en una esquina”, me dijo el gordo del kiosco. Y allá fui. Caminé las cuadras rápido. Con apuro. Pero no por mi tiempo. Sino para encontrarme con vos. Para mirarte. Imaginarte ahí. Levantando la taza. Riendo. Imaginando el cuento que iba a venir, mientras alguno de tus secuaces te contaba una historia inolvidable. Otra más.&lt;br /&gt;La puerta de madera enorme invitaba a pasar. Y me mandé. Te cuento que estaba lleno de gente. Y los mozos dicen que siempre es igual. La gente entra con una camarita de fotos y se para al lado de la mesa de ustedes, los galanes. Esa que tiene patas de roble y una veintena de fotos debajo de un vidrio. Ahí se te puede ver, siempre con amigos. Guitarreando. Cantando. Jugando al fútbol también.&lt;br /&gt;Hay un cartelito que dice “ocupada”. Pero el mozo me dice que me siente. Que no hay drama. Que los galanes vienen más tarde. Que si tomo mi café con leche rápido, no pasa nada. También te debo una disculpa por semejante caradurés, Negro querido. Pero viste como somos los cordobeses. Vos que nos conocés bien.&lt;br /&gt;Trae la taza a los cinco minutos y yo miro alrededor, pero nadie me mira. Se ve que es cosa de todos los días esto. Parece que sale solo 12,50 sentarse cinco minutos a esperarlo a Fontanarrosa. Que nunca va a venir. Porque nunca se fue de ahí. De el bar El Cairo.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-UCfdl-UJz0c/ToiaOi-RsOI/AAAAAAAAAM0/0DKfHVGrCdI/s1600/Cairo2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-UCfdl-UJz0c/ToiaOi-RsOI/AAAAAAAAAM0/0DKfHVGrCdI/s320/Cairo2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5658942506487886050" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-2623088349601884519?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/2623088349601884519/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=2623088349601884519' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/2623088349601884519'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/2623088349601884519'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/10/querido-negro.html' title='Querido Negro:'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-L1fz9IHVGFc/ToiZzX4lXEI/AAAAAAAAAMs/vXThCzsiVeg/s72-c/Fontanarrosa32.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-8789734069619676950</id><published>2011-09-04T16:06:00.000-07:00</published><updated>2011-09-08T07:42:01.148-07:00</updated><title type='text'>Cachumba Puyol</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-fbS8emX3ji8/TmjUM_7tNWI/AAAAAAAAAMk/nHoF2MGdbys/s1600/12.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-fbS8emX3ji8/TmjUM_7tNWI/AAAAAAAAAMk/nHoF2MGdbys/s320/12.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5649999052321666402" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablito era un guaso común. Un tipo más. Que le cagaba de gusto el fútbol. Pero que por esas cosas de la vida nunca había ido al club del pueblo. Capaz porque el padre andaba en otra. Nunca le gustó la pelota. Y jamás lo llevaron, como a todos los demás, a los seis, siete años, al club. A empezar a patear en las canchitas de papi fútbol. &lt;br /&gt;Nada de eso. Pablito ya andaba por la secundaria. Cuarto, quinto año. Y jugaba al fútbol bastante bien. Pero con los amigos, en la canchita de fútbol 5. Y, obviamente, le encantaba salir de lunes a lunes de joda. Estaba en otra cosa. Nunca iba a ser futbolista, está claro. Iba a cumplir 18 y, como todos, dejaría el pueblo para venirse a estudiar alguna carrera a Córdoba. Abogacía. Economía. No lo tenía claro. Pero a los 18 no te podés quedar en el pueblo. Todos se van. Y vos también.&lt;br /&gt;Pero una vuelta anduvo muy bien en uno de esos picaditos. La rompió. Y justo se dio que estaba en el equipo del frente uno o dos pibes que jugaban en Sportivo, el club del pueblo. “Che, Pablito. Vos te tenés que venir a jugar a nuestro equipo. Sabés cómo nos vendría un delantero como vos. La rompés loco”, lo mimaron. Y el guaso flasheó. Se sintió que podía ser jugador de fútbol. ¿Por qué no? ¿Quién se lo iba a impedir?&lt;br /&gt;“¿Vos decís?”, preguntó Pablito para que le tiraran un elogio más. Y se lo tiraron. Apenas llegó a casa se lo contó a los viejos y a su hermano. “El lunes arrancó a jugar al fútbol. Entrenan lunes, miércoles y viernes a las 8”, avisó.&lt;br /&gt;Pablito era un pibe especial. Uno ochenta, flaco como pocos, y un pelo largo y enrulado que parecía goma espuma en su cabeza. Una onda Valderrama, aquel 10 colombiano. Aunque no era rubio, sino castaño. Podría haber sido rockero. Una onda Calamaro. Pero la guitarra no era para él. La probó. Pero no salía una nota digna cuando intentaba seguir los temas de la Bersuit. &lt;br /&gt;Tampoco era tan picante con las minas. Pero algo agarraba. Siempre la jugaba de simpático. Y terminaba robando. No de las más lindas, pero no importaba. “No las quiero para que sean mis novias”, decía siempre.&lt;br /&gt;Llegó el lunes nomás y fue a la cancha. Ya era de nochecita. Y de entrada no entendió demasiado. No era como jugar con los amigos. El técnico le habló de que lo iba a probar de central. Que le veía altura para ser defensor. Que tenía que hacer esto, aquello y eso otro. Que estuviera atento. &lt;br /&gt;Lo mandó derecho al picadito. “Vas de 2”, le avisó. El 6 era el Negro Olmedo. Uno de esos pendejos graciosos. Que le tiran apodos a todos. Apenas lo ven. Un humorista en potencia. Como el Negro Álvarez. &lt;br /&gt;“Jaaa… ¿Quién sos vos? ¿Puyol?”, le dijo a Pablito, que había caído a la práctica con una camiseta del Barcelona bien trucha. De esas que valen 20 pesos y parecen pintadas con pincel. “No, capo. Me llamo Pablo”, alcanzó a decir. Pero a nadie le importó. De allí en adelante sería Puyol para todos en Sportivo. Para sus compañeros. Para el técnico. Para el aguatero y también para el guardia del club. “¿Cómo andás, Puyol?”, lo saludaban cada vez que lo cruzaban.&lt;br /&gt;El apodo le gustó. Puyol era ese central que jugaba con Messi y que la rompía. Un tipo musculoso, grandote. Con unas clinas que parecía Tarzán. Un rudo. Una imagen más que alejada de Pablito, pero que él mismo se empezó a creer que era cierta.&lt;br /&gt;Entrenó  y entrenó. Y hasta se puede decir que andaba bastante bien en ese puesto que le habían encontrado en el equipo. Y una vez que arrancó el campeonato se pasó las cuatro primeras fechas en el banco de suplentes. Sin jugar ni un segundo. &lt;br /&gt;Hasta que le tocó. 5 minutos finales en el partido ante Asociación Italiana. De visitante. Cancha difícil. Y el flaco largo entró para sacar todos los centros que iban a llover al final. &lt;br /&gt;Pablito zafó con creces hasta la última pelota. El partido se moría y le quedó una bocha para salir jugando del fondo. Puede ser por los nervios, también por los negros que puteaban como locos desde afuera. Por todo eso Pablito se puso mal. No sé. Pero quiso salir gambeteando al 7 rival. Se la quitaron. Y Italiana estuvo muy cerquita de empatar el partido en la última si el flaco Farías, el 1 de Sportivo, no tapaba esa pelota en el ángulo. &lt;br /&gt;Después, el árbitro pitó el final y Pablito respiró un rato. Hasta cuando llegó al vestuario. La cagada a pedos del técnico fue furiosa. Lo trató como un trapo sucio al frente de todos sus compañeros. Y fueron cinco minutos más que largos. Eternos. Junto a él se sacaba las medias embarradas hasta la médula el negro Olmedo. Que esperó el silencio general del vestuario y largó la frase que cerró la carrera de futbolista de Pablito. “Jaaa… ¡Vos más que Puyol sos Cachumba, hermano!”, soltó.&lt;br /&gt;La risotada fue general en el vestuario. Pasar de ser el 5 del Barcelona a un cantate de cuarteto que imita a La Mona Jiménez le dolería a cualquiera. También a Pablito, que nunca más volvió por el club.&lt;br /&gt;Los otros días me lo encontré. Le pregunté por el fútbol, por el club. “¡Naaa! Al club no vuelvo más. Son unos negros de mierda. Eso no es para mí”, me dijo, mientras se subía al auto de su viejo, para después ir a comprar ropa de marca al shopping.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-8789734069619676950?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/8789734069619676950/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=8789734069619676950' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/8789734069619676950'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/8789734069619676950'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/09/cachumba-puyol.html' title='Cachumba Puyol'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-fbS8emX3ji8/TmjUM_7tNWI/AAAAAAAAAMk/nHoF2MGdbys/s72-c/12.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-4901034078693799869</id><published>2011-08-25T07:13:00.000-07:00</published><updated>2011-08-25T07:20:50.143-07:00</updated><title type='text'>Derecho a ser zurdo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-O-FdPXHvwJA/TlZaOoeXkzI/AAAAAAAAAMM/opJQVYUGsho/s1600/defe.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 230px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-O-FdPXHvwJA/TlZaOoeXkzI/AAAAAAAAAMM/opJQVYUGsho/s320/defe.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5644798390384956210" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;12 de agosto de 1997. Deben haber sido pasaditas las cuatro de la tarde. Ahí el Sordo dejó de ser derecho para siempre. La decisión la venía masticando desde el mismo momento en que tomó conciencia de lo que significaba ser zurdo. Algo así como a los siete años. En el patio de la escuela Jorge Ignacio Díaz, en su Tandíl natal. Ahí, con el guardapolvo atado en la cintura, vio como Fabio, un rubiecito que se sentaba tres banco más allá que él en el 3º grado A, pateaba un córner. Con un estilo único. Con los brazos en jarro. Y haciendo dos pasos hasta apoyar la derecha, y meter un zurdazo de conservatorio. Belleza pura.&lt;br /&gt;“Papá, por qué Fabio es zurdo y yo derecho”, preguntó en casa. Intentaron darle alguna respuesta que no lo convenció. Y siguió, con las dudas en su mochila.&lt;br /&gt;Amante del fútbol desde siempre, tuvo un sueño. El mismo de todos: llegar a Primera.&lt;br /&gt;Y llegó. Por ganas. Por insistencia. Por cuidado. Por ser aplicado en lo que hacía. Se alimentaba bien. No andaba de joda ni se escapaba de las concentraciones como sus compañeros de inferiores. Y básicamente era un lateral derecho bien básico. Que pasaba poco al ataque. Que marcaba correctamente en su sector. Que no se hacía echar nunca. Que no se lesionaba. Y que si todo andaba bien, como solía andar, jugaba las 20 fechas del campeonato. Siempre con la 4 de Defensores de Belgrano en la espalda. En la Primera B Metropolitana. Nunca arriba ni abajo. Siempre igual.&lt;br /&gt;Tenía una familia linda. Modelo. Su novia era la novia de siempre de Tandíl. Y dos hijos. Una nena y un varoncito. Ahorró bien la guita que el fútbol le dio y siempre estaba atento a alguna inversión que le diera cierta tranquilidad en su futuro. Que seguramente sería nuevamente en Tandíl, junto al resto de su familia.&lt;br /&gt;Todo fue así, derechito, hasta aquel 12 de agosto de 1997. Tercera fecha del campeonato de aquel año. Defensores de Belgrano era local de Morón. Tomó los mates de siempre a la mañana en la concentración con el Chavo Peña. Almorzaron pasta y se subió al colectivo que los llevaba a la cancha. Hasta ahí, nada raro. Llegaron a la cancha y se cambió primero que todos. Como siempre.&lt;br /&gt;Nadie lo confirmó jamás, pero muchos dicen que fue ahí cuando tomó la decisión. Cuando dejó de ser derecho para siempre. Para transformarse en su gran anhelo: ser zurdo.&lt;br /&gt;No se lo contó a nadie. Ni a sus compañeros, ni al técnico ni a Pancho, el masajista. Con el que tenía una relación de amistad profunda. De mates y charla en las previas de los entrenamientos, a los que el Sordo llegaba siempre antes que nadie.&lt;br /&gt;Pitó el juez y arrancó el juego. El Sordo era el lateral derecho de Defensores de Belgrano. El lateral derecho que ahora era zurdo. Un despropósito para el puesto. Una de esas cosas inadmisibles en el fútbol. Jugar con el perfil cambiado es lo más parecido a un suicidio, sobre todo para un defensor. Pero ahí estaba el Sordo. Firme con su decisión. Y contento. Feliz.&lt;br /&gt;Por primera vez se lo veía con una sonrisa en la cancha a ese tipo tan pétreo que le habían puesto Sordo porque cuando lo puteaban de visitante el tipo como si nada. No lo afectaba. Entonces le empezaron a decir así, Sordo.&lt;br /&gt;De todas formas, seguro que esa tarde sí escuchó los insultos. Sobre todo después de intentar salir jugando hacia adentro en un cierre. Una locura. Más siendo derecho y creyéndose zurdo. Se hizo un nudo y quedó con un par de defensores comiéndole los tobillos. Quiso enganchar de zurda como si fuera el Diego, pero se la quitaron. Y fue gol de Morón.&lt;br /&gt;“Sordo y la puta que te parió. ¿Qué hacés? ¿Estás loco? Sordo, la concha de tu hermana”, lo insultó de arriba abajo el Gato Medina, el arquero. Relojeó para el banco y el Negro Rubén, el DT, le clavó dos puñales con cada ojo. Se dio vuelta y llamó a un pibito que jugaba de cuatro en la reserva. Cambio. Afuera el Sordo.&lt;br /&gt;No jugó nunca más en Defensores de Belgrano desde aquel 12 de agosto de 1997. Se volvió a Tandil. Y no volvió a pisar una cancha. Tenía un mercadito y un par de casas que alquilaba. Sí, vivía más que bien.&lt;br /&gt;Hace poquito lo encontramos en una cena que organizó el club, para sus 87 años. Lo invitaron y el Sordo se vino de Tandíl para reencontrarse con todos aquellos compañeros. Y ahí nos contó. Y nos dejó a todos mudos en la mesa. Con un nudo en la garganta.&lt;br /&gt;“Todos alguna vez tenemos que cambiar de bando. Ver las cosas desde otro perfil. Sino, corremos el riesgo de andar por los caminos de la vida por la mano equivocada”, nos dijo, mientras firmaba un autógrafo, con la zurda, a un hincha pelado que nunca lo pudo olvidar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-4901034078693799869?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/4901034078693799869/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=4901034078693799869' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/4901034078693799869'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/4901034078693799869'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/08/derecho-ser-zurdo.html' title='Derecho a ser zurdo'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-O-FdPXHvwJA/TlZaOoeXkzI/AAAAAAAAAMM/opJQVYUGsho/s72-c/defe.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-7524177143293505867</id><published>2011-08-11T15:56:00.000-07:00</published><updated>2011-08-11T15:58:17.297-07:00</updated><title type='text'>Grité un gol suyo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-ckQRuCJyNA4/TkRegMeXARI/AAAAAAAAAME/gPRt14rPtZs/s1600/padre-e-hijo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-ckQRuCJyNA4/TkRegMeXARI/AAAAAAAAAME/gPRt14rPtZs/s320/padre-e-hijo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5639736540572090642" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos se quedaban callados. Me miraban raro. Como si ya no fuera el pibe que estaba jugando con ellos cada tarde de cada día de cada año. Parecía un extraño. Un chico raro. Que no era como ellos. Que no merecía estar ahí, en la vereda, corriendo la pelota sin suerte.&lt;br /&gt;Pero no me importaba. Cada vez que llegaba el momento de elegir, yo lo elegía. Sin dudarlo. Una y otra vez. Aunque me miraran como a un marciano. Y aunque las primeras veces pensé en callármelo, después tomé la decisión que no. ¿Por qué? Si yo tenía que estar orgulloso de eso. ¿Por qué tenía que ocultarlo? ¿Por qué tenía que decir otro nombre? No, ni a palos.&lt;br /&gt;Es difícil tener 10 años y no ver la vida de un modo fácil. A esa edad no hay grandes problemas más allá de romperle un vidrio a una vecina de un pelotazo. O haber destruido la bicicleta contra un árbol y no poder decirlo en casa, para que no te reten. Los dramas no van mucho más allá.&lt;br /&gt;Pero yo tenía un dilema. Uno grande. En mi cuadra todos teníamos que ser alguien. Todos. Los varones, claro. “Yo soy Batistuta”, gritaba el Pitu, mi vecino. “Yo, el Cani”, se le arrimaba el Lolo, el único rubio de la manzana. Más allá se escuchaba algún “Goyco”, un “Islas”, un “Latorre”, un “Francescoli”. Pero no. No me salía.&lt;br /&gt;“¿Y vos quien vas a ser?”, me metían el pecho. Y yo nada. Mudo. “Dale, Enano. ¿Quién vas  a ser”, me apretaban. Fueron las primeras veces. Cuando no me animaba. Cuando no me salían esas poquitas palabras.&lt;br /&gt;Es que yo no tenía esos ídolos, esos referentes. Sí leía El Gráfico. Sí veía los partidos en la tele que tenía mi abuela en la casa. Sí me gustaba el fútbol como a todos. Me volvía loco. Pero el referente que yo tenía estaba más cerca, aunque estuviera lejos. Aunque no estuviera.&lt;br /&gt;Ya en mi casa tenía prohibido decir su nombre. Desde que decidió irse y me besó la frente esa noche, fue el innombrable. Pero a mí qué carajo me importaba eso. Si para mí no había nadie más. Si para mí no había otro. Y me calentaba fiero en el colegio cuando me decían que yo era distinto. Que mi familia no era una familia común. Que por culpa mía se había ido. Y varias veces fui a parar a la dirección por agarrarme a las trompadas.&lt;br /&gt;Fue hasta que llegó ese día. En el que me animé. “¿Y vos quién vas a ser, Enano?”, me preguntó el Alto. “Yo… voy a ser mi viejo. Sí, mi viejo voy a ser”, les dije a todos, con los ojos mirando al asfalto. Hubo un silencio de esos largos como un documental. Nadie supo qué decirme. Si reírse. Si abrazarme. Nadie.&lt;br /&gt;Fue hasta que agarré la pelota. La puse en el medio. Y la hice rebotar contra el cordón. “Largamooooo”, grité. Y empecé a hablar solo. “La tiene mi viejo, la lleva mi viejo. ¡Qué bárbaro, que bueno es mi viejo!”, decía, casi poseído. Como hacen todos los chicos en la calle, con la pelota en el pie.&lt;br /&gt;Los demás reaccionaron, y me empezaron a marcar. Había un partido. Y yo jugaba como mi viejo. O como alguna vez me contó mi viejo que jugaba. &lt;br /&gt;Esa tarde hice dos goles. Uno hermoso. Después de gambetear al Rulo, contra un palo. O sea, contra una campera verde que disfrazada de palo. “¡Golazo de mi viejo!”, grité eufórico, con las manos al cielo.&lt;br /&gt;Andá saber si mi viejo se habrá enterado. Seguro que no. Al menos no lo vi nunca más para preguntarle. Capaz algún vecino escuchó y se lo contó alguna vuelta, cuando lo cruzó en algún lado. Qué sé yo. Siempre tuve esa ilusión. Que él preguntara por mí. Y le contaran eso. Que grité un gol suyo.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-7524177143293505867?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/7524177143293505867/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=7524177143293505867' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/7524177143293505867'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/7524177143293505867'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/08/grite-un-gol-suyo.html' title='Grité un gol suyo'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-ckQRuCJyNA4/TkRegMeXARI/AAAAAAAAAME/gPRt14rPtZs/s72-c/padre-e-hijo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-4126556624780246936</id><published>2011-07-14T19:43:00.000-07:00</published><updated>2011-07-14T19:45:32.550-07:00</updated><title type='text'>El primer equipo del mundo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-F1pHe33UQ_4/Th-pnAAqm4I/AAAAAAAAAL8/o3XootKOdwM/s1600/guadal_viejo_equipo_futbol.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 207px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-F1pHe33UQ_4/Th-pnAAqm4I/AAAAAAAAAL8/o3XootKOdwM/s320/guadal_viejo_equipo_futbol.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5629404546719193986" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen los memoriosos que alguna vez hubo un equipo que cambió la historia del mundo. No solo del fútbol. Sino del planeta completo. Fue un equipo que existió en el comienzo de los tiempos. Cuando aún el universo hablaba un solo idioma: el de la pelota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen, los que lo recuerdan, que aquel equipo era único. Y que tenía los mejores condimentos de cada pequeño espacio del mundo. Que no le faltaba nada, y que a su vez necesitaba de todos. Dicen, claro, porque no hay fotos ni archivo de la época que pueda demostrar la verdad de su existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo algunos pequeños vestigios señalan que tenía sólo 11 jugadores, un técnico y un ayudante de campo. Nada más. En aquellos tiempos no existían los suplentes, porque todavía cada ser humano era único e irrepetible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los tipos más recordados de aquel equipo fue su arquero, el desconocido Tano Roma. Un viejo golero que comía spagetti en el vestuario antes de entrar a los partidos. Y que creía en Dios antes de que Dios existiera. Era medio visco pero nadie lo sabía. Atajó un campeonato entero sin ver de un ojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La línea de fondo estaba conformada por cuatro tipos inolvidables. El lateral derecho era Porto Seguro, un típico lateral brasileño de estos tiempos. Que lo único seguro que poseía era que siempre pasaba al ataque. Siempre.  Era un cuatro humilde. Tanto que, cada vez que ganaba un mano a mano, le pedía disculpas al rival. Cuando se retiró contó: “Yo no supe jugar al fútbol. Pero hacía de cuenta que la pelota era un coco. El último coco y si lo perdía, moría de hambre”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La famosa zaga la componían dos ásperos. El 2 de apellido Alaska, un tipo frío pero siempre contundente, y el flaco Mendoza. Un 6 alto como la cordillera, que cabeceaba hasta los pájaros que pasaban por encima de la cancha. El lateral izquierdo se llamaba Caracas. Todos lo subestimaban, pero cuando pasaba al ataque demostraba que podía salir petróleo de sus botines negros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el medio jugaba Moscú, con la 5 en la espalda y más carácter que nadie. Capaz de hacer una guerra y firmar la paz al instante siguiente con su botín derecho. Él le cuidaba la retaguardia al gran creativo que tenía el equipo: París. Un talentoso enganche, que podía pintar los mejores cuadros con una gambeta. Y que tenía la soledad de los artistas cuando andaba por la medialuna sin marca. Un tipo gris. Lluvioso. Pero capaz de deslumbrar en una rue o una calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos olvidaron rápidamente al volante por izquierda, Ernesto La Habana. Un tipo revolucionario, que desde su zurda convencía a los que no creían en nada. Y, claro, fumaba un habano siempre que un centro suyo terminaba en gol. Algunos dicen que existen remeras con su cara. Por derecha jugaba Felipe Colonia, un carrilero derecho que se desmarcaba como un barco silencioso en el Río de La Plata. Inolvidable por sus infusiones con una yerba extraña que acompañaban cada viaje por los diferentes lugares de la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuentan que el delantero que tenía la siete en la espalda era el único negro del equipo: Congo. Un morocho que corría contra su propia hambre, y que paraba a cada rato para beber agua en el banco de suplentes. Algunos aseguran que comía césped de los córners tras sus goles, para mitigar la ausencia de alimento en el estómago de los suyos. Cuando firmaba autógrafos, escribía la dirección del hogar de sus padres, para que les enviaran algo de comida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, el centro del mundo mismo era el 9: Washington. Un tipo que vestía los grandes trajes de la época, y cuyas piernas tenían el valor financiero de los grandes mercados. Un tipo obsesivo, obstinado, que fue el primer (y último) goleador de los mundos sin egoísmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su técnico fue el señor Greenwich, un hombre sabio, con 200 tristezas y 200 felicidades en su lomo. Que decía que nunca hay que dejar de aprender a enseñar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel equipo brilló en el principio del mundo. Cuando el único idioma era la pelota. Cuando todavía el planeta podía ser visto como un equipo de fútbol, que gane o pierda, se abrazaba para entender que al fin y al cabo la única forma de no morir es permaneciendo juntos. &lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;br /&gt;*Gracias a José Santiago Salguero, por la idea compartida, por su amistad y sus locuras.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-4126556624780246936?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/4126556624780246936/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=4126556624780246936' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/4126556624780246936'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/4126556624780246936'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/07/el-primer-equipo-del-mundo.html' title='El primer equipo del mundo'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-F1pHe33UQ_4/Th-pnAAqm4I/AAAAAAAAAL8/o3XootKOdwM/s72-c/guadal_viejo_equipo_futbol.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-2420757183750974414</id><published>2011-06-15T22:26:00.001-07:00</published><updated>2011-06-15T22:30:18.770-07:00</updated><title type='text'>Ser feliz en un baldío</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-9cN9jU-l-Fs/TfmUDtUZeZI/AAAAAAAAAL0/ZAa9v0QVzrw/s1600/03.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 186px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-9cN9jU-l-Fs/TfmUDtUZeZI/AAAAAAAAAL0/ZAa9v0QVzrw/s320/03.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5618684801547073938" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La idea era alocada. Pero era una idea, al fin y al cabo. Y en una época donde las ideas eran cosas de pocos iluminados, no era para dejar pasar. El tema era el siguiente: el país estaba una crisis como nunca, pero como siempre. En una situación caótica. De esas que pasan cada cuatro o cinco años, o cada cuatro o cinco meses. Y realmente era imposible tener una vivienda. Tener un techo, como dicen los que no lo tienen.&lt;br /&gt;Eso de apropiarse de terrenos era ya cosa común. Como lo venía siendo desde los años 90. Pero ahora ya casi ni quedaban terrenos. Encontrar un baldío era como que te diera bola Pamela David una noche en el Estadio del Centro. Y sin guita. &lt;br /&gt;La reunión era acalorada en el Ministerio de Obras Públicas. Quejas. Quejas. Y más quejas. Que esto no tiene solución. Que acá no decidimos a tiempo. Que no hay manera de dar vuelta esto. Que hay que pirarse en un helicóptero y que todos se vayan a la mierda. Y miles más.&lt;br /&gt;El Ministro Juan Carlos Saquedearco miraba atónito. Casi perdido, entre una decena de sus consejos que aconsejaban siempre mal. Tomó el vaso de agua lentamente y ahí fue cuando se acordó. Cuando la memoria entró en acción. Año 1965 debe haber sido, pensó. Estaba él. Estaban sus amigos del barrio. Estaba su vieja barriendo la vereda con un pañuelo en la cabeza. Y ellos, ese pibito que algún día iba a ser ministro y sus amigos, tiraban gambetas en el baldío de la cuadra. Ese que quedaba entre la casa del viejo Brizuela y la de la viuda Jiménez. Sí, esa vieja conchuda que nunca devolvía la pelota cuando quedaba en el patio. &lt;br /&gt;Ahí estaba el Ministro, en aquel entonces simplemente Juanca, cuando tomó el vaso de agua. Y casi que vio reflejada aquella imagen en el líquido que se movía hacia su boca. Se acordó de todo lo importante en su infancia. De los amigos. De la pelota. Y de ese baldío. Que tenía siempre forma de cancha. Siempre. Con dos ladrillos que hacían de arcos. A veces con el guardapolvo cuando recién salían del colegio. O hasta arcos imaginarios. Esos que van de acá hasta allá. Y miles de partidos. Miles. Millones. Que nunca terminaban en empate. Porque en el baldío el que hace el gol gana. &lt;br /&gt;Allí tuvo ese instante de brillantes que iba a detener con ese arrasador ímpetu de la gente por tener un terrenito, que había llevado a cruentas batallas. A golpizas. A escenas de hecatombe que los medios se divertían emitiendo minuto tras minuto. En vivo. En la que las gentes sin hogar se mataban a palos por un pedacito de tierra.&lt;br /&gt;“Muchachos, lo tengo. Lo que tenemos que hacer es simple. Hay que agarrar los 200, 300 baldíos que aún subsisten y ponerle dos arcos. Nada más. Los baldíos tienen que ser canchas de fútbol. Así nadie los va a usurpar. Nadie va a querer apropiarlos. Porque la cancha de fútbol es eso que no es de nadie. Pero que es de todos. Que no se puede invadir. Que se respeta. Es eso intocable. Que nadie se atrevería a destruir. Una cancha de fútbol es una casa donde podemos vivir todos, y que nunca tiene llave”. El silencio fue largo. Aterrador.&lt;br /&gt;El Ministro Saquedearco tomó el último trago de agua y miró a los ojos a sus asistentes que no asistían.  “¿Y? ¿Qué les parece?”, tiró sobre la mesa. Al instante, fue todo un coro de sí, señor; claro, señor. Como no se nos ocurrió antes, señor. Usted siempre tiene la palabra justa, señor.&lt;br /&gt;A las pocas horas, ya circulaba la nueva ley emitida por el Gobierno de turno. Que fue celebrada por los la Cámara de Fabricantes de Arcos de Fútbol, que aumentó su producción en un 200 y pico por ciento en un par de días. &lt;br /&gt;Los camiones del Gobierno recorrieron cada punto del país. Y en dos patadas colocaban los arcos en cada baldío. De yapa, le entregaban un conjunto de camisetas y pelotas a los pibes del barrio. Una azul y otra roja. Era la felicidad completa. Intocable.&lt;br /&gt;Yo no viví en esa época. Pero dicen que fue la más próspera en el país. Fue una época en la que todavía se podía ser chico, correr una pelota en un baldío, y, ante todo, ser feliz.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-2420757183750974414?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/2420757183750974414/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=2420757183750974414' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/2420757183750974414'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/2420757183750974414'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/06/ser-feliz-en-un-baldio.html' title='Ser feliz en un baldío'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-9cN9jU-l-Fs/TfmUDtUZeZI/AAAAAAAAAL0/ZAa9v0QVzrw/s72-c/03.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-2493177928589090871</id><published>2011-06-09T08:27:00.000-07:00</published><updated>2011-06-09T08:29:27.830-07:00</updated><title type='text'>El Negro Imposible</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-JXtUqQ5kqZI/TfDm0nocSJI/AAAAAAAAALk/BgeOba7xaB4/s1600/potrero3.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 247px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-JXtUqQ5kqZI/TfDm0nocSJI/AAAAAAAAALk/BgeOba7xaB4/s320/potrero3.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616242526997203090" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Raro un negro con un apodo así. Raro porque en el barrio no se conocían palabras tan elevadas. Menos en el potrero. Porque nadie decía esa palabra. Directamente te decían “no se puede”. Los padres. Tus amigos. Un tío cuando pedías un regalo caro, como una bicicleta. “No se puede”, te repetían. Pero nadie decía así: imposible. Eso era de las familias adineradas. De la gente que tiene libros para aprender palabras. Acá no.&lt;br /&gt;Pero alguien se lo dijo una tarde en la que se hacía tarde, pero era temprano aún. Un partido normal. De esos que se juegan siempre. En el que nunca se cuentan las goles, pero todos sabíamos que íbamos siete a siete, ocho a ocho o tres a tres. &lt;br /&gt;Fue cuando José dejó de ser José. Y empezó a ser el Negro Imposible. Siete años clavados. Los cumplía ese día, a las seis de la tarde. Y el apodo se lo pusieron a las seis y cuarenta y ocho. &lt;br /&gt;A José se la dio el arquero y quiso salir jugando. Amagó y quiso gambetear. Paso. Y pasó otra vez. Encaró con la elegancia de Pelé y más allá lo esperaba el grandote de la cuadra. El Oso. Y José le tiró un caño y corrió pensando que iba a pasar. Pero no pasó. El Oso levantó su brazo apenas un poquito y lo bajó al piso a José. Dos dientes rotos y el labio como una goma reventada. Pura sangre. “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Qué te hacei, Negro? El Imposible sos vo…&lt;/span&gt;”, le gruñó un linyera. Y quedó.&lt;br /&gt;Siempre fue así. El Negro Imposible. Soñaba cosas que no se sueñan en esos barrios. Quería ser astronauta, cuando todos iban a ser albañiles. Decía que iba a ser millonario y que iba a conocer Hollywood. Que una noche la iba a besar a Susana Giménez. Y que algún día iba a tirar una pared con Maradona en la mismísima Bombonera. &lt;br /&gt;Se le cagaban de risa al Negro Imposible. Se le meaban en la cara de escucharlo hablar nomás. Apenas 16, 17 años y él quería más. No se conformaba con eso. Fue abanderado en la primaria. Y en el barrio lo miraban raro porque iba a la biblioteca. Y jugaba al fútbol como los dioses, también. Pero se hacía tiempo para todo, sobre todo para soñar.&lt;br /&gt;Un día agarró el bolsito y se fue para la Terminal del pueblo. Apenas tenía dos o tres cositas. Un peine negro. Un desodorante a la mitad y un perfume Paco. Dos camisas blancas. 19 años tenía. “Me voy a la gran ciudad, a Buenos Aires”, le dijo a su vieja, que lo miró con desconfianza. “A donde vas a ir sin un mango, hijo”. Se fue.&lt;br /&gt;Allá fue albañil. También mozo. Después taxista. Un par de años después ya tenía su propio taxi. Una tarde la llamó a la vieja para decirle que se había ganado la lotería, porque había soñado que tenía que jugar el 66. Y salió el 66.&lt;br /&gt;Fue millonario. Se compró la mejor casa. El mejor auto. La mejor rubia de la vidriera. Salió en las revistas. Viajó a Hollywood. Y fue presidente de un club. Del mejor club. Armó una fiesta grande. Tiró una pared con Maradona en la inauguración de los Palcos VIP. La besó en la boca a Susana Giménez. Y volvió al barrio una tarde en un auto negro que hablaba en alemán. Los negritos empezaron a correr alrededor del auto. Y lo siguieron hasta donde vivía su vieja. Se bajó. Se acomodó el saco y caminó. Se sacó los lentes de sol justo en la puerta del bar que quedaba frente a la casa en que se crió. &lt;br /&gt;Ahí estaban todos sus amigotes. Y el Oso. El que le debía dos dientes. “Negro Imposible, te faltó ser astronauta”, le dijeron, mientras se le cagaban de la risa.  “La vida es posible, siempre que la vida sea imposible. Sino, no es vida”, les dijo, mientras subía al auto la valija de su vieja y le regalaba un boleto para el primer viaje turístico a la Luna.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-2493177928589090871?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/2493177928589090871/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=2493177928589090871' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/2493177928589090871'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/2493177928589090871'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/06/el-negro-imposible.html' title='El Negro Imposible'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-JXtUqQ5kqZI/TfDm0nocSJI/AAAAAAAAALk/BgeOba7xaB4/s72-c/potrero3.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-3801971958189514567</id><published>2011-05-07T10:41:00.001-07:00</published><updated>2011-05-07T10:42:01.613-07:00</updated><title type='text'>Segundo Maradona</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-W_86h55le78/TcWEZXU5YBI/AAAAAAAAALM/iCd-XfZ4uqU/s1600/227454_10150289687761982_795136981_9656445_4150293_n.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 180px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-W_86h55le78/TcWEZXU5YBI/AAAAAAAAALM/iCd-XfZ4uqU/s320/227454_10150289687761982_795136981_9656445_4150293_n.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5604030882625708050" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Nadie nunca se hizo cargo de aquel error. Porque sólo él sabe lo que fue vivir con ese estigma en el lomo. Su padre se defendía diciendo que fue su madre, enamorada de un actor de telenovelas. Su madre, decía que la idea fue de su papá, tratando de enseñarle a su hijo desde el vamos que nunca había que tentarse con el éxito. En fin, en ese ida y vuelta nunca nadie confirmó realmente quién fue el culpable de semejante atrocidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, atrocidad. Porque tener el apellido Maradona para esta familia de un humildísimo pueblito del interior de Córdoba era más simpático que otra cosa. Porque no había relación alguna con aquellos Maradona. Con los que salían por TV, en las revistas. El que estaba en tatuajes, pósters y hasta en las servilletas. Estos Maradona no eran nada de aquellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sí les sirvió varias veces de algo a todos. Papá Juan Carlos gambeteó varias veces la cuenta en algunos restaurantes diciendo que era tío de Diego. Y su mamá nunca tenía que hacer la cola en el supermercado, porque era la mujer del primo de Maradona. Todas mentiras. Pero que ellos veían de una forma graciosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el gran problema estuvo en el nombre de su único hijo. Sí, el que nació en 1997, cuando Diego Maradona dejaba de ser el mejor en las canchas y pasaba a ser uno más. Un mortal, en la vida misma. Como técnico. Y siempre, con un modelo a no seguir. Y el error estuvo en eso, en la elección del nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imagínense lo que fue para este chico crecer con esa mochila: ser Segundo Maradona. Desde el primer momento en que se le ocurrió tocar una pelota de trapo con sus vecinos en la vereda un viejo borracho ya lo catalogó como el “nuevo Maradona, el Segundo Maradona”. Su vida ya no sería la misma. O mejor dicho, nunca fue vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jugó como pudo y donde pudo. Creció a los golpes y tratando de ser lo más distinto posibles a Diego Maradona. Pero no podía. Sus piernas retaconas. Sus rulos endemoniados y esa facilidad para hacer todo bien con la pelota con su pierna zurda se lo hacían cada vez más difícil. Ni hablar cuando ese técnico a los 8 años le dio la 10 y le dijo: “Es la camiseta que te va a acompañar por siempre”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca terminó el colegio. Se lo llevaron a los 15 a la maldita gran ciudad de Buenos Aires. Lo cobijó Argentinos Juniors en sus inferiores y de ahí dio el salto hacia Boca. La historia se empecinaba en repetirse. Si hasta el Barcelona ya tenía reservados varios millones para comprar su pase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esos catalanes vinieron después de un Boca-River nocturno, que se jugó bajo una lluvia interminable, en el que Segundo Maradona dejó tirado a defensores y arqueros y definió con zurda a un palo. La oferta era imposible de rechazar. Le compraban todo, hasta su vida misma. Millones y millones. Casas. Autos. Mujeres. Y si quería droga, también habría. A montones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero dijo que no. Y los dirigentes de Boca que lo acompañaban casi se degollan de tan grande que abrieron la boca. Saludó con gesto amable a todos y se fue para la terminal de Retiro. Ya tenía todo listo. Todo pensado. Agarró las pocas cosas que quería recordar en un bolsito y se volvió a su pueblito, en el interior de Córdoba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada tanto algún cliente de la bicicletería le pide que cuente la anécdota. Que si es cierto que él es él. Aquel Segundo Maradona que jugó en Boca y que se pegó la vuelta porque no querer vivir una vida que no era la suya. Él dice que sí, mientras ceba otro mate amargo. “Prefiero ser así. Los que se pasan los años buscando ser primeros, se pierden todos los segundos de la vida”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-3801971958189514567?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/3801971958189514567/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=3801971958189514567' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/3801971958189514567'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/3801971958189514567'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/05/segundo-maradona.html' title='Segundo Maradona'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-W_86h55le78/TcWEZXU5YBI/AAAAAAAAALM/iCd-XfZ4uqU/s72-c/227454_10150289687761982_795136981_9656445_4150293_n.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-523554079413966831</id><published>2011-04-26T16:48:00.000-07:00</published><updated>2011-04-30T11:02:38.343-07:00</updated><title type='text'>La boina del gordo Curra</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-QZSYQIN_16s/TbdbsjYjx7I/AAAAAAAAALE/cMyCbxrpOcI/s1600/arquero%2Bcurra.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 203px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-QZSYQIN_16s/TbdbsjYjx7I/AAAAAAAAALE/cMyCbxrpOcI/s320/arquero%2Bcurra.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5600045482629121970" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El loco Pimpo la tenía clara. Y se la largó a otros sin dar muchas vueltas. Así, al hueso. Como acostumbraba.&lt;br /&gt;-Mirá, el gordo Curra tiene una buena tarde cada 21 días. Le saqué la cuenta después de tantos años de jugar juntos. Es el promedio. Es fácil, cada cuatro partidos hay uno donde las saca a todas. Donde la pelota va donde él se tira. Hay que elegir la fecha para la final de acá a 21 días y no hay manera de perder-dijo, mientras el resto asintió con la cabeza.&lt;br /&gt;Nadie discutió. Nadie se atrevió a decir que no. Porque era mucho más que una final esa que se iba a jugar en la cancha de Don Belisle. Muchísimo más. Había dos lechones y un cajón de porrón en el medio. Pero hay que decir que poco vale eso. Acá lo que importaba era no aguantarse la cargada durante años y años de asados. También en la cancha. Porque esos negros son tan cargosos, que después de ganarte una final en esos torneos comerciales, pueden perseguirte toda la vida como un cobrador al peor deudor. Son capaz de caerte a tu casa solamente para tirarte un chiste. Para hacerte rabiar. Así que imaginate. &lt;br /&gt;Esa final del torneo comercial de Almafuerte ‘99 era más picante que la que habían jugado un año antes Brasil y Francia en el Mundial del ’98, ese en el que Argentina se volvió después de que Holanda nos pintara la cara, con esa corrida del rubio Bergkamp que el burro ese de Ayala nunca pudo parar. &lt;br /&gt;El equipo del loco Pimpo representaba a Electricidad Villafañe, el comercio del abuelo. Los otros, al kiosco Facu. Ese sucuchito donde se juntaba a tomar vino a cualquier hora. Total el viejo les hacía el aguante. Si era de madrugada, le golpeaba la puerta y el viejo abría. Les prendía una radio de mierda que tenía y los negros dale que dale al trago. Una masa el Facu. Y tenían un lindo equipo. Con varios de esos jugadores que no llegaron por el escabio. Atajaba el Pipero, al fondo jugaba un recio central al que le decían Sansón (pero era pelado) y lo tenían al Facha Menichetti. Ese era picante de verdad. &lt;br /&gt;Nada que ver con el equipo del loco Pimpo. Que era un rejunte de grones, todos medio pataduras. Pero que le habían metido corazón a la cosa. Y ganaron todos los partidos de culo, pero se metieron en la final. Y encima tenían la valla más vencida. Siempre la cosa terminaba 4-3, 5-4 o 3-2. Nunca con tranquilidad. Siempre teniendo que sufrir en su propio arquero hasta el final. Pero que le iban a decir al gordo Curra. Si era un guaso bueno. Pero tenía un problemita en la vista que complicaba todo. Si se jugaba de noche, ni con los lentes la agarraba. La realidad era que no había otro. Y el Gordo estaba ilusionado con esa final. Si hasta el avisó al suegro de Tancacha que lo viniera a ver. Imaginate. Una locura.&lt;br /&gt;Así las cosas, y con las cuentas que había sacado Pimpollo, había que retrasar como sea la final. Había que esperar 21 días según sus cuentas.&lt;br /&gt;-Vos estás loco, Pimpo. Ese Curra ataja mal hoy, mañana y siempre. Da lo mismo cuando juguemos esa final-le tiró el Negro Liendo.&lt;br /&gt;-Vos haceme caso a mí que vamos a salir campeones. Yo vengo anotando todo. Hay que inventar algo de excusa-devolvió.&lt;br /&gt;El primer sábado la lluvia los salvó. Cayeron baldazos de arriba, papá. Ni que el Barba se hubiera puesto del lado de los locos estos. La cancha era un desastre y decidieron pasarlo para el próximo. &lt;br /&gt;-No va a poder ser, gente. Tenemos el casamiento de un amigo en Venado Tuerto y nos vamos todos para allá-avanzó Pimpo. Y aunque a los rivales no les gustó para nada, tuvieron que aceptar esperar 7 días más. Ya iban 14. Y con esa semana que iba a pasar las cuentas daban redonditas: 21 días.&lt;br /&gt;Claro, al gordo Curra nadie le dijo nada. Él se levantó como si fuera un día normal aquel sábado soleadazo. Y los compañeros evitaron hacer comentario alguno sobre la numerología del loco Pimpo, que a esa altura ya se creía capaz de calcular la probabilidad de lluvia en Bruselas. &lt;br /&gt;Había que verlo al Curra, emocionado. Fue en su Renó 12 negro polarizado junto con el suegro y la novia. Impecable. Con una camiseta de arquero blanca a la que le había hecho poner el 12 atrás. Un poco por su auto y otro poco porque siempre fue suplente en Belgrano. Los guantes se lo había comprado ese mismo día. Y, bueno, su rasgo distintivo. Una boina de esas antiguas, que la sabía usar su viejo que también fue un arquero de medio pelo en la liga local. Media marroncita y bastante baleada por los años. Pero era su cábala. Mirá que se revolcaba por el suelo. Volaba de un palo al otro. Y nunca se le salía. Yo llegué a pensar que se ponía unas gotitas de poxipol en el pelo antes de entrar a la cancha. Era su marca registrada.&lt;br /&gt;-Vamos, eh… Quiero comer esos lechos manga de hijos de puta-les gritó a sus compañeros antes que arrancara el partido. Todos dieron vuelta y sintieron que era imposible que les hicieran un gol. El Curra estaba agrandado. Lo veían diferente. Como si realmente ocupara todo el arco, pero no por su gordura. Sino por una mística especial que tenía aquella noche. Una confianza extraña en que la pelota realmente no iba a meterse.&lt;br /&gt;Apenas el viejo Belisle dio inicio al juego el Negro Liendo metió un derechazo razante y fue el 1-0. Mejor comienzo, imposible para Electricidad Villafañe. Afuera, un puñado de negros tomaban vino en cartón, alguna birra helada que iba de mano en mano y esperaban los choripanes de una parrilla que rugía. &lt;br /&gt;El resto fue aguantar esos dos tiempos de 20 minutos. Con algunos patadones que volaron por el aire. Mucha puteada. Y algunos codos que se iban de más. Nada del otro mundo. Total, las que iban al arco el gordo Curra las resolvía bien. Y las que no resolvía él, se lo solucionaba ese pedazo de baúl que tenía en el culo. Porque sacó un par con el orto, cuando el recorrido de la bola lo engañaba y él se tiraba para el otro lado. Pero, increíblemente, la pelota siempre rebotaba en alguna parte de su cuerpo y salía. Sí, como para que los otros se arrancaran los pelos de la cabeza.&lt;br /&gt;No quedaba nada cuando cayó ese último centro. Y el Curra salió sintiéndose Chilavert, su gran ídolo. Gritó “mía” y avanzó unos pasos. Metió el codo y subió en el aire como si hubiera un par de escalones invisibles. Medio que lo pechó el 9 del kiosco Facu, pero el gordo no se desacomodó y la agarró bien en lo alto, allá arriba, para que su novia y el suegro lo aplaudieran de lo lindo. &lt;br /&gt;Después, sus compañeros se dieron vuelta y salieron en busca de algún saque largo para la contra. Pero el gordo se tocó la cabeza y algo faltaba. Miró para atrás y la vio ahí. Solita. La boina de su viejo, que en el envión se le escapó del marote y se le metió adentro del arco. Se limpió el pantalón blanco de tierra y caminó dos pasos hacia atrás todavía con la pelota en sus manos. Cruzando la línea de gol.&lt;br /&gt;Ahí fue cuando se rompió la teoría del Pimpollo. &lt;br /&gt;–A este gordo pelotudo ni las matemáticas lo salvan. No lo traigas nunca más, hacete ese favor-le susurró el viejo Belisle, mientras dictaminaba el 1-1 y tomaba un trago largo de Gancia, pensando en lo tarde que se iba a ir a su casa teniendo que jugar un tiempo suplementario.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-523554079413966831?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/523554079413966831/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=523554079413966831' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/523554079413966831'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/523554079413966831'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/04/la-boina-del-gordo-curra.html' title='La boina del gordo Curra'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-QZSYQIN_16s/TbdbsjYjx7I/AAAAAAAAALE/cMyCbxrpOcI/s72-c/arquero%2Bcurra.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-1130215697141646866</id><published>2011-04-09T09:56:00.001-07:00</published><updated>2011-04-09T14:21:45.461-07:00</updated><title type='text'>Es tu despedida</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-6uGe6jLiLAM/TaCQeHyRnHI/AAAAAAAAAK8/nKTPWr7tMaE/s1600/5490_1091172048092_1490242055_30240817_6670937_n.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 207px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-6uGe6jLiLAM/TaCQeHyRnHI/AAAAAAAAAK8/nKTPWr7tMaE/s320/5490_1091172048092_1490242055_30240817_6670937_n.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5593629584354548850" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba en la cama, mirando el techo. Fumaba un faso y tiraba las cenizas por una ventanita que tenía atrás de la almohada. La noche de anoche había sido idéntica a las últimas noches de anoche. Pero sonó el celular. Y entonces el Negro saltó de la cama. No es común que alguien te llame a esa hora un domingo. A la una y media. Cuando todos están comiendo con la familia un asadazo. O paseando. Dando una vuelta por las sierras, qué sé yo. Cualquier cosa menos que llamar por teléfono a alguien. Salvo que haya pasado algo jodido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Negro lo miró desconfiado al aparato. Y el número no era conocido. Pero atendió. “¿Y? ¿Vas a venir morocho o no? Acá te estamos esperando todos, eh. Vas a ser titular”. Esa frase salió del otro lado del teléfono. Era el Pescado. El técnico de la reserva. El loco que alguna vez fue un gran goleador de Belgrano y que ahora atendía la boletería de los colectivos TUS, en la Terminal del pueblo. “Dale, Negro. Dejate de joder y venite, ¿sí? No me hagas llamarte de nuevo”, le tiró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablito se levantó. Fue al baño. Meó. Se miró la cara en el espejo y en la comisura de los labios todavía tenía ese sabor a vino barato caliente, tomado a las ocho y media de la mañana. Tenía ganas de vomitar. Pero se prendió otro pucho. Sacó de la heladera una lata de cerveza y la destapó, mientras buscaba los botines, las medias y alguna chomba para ponerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Pablito, ¿querés comer algo?”; le preguntó la Mary, su mamá. Esa que nunca decía nada. Que siempre acompañaba. Que siempre estaba ahí. Aunque la mano viniera difícil. Y que soportaba la casa llena de gente cada fin de semana. Muda. Se iba a la pieza. “Dejá, mamá… Ahí me compro un sanguche camino a la cancha”, le dijo el Negro, sin muchas vueltas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Ford Escort azul estaba ahí afuera. Se había bancado toda la noche de frío al aire libre. Pero no lo hizo renegar para arrancar. “Vos sos mi amigo más fiel”, susurro el Negro, mientras acariciaba el volante y metía un CD de cumbia. Se puso los lentes negros y ni quiso mirar para atrás. Había mil envases de porrón. Una campera de mina. Etiquetas de pucho. Una pandereta. Globos y vaya a saber cuántas cosas más. La noche había sido larga, eterna. Como todas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y justamente por esas cosas no era querido en el club. Por esa misma razón nunca había tenido esa chance que él creía merecía, de jugar en Primera. Siempre en reserva. Siempre con los pibes que venían asomando. Nunca con los picantes de verdad. En los partidos que realmente vale la pena jugar. Por eso también había perdido las ganas, el entusiasmo. Estaba entregado de pies y manos a la noche. Su vida era eso: laburar durante la semana vendiendo helados en el camioncito de su viejo, que ya tenía otra familia en Embalse, y esperar el viernes. Ahí arrancaba su vida realmente. Y no paraba. Se afeitaba. Se ponía buena pilcha. Le cargaba nafta al Escort (“el gas es para la cocina”, decía) y volvía el domingo a la tardecita, a esa hora que la gente triste se suicida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el medio, claro, estaba el fútbol. Y Belgrano. En el club era muy querido por sus compañeros. Pero los directivos estaban cansados. “Es mal elemento. Es la manzana podrida. Lleva a los chicos por mal camino”, decían. Y aunque nunca nadie se lo dijo de frente, él lo sabía. Por eso le extrañó el llamado del Pescado. Como si realmente lo necesitara ese domingo. Como si realmente fuera, por primera vez, importante para Belgrano. Aunque sea en la reserva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y allá fue el Negro. Despacito en el Escort, saludando gente en el camino a la cancha, con sus gafas negras y una resaca que le carcomía el estómago. Pero feliz. Con ganas de jugar al fútbol. Algo que hacía mucho no tenía. Ese verdadero anhelo de estar en la cancha, tirando gambetas. Como cuando era pendejo, en la placita frente a su casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en la cancha, sintió que todo el mundo lo trataba de modo especial. “Hola Negro querido, ¿cómo andás?”, le dijo un dirigente. Todo era demasiado sospechoso. Sus amigos de andanzas estaban en la tribuna. Pero no con el pedo que sabían tener todos los domingos. Esta vez estaban tranquilos, sin ningún vino con coca que corriera de mano en mano. “¿Qué hacen que no están tomando algo, giles?”, les preguntó, y se metió en el vestuario. Sus compañeros de reserva ya estaban calentando. Pero parecía que él tenía todo permitido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La número 9 estaba ahí. Planchada y dobladita sobre el banco de madera. “Vamos que es tu tarde”, le dijo Julito, el utilero. Y el Negro se sintió Maradona por unos segundos. La resaca y toda la pesada noche quedó enterrada. Estaba bien. Perfecto. Lúcido. Como para jugar un partidazo. Y sus compañeros lo notaron en el calentamiento. Pablito volaba. Estaba hecho una flecha. “Guarda que te va a saltar el antidoping”, lo cargaban. Él ni se reía. Estaba concentrado en el partido contra los pendejos de Independiente de Hernando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pitó el árbitro y él sintió que le salían todas. Tiró una gambeta larga contra el 4 y lo pasó en velocidad. Después, recibió de espalda y armó una pared linda con el 7 que terminó en nada. Hasta se animó a tirarle un caño a uno de los centrales de Hernando, que también era un viejito en la reserva. Un guaso de casi 30 años. La bola pasó, pero el Negro terminó comiendo pasto del patadón que se ligó. No importó. Se paró y vio como los poquitos hinchas que ya estaban en el estadio lo aplaudieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corrió el partido y Belgrano ganaba 2-0. Jugaba lindo. Y el Negro estaba cumpliendo. “Mirá si no me va a quedar una hoy, la puta madre”, pensaba mientras veía como se iba el partido, sin su gol. Ya no quedaba mucho. Y Pablito agarró la bocha cerca de la medialuna. Pasó al cinco y decidió encarar. Mágicamente tiró la bola larga y pasó entre los dos centrales, que se abrieron como si fueran parte del show (algún dirigente mal intencionado después diría que les pagó para ir para atrás), y el Negro se encontró mano a mano. Definió al palo izquierdo. Rasante. Como si supiera. Gol. “Gol la reputa madre”, gritó. Y ya llegaron todos para abrazarlo. Fue el final. Salió aplaudido por todos los compañeros. Y hasta un par de rivales se acercaron para felicitarlo. Como nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas pasó la puerta de chapa que divide la cancha del afuera lo esperaba el Lobo, el presidente. “Pablito, en nombre de Sportivo Belgrano de Almafuerte te quiero felicitar por habernos dado tanto en toda tu carrera. Y en este partido de hoy, que fue tu despedida, decidimos darte el pase libre en forma premio a tu trayectoria. Muchas gracias por todo”, le tiró. El Negro se quedó pálido. Como no entendiendo nada. Agarró el pase y se subió al Escort. En la esquina lo esperaba sus amigos. Estaban tomando un porrón helado. Seguro que esa noche había un baile en algún lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-tNlvT3bxxWI/TaCPwVitcPI/AAAAAAAAAKs/Y8YZnrUt9fs/s1600/5490_1091172128094_1490242055_30240819_3798502_n.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 228px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-tNlvT3bxxWI/TaCPwVitcPI/AAAAAAAAAKs/Y8YZnrUt9fs/s320/5490_1091172128094_1490242055_30240819_3798502_n.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5593628797773377778" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;*En homenaje a mi amigo y hermano de la vida, el gran Pablito Estabri.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-1130215697141646866?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/1130215697141646866/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=1130215697141646866' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/1130215697141646866'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/1130215697141646866'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/04/es-tu-despedida.html' title='Es tu despedida'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-6uGe6jLiLAM/TaCQeHyRnHI/AAAAAAAAAK8/nKTPWr7tMaE/s72-c/5490_1091172048092_1490242055_30240817_6670937_n.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-4118647714990486348</id><published>2011-03-12T09:28:00.000-08:00</published><updated>2011-03-12T09:39:04.073-08:00</updated><title type='text'>Hay que hacerle un monumento...</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-ad8zzAYYNWo/TXuvs0PjuXI/AAAAAAAAAKk/_lWf3pL5JL8/s1600/2918873915_4af0f7914e.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-ad8zzAYYNWo/TXuvs0PjuXI/AAAAAAAAAKk/_lWf3pL5JL8/s320/2918873915_4af0f7914e.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5583249347528866162" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay con qué darle. Y, es más, deberían hacerlo. Porque todos se quedan corto con eso de que “al Matías hay que hacerle un monumento al frente de la cancha”. Eso es poco para lo que hizo. Nada te diría yo. Pero mínimamente deberían hacerle una estatua o algo así, para ponerla ahí apenas cruzas la puerta de la sede, en la cancha de Argentino de Monte Maíz. Una de bronce, de tamaño real, en el que sea vea bien la camiseta con el número 10 y la pelota atadita a su zurda. Eso sí que sería agradecerle. Para que todos los viejos que van a cartear y tomarse una ginebrita a la siesta entiendan que lo que hizo este pibe es histórico. Y se dejen de repetir que jugadores eran los de antes. Que los de ahora ya no sienten la camiseta.&lt;br /&gt;Para los que afirman eso, habría que mostrarles una foto de la cara del Mati cuando lo fueron a buscar a la casa ese viernes. Era de noche y llovía. Y se aparecieron dos o tres dirigentes con un reglamento abajo del brazo y todas las súplicas. “Mati, te lo pedimos por la historia de Argentino. Tenés que jugar. Nos respalda el reglamento”, le dijeron. Pero el Mati, un chico de esos que ya no vienen, dudaba. Claro, es que nunca fue ningún gil. Porque no solamente lo diferenciaba de sus compañeros morochitos su pelo rubio y su pinta de gringo. Sino que también su cabeza. Terminó el secundario y viajaba a Córdoba para estudiar kinesiología. Y se recibió el loco. Siempre jugando al fútbol y entrenando cuando los horarios del estudio lo permitían.&lt;br /&gt;Un crack el pendejo, que hasta anduvo por River. Y allá, en Buenos Aires, lo compró ese representante que era amigo de Maradona. Un ruludito de apellido complicadísimo. Mirá, ahora no me voy a acordar el apellido. Podés creer. Pero el Mati pegó la vuelta. Porque en Monte Maíz estaba el amor de su vida. &lt;br /&gt;Un chico sano, te digo. Laburador. Que se recibió y hoy tiene su propio consultorio en el pueblo. Y atiende a todos los jugadores. A sus compañeros y a sus rivales, que lo respetan como loco.&lt;br /&gt;Pero el tema fue lo de ese viernes. Te lo resumo. A principio de año al Mati le ofrecieron ir a jugar a Jorge Newbery por buena guita. Argentino le dio el préstamo sin dramas. Y allá fue. Como será que anduvo bien el equipo, que salieron campeones de punta a punta del torneo. Le pintaron la cara a todos. Y el Mati fue el enganche titular en todos los partidos. La rompió el zurdo. &lt;br /&gt;Hubo festejos, entrega de premios en el club y el año ya había terminado para él a principios de diciembre. Pero Argentino de Monte Maíz estaba en otra cosa. En el mismo infierno. Jugando la reválida para no descender a la B. Una categoría en la que había estado en la década del ‘90 y a la que no querían volver nunca más. Imaginate, pisar de nuevo esas canchas impisables, donde la patada más chica te roza la oreja. Ni mamados.&lt;br /&gt;Por eso lo fueron a buscar. Porque el reglamento de la Liga decía (y dice) que todos los jugadores a préstamo en otros clubes pueden jugar las reválidas para sus clubes originales. Una locura. Sí. Una paparruchada. También. Pero te juro que está escrito en ese reglamento. &lt;br /&gt;Encima Argentino había perdido 2-1 con Sportivo Rural en el primer partido. Y jugaba el sábado a la noche la revancha. O sea, 24 horas antes le fueron a rogar, de rodillas, al Matías que jugara. Que se pusiera la 10 del club en el que jugó toda la vida para salvarlo del descenso. “No seas boludo, Matías. Estos te quieren prender fuego a vos. Si descienden, te van a putear todos”, le dijeron en su círculo íntimo. Pero el Mati dijo que sí. Que lo esperaran mañana en la cancha. Que iba a jugar.&lt;br /&gt;No pegó un ojo esa noche. Y se levantó de la cama muy nervioso ese sábado. Que encima amaneció con lluvia. Apenas probó bocado al mediodía, con su familia muda. Nadie tiró una palabra en la mesa. Claro, su viejo había sido presidente del Argentino. Y sus dos hermanos también jugaron toda la vida en el club. Era un día de mierda. Uno de esos que uno quiere que pasen rápido. Para bien o para mal. Pero que se terminen. Porque cuesta hasta respirar.&lt;br /&gt;Del partido qué te voy a contar. Que la cancha estaba llena como nunca. Que jamás se vieron tantos policías en la cancha. Que la tensión cortaba el aire. Y que llovía. Llovía como la concha de su hermana. El primer tiempo fue un 0-0 horroroso, con los 11 guasos de Rural colgados del travesaño. Y el Matías intentando ponerse el equipo al hombre. Pero era imposible. Quería tirar una pared y le devolvían una pelota de rugby. No había forma.&lt;br /&gt;Ya en el segundo tiempo la cosa se puso áspera. Los negros empezaron a putear en la tribuna y no había forma de meter aunque sea el 1-0. Hasta que hubo un córner para ellos, cerca del final, y el Willy metió el primero, con un zurdazo abajo, después de un contragolpe soñado.&lt;br /&gt;Fue ahí en el final, cuando ya no quedaba nada, y en medio de la lluvia, cuando el Matías clavó ese tiro libre en un ángulo. Que entró despacito, con el arquero que no iba a llegar nunca, y todos mirando la pelota viajar por el aire incrédulos. Pero entró viejo. Entró. Ahí los jugadores de Rural armaron un quilombo bárbaro. Y le echaron como a cinco, no sé. Pero fue el final.&lt;br /&gt;El Matías no quiso que lo llevaran en andas ni nada. Se fue derechito al vestuario. Ya había hecho lo que tenía que hacer. Ya había cumplido. De ahí que todos los negros en el pueblo dicen que hay que hacerle un monumento. Pero nadie hizo nada. Y tampoco creo que lo hagan. Acá, y en todos lados, la gente se olvida rápido de los ídolos, y de las estatuas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-4118647714990486348?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/4118647714990486348/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=4118647714990486348' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/4118647714990486348'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/4118647714990486348'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/03/hay-que-hacerle-un-monumento.html' title='Hay que hacerle un monumento...'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-ad8zzAYYNWo/TXuvs0PjuXI/AAAAAAAAAKk/_lWf3pL5JL8/s72-c/2918873915_4af0f7914e.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-8771401385586660902</id><published>2011-02-24T09:07:00.000-08:00</published><updated>2011-02-24T09:12:33.598-08:00</updated><title type='text'>Ronaldo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-gzfPWgk2n1M/TWaRfdFIKDI/AAAAAAAAAKU/1sJneRUb1RU/s1600/ronaldo_llorando2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 223px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-gzfPWgk2n1M/TWaRfdFIKDI/AAAAAAAAAKU/1sJneRUb1RU/s320/ronaldo_llorando2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5577305158113044530" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Tengo el recuerdo de ese técnico del Barcelona agarrándose la cabeza. Creo que era Robson. Seguro que era Robson. Y, después, esa repetición constante de ese negro que no eran tan negro, corriendo entre rivales que lo agarraban hasta de los pies. Pero nunca lo podían parar.  La camiseta del Barcelona era elástica, como si fuera de un superhéroe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Verlo llorar en esa conferencia de presa donde anunció su retiro me hizo sentir como esos defensores del Deportivo La Coruña que él ridiculizó aquella tarde. Y los tantos más que hizo desparramar en Italia, España, Brasil y los Mundiales todos. Esa mezcla de odio por lo que acaba de hacer. Y con la admiración eterna por verlo fabricar algo que nosotros imaginamos siempre lograr, pero que nunca tuvimos las rodillas suficientes para conseguirlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Gordo anunció el final de sus andanzas. Y varios se sorprendieron cuando dijo que tenía una enfermedad que lo hacía engordar. Que le cambiaba el metabolismo del cuerpo. Al parecer, fue una primicia a nivel mundial. Algo que le descubrieron en Italia, cuando jugaba en el Milan, y todos callaron. Claro, si tomaba las pastillitas que necesitaba para seguir siendo siempre aquella hilacha que acompañaba un fútbol en sus inicios en el Cruzeiro, iba a saltarle un doping. Entonces, los doctores lo dejaron seguir engordando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Digo, parece que era una primicia. Porque yo, y unos cuantos más, sabemos la verdad. El flaquito ese de los dientones no tenía una enfermedad. Sino un don. Y por cada gol que hizo alguna vez (también valen los que metió en la playa de Río de Janeiro), le sumó un kilo de mito a su cuerpo. Ese mismo que hoy luce rebozante, como una bolsa de plástico a punto de explotar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba triste. Con los ojos descarrilados. Y después de esas palabras que le dolieron a él y a todos, seguramente se encerró en alguna lujosa habitación a ver las repeticiones de sus jugadas. Que pasaron por todos los canales del planeta inmundo. Los mismos que hace unos días se mofaban de sus kilos de más, ahora hablaban del final de la carrera del último gran goleador de la historia del fútbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llore tranquilo, Gordo. Mientras usted sumó rollos a su historia, otros siguen perdiendo peso en la balanza de la dignidad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-8771401385586660902?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/8771401385586660902/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=8771401385586660902' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/8771401385586660902'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/8771401385586660902'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/02/ronaldo.html' title='Ronaldo'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-gzfPWgk2n1M/TWaRfdFIKDI/AAAAAAAAAKU/1sJneRUb1RU/s72-c/ronaldo_llorando2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-739259591818942045</id><published>2011-02-09T09:47:00.000-08:00</published><updated>2011-02-09T09:50:33.800-08:00</updated><title type='text'>Carlitos, el del banco</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TVLTyEw5uLI/AAAAAAAAAKM/yqrh2uadmVs/s1600/penal%2B1.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 167px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TVLTyEw5uLI/AAAAAAAAAKM/yqrh2uadmVs/s320/penal%2B1.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5571748546236496050" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Carlitos se pasaba la mañana deseando que no entrara nadie de Hernando al banco. Contaba la guita y pispeaba la puerta. Estaba el cana. Y entraba cada dos por tres algún gringo a meter la plata de la soja en el banco. “Que no venga ningún conocido”, suplicaba, mientras se acomodaba esa corbata tan incómoda. Tan ajena. &lt;br /&gt;Carlitos no podía imaginar lo que las mentes malvadas de sus amigos del barrio iban a hacer si se enteraban de que estaba así. De saco y pantalón de vestir. Los rulos peinados con gomina. Arreglado. Como si fuera un tipo bien. Un señorazo. Para él, la única que podía saberlo era su vieja. La Marta. Lo orgullosa que estaba la mamá de Carlitos, que le pedía fotos para verlo empilchar así. Pero, claro, Carlitos le pedía por favor que no se las mostrada a nadie.&lt;br /&gt;Es que para el Negro Carlitos, estar en una posición económica superior a la de sus gomías de siempre era como una traición. Claro, la única excepción era si uno triunfaba como jugador de fútbol. Ese era el sueño de todos. Y ahí sí se podía volver a bar de la calle Matheu en Hernando a pagarle una vuelta a los amigos. Y a llevarlos en un auto lindo a dar una vuelta por la plaza del pueblo. Donde estaban todos los caretas. &lt;br /&gt;Pero eso no pudo ser para el Carlitos. Aunque estuvo cerca. Más cerca que ninguno de los pibes de su cuadra, que se juntaban a patear en el potrero al lado del bar. Ese que tenía un arco con los palos de madera, que quedaban tecleando cada vez que la bocha pegaba en ellos porque no quería entrar.&lt;br /&gt;Ya a los 14, 15 años, el Carlitos se fue para Buenos Aires. Un tipo del pueblo le había visto condiciones y le ofreció ir a probar a River y Boca. Y la Marta no le hizo ningún problema. “Vaya m’hijo, si es su sueño mayor”, le dijo, mientras el Negro armaba el bolsito.&lt;br /&gt;Los ojos se le perdieron cuando llegó a la Terminal de Retiro, ahí en Buenos Aires. Le bailaba el marote al ver tanta gente. Pero no se mareó. Y en las pruebas anduvo bárbaro. Le ofrecieron quedarse, con todos los gastos pagos. Y él eligió River, porque ahí estaba el Burrito. El jujeño era su ídolo y quería hacer su misma carrera. Andar por Europa. Jugar en la Selección. Ganar guita y volver al pueblo para invitar a todos los grones a comer asado y salir de joda.&lt;br /&gt;Pero el sueño le duró poquito. Le encontraron un problemita en la rodilla izquierda y lo mandaron de nuevo para Hernando. Claro, a él no le molestaba. Pero le dijeron que era un riesgo. “Te vas a romper en el momento menos pensado, nene”, le dijo un doctor en un pasillo gigante del Monumental.&lt;br /&gt;Probó en un par de clubes más. Pero siempre pasaba lo mismo. Iba todo bien, todo bien, hasta que le miraban la rodilla. Ahí se volvió y empezó a jugar en la liga local. Habrá tenido unos 18 años. Y la rompía. El Carlitos era un crack. Un delantero que no era delantero. Un enganche que no era enganche. Nadie sabía de qué jugaba. “Vos ponelo adelante que les hace un quilombo bárbaro a los otros”, decía siempre el Pucho Jiménez, el técnico que lo tuvo desde pendejo en Independiente de Hernando.&lt;br /&gt;Y ahí fue cuando empezó a ganar unos mangos. Porque lo querían todos los clubes de la Liga. 100, 200 pesos por partido. Y a veces arreglaba algún premio por goles. Anduvo por Embalse, Río Tercero y Los Cóndores. En todos lados salió campeón, o hizo buenas campañas. Pero siempre volvía a Independiente. A la joda con los amigos, que eran todos albañiles o peones. No había otra en ese barrio de calles de tierra y bicicletas oxidadas. &lt;br /&gt;Hasta que vino a buscarlo el presidente de 9 de Julio de Las Perdices. Don Chiantore, que también manejaba la sucursal del Banco Provincia. “Mirá, Carlitos. Te queremos sí o sí. Vas a cobrar 500 por partido y te vamos a dar trabajo en el banco. No me podés decir que no”, le dijo Chinatore, y poco importó que el Carlitos apenas supiera contar. “Vas a ver, en un par de años vas a juntar una linda guita… Vas a poder darle una mano a tu madre y a tu familia”, le dijo. Y el Carlitos aceptó. &lt;br /&gt;Así estaba la cosa. Le dieron una casita en Las Perdices, que es una ciudad hermosa. Que le encantaba. Laburaba en el banco a la mañana, entrenaba a la tarde y jugaba los domingos. Y siempre se escapaba a Hernando, que estaba ahí nomás. A 50 kilómetros. &lt;br /&gt;Encima hasta el laburo en el banco le empezó a gustar. Charlaba con los clientes. Siempre de fútbol, claro. Y hasta te puedo decir que le agarró la mano a esos de los números, el cambio en dólares, los préstamos, los créditos. Todo pintaba lindo. Y encima el 9 de Julio era una tromba. Ganaba y ganaba. Y el Carlitos siempre metía uno o dos. Pateaba los penales y era el capitán. El viejo Chiantore estaba chocho. Y hasta le dijo que se quedara a vivir en Las Perdices. Que iba a tener trabajo de por vida en el banco si no se mandaba ninguna macana. Como robar guita o cosas así. “No, quedese tranquilo… Que en casa me enseñaron que lo mío, poco o mucho, es mío”, le decía Carlitos.&lt;br /&gt;Hasta ese día de la final. Y ese penal, que todavía patea todas las noches cuando apoya la cabeza en la almohada. &lt;br /&gt;El arquero que lo mira fijo. Que le dice algo. Él que se acomoda como siempre. Bien recto. Y cuando va a patear, siente que la rodilla se le dobla. Pega el grito, que es de dolor, y la pelota y el arquero se encuentran en el mismo palo. Vecinos Unidos de Cabrera que es campeón y 9 de Julio que se queda sin nada.&lt;br /&gt;“Carlitos, la rodilla se rompió toda, eh. Vamos a tener que operar”, le dijo el médico del pueblo, en General Cabrera, ese mismo domingo. Y la vuelta a Las Perdices fue a puro llanto, con la pierna toda extendida en el asiento de atrás del 0 kilómetro de Don Chiantore, que lo llevó personalmente hasta Hernando. “Vos quedate traquilo, Carlitos. Que no pasó nada. Es una final. Nadie va a morirse por esto. Ahora, lo importante es que vos te recuperes. El club te va a cubrir todo”, le dijo el viejo. Pero el Carlitos olía otra cosa.&lt;br /&gt;Ya era lunes. Había que ir al banco. Se clavó el saco. Se ató bien firme la corbata y se puso el lompa. Le dolió la rodilla. Pero se la podía aguantar, sentadito en el banco. Contando guita. Volvió a pensar en sus gomías de Hernando y fue la primera vez que le agarró ganas de que lo vieran. De que lo cargaran dos o tres veces. Y pensó que seguro, en el fondo, se iban a sentir orgullosos de él. De que pudiera vivir de otra cosa que no fuera el fútbol.&lt;br /&gt;En eso pensaba cuando entró al banco y saludó al cana, que le dijo algo del partido. Y, claro, del penal. “El gerente te quiere ver”, le dijo uno de sus compañeros. Y allá fue el Carlitos. Rengueando. Intentando sacar una sonrisa. “Seguro que me va a decir algo del partido”, pensó. Pero no. Le dijo que no iba a seguir en el banco. Que la orden venía de arriba. Que lo disculpara. Que los chicos de la sucursal lo querían mucho. Y que lo iban a extrañar. “Acá tenés una plata, Carlitos. Te va a servir para pelearla un par de meses”, le tiró.&lt;br /&gt;Carlitos se aflojó la corbata, se sacó la camisa afuera del pantalón, saludó a todos y enfiló para Terminal. “El próximo a Hernando, amigo”, le pidió a un viejo de bigotes que fumaba atrás de vidrio de la boletería. Pagó y se sentó en el colectivo lechero, que en dos horas lo dejó otra vez caminando por las calles de tierra de su barrio. Ahora, con zapatos negros de vestir y una corbata que no volvió a usar más. Nunca más.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-739259591818942045?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/739259591818942045/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=739259591818942045' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/739259591818942045'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/739259591818942045'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/02/carlitos-el-del-banco.html' title='Carlitos, el del banco'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TVLTyEw5uLI/AAAAAAAAAKM/yqrh2uadmVs/s72-c/penal%2B1.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-2290925298211755545</id><published>2011-01-26T10:55:00.000-08:00</published><updated>2011-01-26T11:13:04.796-08:00</updated><title type='text'>Cuando el Tatito empezó a ser infeliz</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TUBu0AX10RI/AAAAAAAAAKA/C-J33CqEMEI/s1600/6294845-vista-de-un-jugador-de-portero-en-el-campo-de-un-partido-de-f-tbol.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 214px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TUBu0AX10RI/AAAAAAAAAKA/C-J33CqEMEI/s320/6294845-vista-de-un-jugador-de-portero-en-el-campo-de-un-partido-de-f-tbol.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5566570979162181906" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hacía rato que el Tato era infeliz. Porque uno puede fechar las etapas de su vida en la que se olvidó de sonreír. Es como buscar dos puntos en el tiempo. Un suceso que marca el inicio de un suplicio. Y, otro, que pude determinar que la cosa mejoró, o definitivamente se puso peor.&lt;br /&gt;En el caso del Tato, el primer hecho está clarito. Aunque nunca él lo haya querido reconocer. Tipo duro el Tato. Nunca habló del tema, ni con amigos ni con su vieja. Pobrecita ella, que le bancó tantas tardes de ojos melancólicos. Tantas encerradas en la piecita del fondo. Tantas cenas en silencio, sin tele ni radio. Con el ruido de el cuchillo y el tenedor dando una y otra vez con el plato.&lt;br /&gt;Claro, todo eso sucedió desde aquel primer suceso en la vida del Tato. Fue una tarde clarita, de sol. Bien primaveral. Ellos vivían en barrio Yapeyú y andaban bien, qué sé yo. Su viejo Carlos era fanático de Talleres. Un enfermo. Se la pasaba hablando de la Rana Valencia, de Baley, el Tigre Bravo, del Hacha Ludueña, de aquellos ídolos de la generación del '80. &lt;br /&gt;Y Tatito de chiquito aprendió a escuchar una y otra vez las mismas anécdotas de cancha, como si una grabadora repitiera cada noche el mismo tema musical infinitamente. &lt;br /&gt;Lo demás en su vida era rutinario. El colegio Inmaculada y la tarde de potrero, con un puñado de críos en su barrio. Y se sabe que cuando uno es pibe, la felicidad son esas poquitas cosas. Una pelota. Un par de amigos. Un picado eterno, que termina cuando anochece.&lt;br /&gt;Hay que decir que el Tatito no era malo. Para nada. Despuntaba lindo ya de pendejo. Y siempre le encantó volar. Era alto. De buen físico ya de nene. Si siempre fue el último en la fila en la escuela, cuando izaban la bandera.&lt;br /&gt;No fue difícil, entonces, tomar aquella decisión que para otros sería traumática, más a los 9 años: “Papi, quiero ser arquero”, dijo en casa. Y mágicamente aparecieron dos guantes lindos, de esos que se veían en las revistas Goles. Fueron el primer gran regalo que recibió Tatito. Y el único que recuerda de su viejo Carlos.&lt;br /&gt;“Marta, lo tenemos que llevar a Talleres. El Tatito tiene futuro”, repetía su papá en las cenas familiares, casi queriendo convencer a la vieja de que el nene podía triunfar. Y Marta, temerosa como toda madre, no quería ver a su hijo cargar con una frustración semejante a los 9 años. “Aguantá unos añitos más, mientras llevalo al club acá del barrio”, le dijo. Y así fue.&lt;br /&gt;Tatito ya tenía club y, también, un sueño. Que era medio suyo y medio de su viejo. Pero sueño al fin.&lt;br /&gt;De entrada las cosas fueron bien. Tatito cayó bien en el club Atalaya e hizo un par de amigos en la categoría. Y eso que los otros pibes venían jugando juntos desde bien pendejitos. Pero el Tatito era un chico humilde, que hablaba poco. Pero que se hacía entender con gestos pequeños pero gigantes, como compartir los sánguches que mandaba doña Marta.&lt;br /&gt;Por eso, y por sus condiciones, se ganó el puesto rápido en la 88 de Atalaya. Eso entusiasmó a su viejo, que se escapaba todos los sábados a la tarde de la fábrica para seguirlo. A sol y sombra, por todas las canchitas de la Liga Cordobesa. Y, según Carlos, el Tatito tuvo el incomprobable récord de haber recibido siete goles en dos años. De todas maneras, cierto o no el número, el Tatito andaba bien y era pispeado por todos los técnicos. “Pinta lindo el guachito suyo”, le decían a Carlos los entrenadores y padres rivales. Y, claro, el viejo ensanchaba el lomo.&lt;br /&gt;Por eso debe ser que justo en la noche del cumpleaños de 12 del Tatito insistió tanto ante su vieja Marta. “Es el momento. Hay que llevarlo a Talleres, gorda. Me lo dicen todos”, repetía Carlos. Y la cosa se puso peor cuando se enteró de las fechas en que Talleres probaba chicos de la 88. “Esta es la nuestra”, repetía el viejo, mientras el Tatito pinchaba unos fideos.&lt;br /&gt;Fue entonces cuando llegó el día. El predio de Talleres quedaba en la loma del culo. Por eso debe ser que el viaje en el Renault 12 fue tan largo. O, capaz, la expectativa de papá Carlos hacía todo más difícil. Sí, porque el Tatito no estaba tan convencido. Él quería seguir allá, en Atalaya, con los amigos. Sin tanta presión y sin tener que ser protagonista de un sueño que cada vez era menos su sueño. &lt;br /&gt;“A ver chicos, chicos… Los arqueros allá, los defensores por acá, los volantes ahí y los delanteros se me juntan acá al lado”, tiró un viejo canoso, que era el coordinador. Tatito se movía tímidamente. Y miraba a esos otros arqueros de su misma edad como si fueran jugadores ya de Primera. Nadie lo saludó o le preguntó como se llamaba. Eso no le gustó. Estaba incómodo. Y, encima, allá afuera, pegado al alambrado, estaba papá Carlos. Lo miraba fijo y le gritaba: “Este es tu día, Tatito. Vamos, eh”…&lt;br /&gt;Hubo que esperar un rato largo. Porque siempre los arqueros deben esperar que algo suceda cerca de ellos para actuar, sino son como extras en una película muda. “Vas vos, flaquito”, le dijo otro tipo con el buzo de Talleres. &lt;br /&gt;La práctica era un partido de fútbol entre pibes de 12 años, que iban entrando y saliendo. Y a los dos costados, un par de hombres del club que anotaban los nombres sobresalientes. Nada de otro mundo. Pero algo totalmente novedoso para el Tatito, que caminó hacia al arco y volvió a pispear para el alambrado. Allá seguía papá Carlos, fumando esos Jockey suaves como si fuera el último cigarro de la historia.&lt;br /&gt;La primera fue un centro llovido, casi a la olla, que Tatito resolvió bien, sin dar rebote. “Vamos nene”, gritó Carlos, chocho. Lo que siguió fue un tiro recto, pero no tan fuerte. El Tatito la embolsó y se tiró al piso de pecho, demostrando seguridad.&lt;br /&gt;Fue recién después que se largó a llover feo. “Seguimos chicos, seguimos”, tiró uno de los entrenadores del club. Ahí el Tatito empezó a sentir una sensación fea en las tripas. Algo así como si hubiera prueba sorpresa en el colegio. Otra vez miró a Carlos, que sonreía de lo lindo. Fue peor. Le vinieron unas ganas de vomitar. Pero no tenía nada en la panza.&lt;br /&gt;Alzó la vista, y venía otro centro. Hizo dos pasos hacia el punto del penal y lo fue a buscar. Pero el nueve del otro equipo le metió el culo justo y lo desacomodó. La pelota se le escapaba y parecía que no llegaba. Una gota pesada le pegó en la nariz y vio pasar la bola, que le caía en la cabeza al otro delantero. Gol. &lt;br /&gt;Los defensores lo miraron feo. Y también su viejo, que le metió una patada tremenda al paragolpes del Renault 12 azul. “Pero la puta madre, Tatito. ¿Qué estás haciendo?”, le gritó. Peor todavía.&lt;br /&gt;Sintió que cualquier pelota que fuera al arco podría ser gol. Una sensación a la que le teme cualquiera arquero. Es el pánico mismo. La idea de sentirse vulnerable ante el más mínimo ataque. Algo para lo que un pibito de 12 años no está preparado. &lt;br /&gt;O sí, pero no el Tatito, que vio como una volea de zurda se le clavaba abajo, contra un palo, al minuto nomás. Y hasta sintió el ruido de la lapicera Bic tachando su nombre en la lista. A esa altura, papá Carlos estaba arriba del Renault 12. Ya ni quería ver.&lt;br /&gt;Pero faltaba lo peor. Esa imagen que jamás se le borrará al Tatito. Ahí viene esa pelota mansita, después que le pegara el enganche de los otros. Ahí viene, fácil, sencilla. Si hasta un bebé la podría agarrar. Y ahí va el Tatito. Ya sin fuerzas. Con una tristeza en el lomo que no puede cargar. Se agacha, pero cierra los ojos. Y no pone el cuerpo atrás de los brazos como le decía siempre su viejo. Entonces, la pelota (como la vida) le juega una mala pasada. Toca en su muslo derecho, en el tobillo izquierdo y pasa como por un túnel. Que en realidad es lo que forma con sus piernas, agachadito en la lluvia. En un arco que parece tenebrosamente gigante. Y la pelota se mete. Despacito, mientras él gira la nuca para verla arruinarle el sueño a su viejo. Sí, porque ahí es cuando se dio cuenta que ese sueño no era el suyo. &lt;br /&gt;Esperó la puteada. Lo imaginó al viejo Carlos loco, sacado. Insultándolo sin parar. Como lo sabía ver en casa, cuando escuchaba los partidos de Talleres por radio y el equipo de su corazón perdía otra vez. “Cuando vos atajés en Talleres, estas cosas no van a pasar”, le decía a su hijo.&lt;br /&gt;Pero cuando el Tatito tuvo el valor de alzar finalmente la vista, el Renault 12 azul ya no estaba. O sí. Pero lo vio allá lejos. Saliendo del predio de Talleres a los pedos. Dejándolo solo. Bajo esa lluvia torrencial. “Salí, nene… Que ahí entra el otro arquero”, le dijo el técnico canoso. Ahí fue cuando terminó todo. O, capaz, cuando el Tatito empezó a ser infeliz.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-2290925298211755545?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/2290925298211755545/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=2290925298211755545' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/2290925298211755545'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/2290925298211755545'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2011/01/cuando-el-tatito-empezo-ser-infeliz.html' title='Cuando el Tatito empezó a ser infeliz'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TUBu0AX10RI/AAAAAAAAAKA/C-J33CqEMEI/s72-c/6294845-vista-de-un-jugador-de-portero-en-el-campo-de-un-partido-de-f-tbol.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-6350057466844458288</id><published>2010-12-18T08:03:00.000-08:00</published><updated>2010-12-18T08:34:31.592-08:00</updated><title type='text'>¿Qué derecho tienen?</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TQzii5awB8I/AAAAAAAAAJw/kyMNwWO0wxY/s1600/el%2Bllanto%2Bde%2Bchalaco.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 214px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TQzii5awB8I/AAAAAAAAAJw/kyMNwWO0wxY/s320/el%2Bllanto%2Bde%2Bchalaco.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5552061529797429186" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Decime qué derecho tienen. Qué derecho. Ese cuento de que pagan la entrada y pueden insultar. Como si por dos pesos uno tuviera la liberad de ser miserable. De ser tan poco hombre. Encima con un chico. Porque el Leo es un pibe. Y no me vengan con eso de irse al descenso. De que es una tristeza inmensa. De que da impotencia. Porque nada de eso es excusa. Nada. &lt;br /&gt;Yo estuve ahí cada fecha. Todos los partidos. Y lo vi al pendejo cagarse de frío en julio, cuando un poco más no nevaba en Los Cóndores. Y pibe agarró la bicicleta a las ocho de la noche, cuando todos estos giles estaban en su casa por tomar la sopa, y fue a correr a esa cancha pelada del Atlético. Lunes, miércoles y viernes. Dejando el estudio y los gritos de su vieja de lado. &lt;br /&gt;Claro, porque se jugaban el descenso. El honor deportivo. Entonces, no había que perderse ningún entrenamiento. Porque todos los dedos estaban apuntándole, esperando que se mandara un moco para acusarlo. Pero el Leo la venía haciendo bien. Nadia podía decirle nada. Porque sobresalía en esa murga que armaron para jugar por esa ilusión que era mantener la categoría. Una utopía. Una puta utopía. &lt;br /&gt;Todos sabían que se iban a ir al descenso. Pero nadie quiere decirlo en el pueblo. Todos se callaban. En la sede del club ni se hablaba del tema. Nada, eh. Todos mutis. Nadie pensó en que no trajeron un refuerzo como la gente. Nadie pensó que el Rulo Godoy no iba a poder aguantar más de cinco fechas en el banco. Y que después iban a improvisar trayendo al viejo Contini. Ese que salvaba siempre las papas. Pero esta vez no iba a poder ser.&lt;br /&gt;Hasta ese momento, esos giles que se cuelgan del alambrado y que aplauden o putean por el pancho y la coca que les da la dirigencia, la tenían adentro. Porque el Leo se había cruzado de vereda, pero nadie podía decir nada. Sí, venía de jugar toda su vida en Sportivo. En el club que queda a dos cuadras, y a kilómetros de distancia en el sentimiento. Boca-River, pero en el pequeño Los Cóndores. Con más odio, capaz. Con más envidia, también.&lt;br /&gt;Y el Leo, sin escuchar los consejos de sus amigos, fue a Atlético. Porque en Sportivo no había lugar para ese volante por izquierda de buena pegada. “Andate a algún club de Río Tercero o de Hernando. A otro lado”, le decían, pero él se quedó cerca de su vieja. Porque no quería andar viajando tanto. Y porque se aman  con la Cristina. No se pueden separar. Pero claro, ella no iba a la cancha. Su esposo, el Walter, y su hijo habían jugado toda la vida en Sportivo. Entonces no se podía pisar esa cancha. Los Gómez eran mala palabra. Eran la contra.&lt;br /&gt;Por eso digo que son unos miserables. Porque no tienen derecho en herir así a un pibe de 19 años. A un pibe que dejó todo por darle una mano al Atlético, desoyendo lo que decía la historia de su familia. Y el dolor es más grande porque ese día del descenso era el día del padre. Sí, justo ese día. Y él hizo el esfuerzo para soltarle la mano a su vieja después de las pastas del mediodía. Le dio un beso en la mejilla y lloraron un rato porque ambos lo extrañan de la misma manera. Son cinco años sin el hombre de la casa, pero parecen 50. &lt;br /&gt;Por eso digo que a mí también me dolió cuando al Leo le gritaron eso de que era “un muerto, como su viejo”. Justo en el día del padre. Decime qué derecho tienen. Si igual se iban a ir al descenso. No hacía falta, hermano. No hacía falta. &lt;br /&gt;No sé cuántos litros de lágrimas lloró ese chico en el vestuario. “No pasa nada, Leo. Es un descenso. Ya vamos a volver”, le dijo uno de los veteranos del equipo. “¿Qué descenso? Me importa un carajo el descenso”, le respondió el pibe, mientras se secaba las lágrimas con las mangas de esa camiseta verde y blanca.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-6350057466844458288?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/6350057466844458288/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=6350057466844458288' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/6350057466844458288'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/6350057466844458288'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2010/12/que-derecho-tienen.html' title='¿Qué derecho tienen?'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TQzii5awB8I/AAAAAAAAAJw/kyMNwWO0wxY/s72-c/el%2Bllanto%2Bde%2Bchalaco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-6321697250287934135</id><published>2010-12-09T21:23:00.000-08:00</published><updated>2010-12-09T21:25:44.586-08:00</updated><title type='text'>20 años...</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TQG51MQSu_I/AAAAAAAAAJo/AbDNjFEM6UI/s1600/374720.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 215px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TQG51MQSu_I/AAAAAAAAAJo/AbDNjFEM6UI/s320/374720.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5548920539370929138" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Todavía me duelen los ojos de llorar tanto. Todavía. Porque no puedo creer que estés acá. Paradito ahí. Al lado mío. Como si hubieran pasado 20 años. La puta madre, 20 años Bochita querido. 20 años. La vida entera, hermano. Y te veo así. Como cuando jugábamos en la plaza. Si hasta te atas los cordones igual. Apoyas una rodilla contra el pasto. Apoyas el codo en la otra. Mirás para arriba, arrogante. Como queriendo molestar al rival. Y agarrás los cordones como si fuera algo que no te interesa. Después te levantas, pegás unos gritos de “vamos, vamos” y a jugar.&lt;br /&gt;Me emociona verte, hermano. Me emociona de verdad. Siempre fui medio gil para estas cosas. Me emocionaba con las películas que se emocionan las minas. Me ponía la piel de gallina cuando pasaban esas cosas lindas de volver a encontrarnos. Aunque sea a comer un asado. A mí ya me tocaba las fibras íntimas. Imagínate esto, Bochita.&lt;br /&gt;“Estás igual”, me dijiste, como si no pasara nada. Como si ese abrazo largo que me diste no fuera la vida misma. Yo te miré un rato largo. Y capaz que ya había empezado el partido, pero no pude meterme nunca en ese picado. Parecía tu mujer. Te seguía con la vista por todos lados. &lt;br /&gt;Tiraste un caño, y se me vino a la memoria ese día que pasaste al arquero de la quinta de Alianza con un túnel. Y que te frenaste en la línea y ese defensor casi se rompe los huevos con el palo. ¿Te acordás? Te aplaudió todo el estadio, y éramos visitantes… &lt;br /&gt;Bochita querido. No sabes como te quiero loco. Y lo que me está costando esto. Yo sabía que iba a ser así. Cuando me mandaron ese mail diciendo que volvías y que querían organizar este partido. Yo sabía que me iba a pasar esto. Que no iba a poder conmigo mismo.&lt;br /&gt;Porque al Tato, al Negro Uva, al Teté… A todos una vez cada tanto los cruzo. Pero a vos Bochita. A vos. Que fuiste mi amigo más amigo de todos. Desde que te fuiste a vivir a La Rioja no nos vimos nunca más. 20 años Bochita. 20 años. Alguna que otra vez me pegabas un telefonazo. Me mandaste un par de fotos de tu familia allá. Y la verdad es que uno trata de que la vida siga, aunque cuando te falta un amigo te falta casi todo. Son esos huecos imposibles de llenar. Ni con toda la guita del planeta, ni con la familia, ni una novia. Y no quiero decir que con hijos uno lo puede completar, porque todavía no tengo. Vos sí, tenés esa nenita hermosa. Es una muñeca, Bocha. Una muñeca.&lt;br /&gt;Y me doy vuelta, mientras la pelota anda por aquel lado, para limpiarme las lágrimas con el puño de la camiseta. Como para que nadie se de cuenta, Bochita. Pero vos sí. Y ya me calaste al vuelo hace rato. “Dejá de mariconear, Toti”, me tiraste a la pasada. Y yo sé que a vos te pasa algo parecido, pero claro, siempre fuiste el tipo impermeable. Ese que no demostraba nada. Que ni siquiera había llorado por una mina al frente de los amigos. Pero vos como sos vos y yo como soy yo siempre fuimos nosotros. &lt;br /&gt;Ahora estás por tirar el córner, Bochita. Y me estás mirando. Allá voy. No hace falta que digas nada. Esa bajadita de ojos me hace recordar que tengo que ir al primer palo. Que la vas a tirar bien pegadita al central que me sigue. Solamente tengo que saltar un poquito. No mucho. Y eso que en 20 años subí como 20 kilos. Pero con la panza y todo voy a ir. Y yo sé que la pelota también va a venir acá. Justo en la frente. &lt;br /&gt;Ya está. Pum. La bola está adentro. Y te estoy yendo a buscar. Vos estás ahí, cagándote de risa. Apoyado en el banderín del córner. Y acá, mientras recorro casi sin aliento el camino que nos separa me acuerdo otra vez de todo. De la Claudia. De la barra de boliche del pueblo. De las escapadas en el auto de tu viejo. De la vez que caímos presos por el quilombo en el cabarute. De cuando me dijiste que tus vieja estaba mal, muy mal. Y que se iba. También de cuando te fuiste a La Rioja con tu viejo. De ese auto que se iba. Y yo que te di la camiseta 9. La mía. Y vos que me dejaste la 7, la tuya.&lt;br /&gt;Abrazame, Bochita querido. Que el tiempo no pasó, hermano. 20 años, negro. 20 años que no se pasaron más. Pero que ahora se me pasan por el marote. “Mierda que es lindo tenerte acá”, te dije. Y ahí fue la primera vez que te vi lagrimear. Mirá que ni con lo de tu vieja. Nada. Siempre un maniquí. Y ahora llorás como las nenas. 20 años, Bochita querido. 20 años…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-6321697250287934135?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/6321697250287934135/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=6321697250287934135' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/6321697250287934135'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/6321697250287934135'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2010/12/20-anos.html' title='20 años...'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TQG51MQSu_I/AAAAAAAAAJo/AbDNjFEM6UI/s72-c/374720.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-8304592355376403223</id><published>2010-11-30T20:21:00.000-08:00</published><updated>2010-11-30T20:28:55.313-08:00</updated><title type='text'>Nuestro Betito</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TPXOzBAiD_I/AAAAAAAAAJg/zoHhErHciIA/s1600/PersonajeAdivine.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 211px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TPXOzBAiD_I/AAAAAAAAAJg/zoHhErHciIA/s320/PersonajeAdivine.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5545565892015951858" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;¿Qué dirán los guasos de Boca que lo vinieron a buscar? Y capaz que ni se enteren. Pero imaginate si se llegan a enterar. La verdad que te escribo esta carta y todavía no sé bien qué poner. Tampoco me voy a hacer el amigo íntimo del vago. Porque solamente compartí un par de vinos en algún baile de la zona y uno que otro asado. Pero lo vi jugar mil veces. Y viste que de tanto ver jugar a un tipo vos ya sabés cómo es como persona. Y lo incorporás a tu vida. A tus cosas. Bueno, eso me pasó con el Betito. No era mi amigo. Pero cada vez que lo veía me daba un beso le negro. Como si hubiéramos andado juntos de joda. &lt;br /&gt;Por eso estoy así. Como no entendiendo lo que pasó. Ahora andan todos locos en el pueblo. Nadie sabe bien cómo fue la cosa. Pero todos te cuentan una historia diferente. Lo cierto, y para que te quede claro, tuvo un accidente en la moto. Sí, esa misma moto en la que todos los amigos lo cagaban a pedos porque andaba sin casco... Gambetear a la muerte no es tan fácil como a los defensores gorditos de la liga local. Nada de eso.&lt;br /&gt;Por ahí te juega una mala pasada. Pifias con el acelerador. Y te quedas sin nada. Y bueno. Pasó, loco. Pasó. El Betito se cayó en la moto. Se rompió la cabeza con el asfalto. Anduvo un par de horas en coma. Muy mal. Y se nos fue.&lt;br /&gt;Ahora andan todos llorando en el pueblo. En el club Unión y Progreso cerraron las puertas y declararon cuatro días de luto. Y como para que no. Si el Betito fue el mejor jugador que tuvieron en su historia.&lt;br /&gt;A ver, para que se que te des una idea. El negro era zurdo, encarador. Picante. Canchero. Siempre iba para adelante. Tenía gol. Era rápido. Para esta liga y para cualquiera, era un fenómeno. Por eso te digo lo de Boca. Porque lo vinieron a buscar de Buenos Aires al negro. Y se fue a la pensión. Ahí en Casa Amarilla.&lt;br /&gt;Yo estuvo presente en varios asados donde contaba las anécdotas. Las cosas que hacía allá. Estaba en el primer mundo. Se sacaba fotos con Palermo, con el Mellizo Guillermo, con Battaglia. Con todos. &lt;br /&gt;Pero bueno. Tenía un defecto el Beto. Le gustaba mucho la joda. Y acá todos lo sabían. Si cuántos partidos habrá jugado borracho. O con una resaca que no lo dejaba mover. Pero te agarra la pelota y pum. Chau. Te la metía contra un palo. Abajo. O al ángulo. Y se iba a festejar con los grones de la barra. Con los mismos que había estado tomado vino con coca en la noche anterior.&lt;br /&gt;Por eso se tuvo que venir de Buenos Aires. Si allá se escapaba de las concentraciones para fumarse un faso. Para irse a Fantástico bailable. Y allá no te bancan. Si ves que sos un negro que no se puede encarrilar, te meten una patada en el culo y tenés que pegar la vuelta. Y eso le pasó al Betito.&lt;br /&gt;Otra vez al pueblo. Y para la madre fue una cagada. Porque la vieja andaba con el recorte del diario de la zona con la nota que le habían echo al hijo porque jugaba en Boca. Y ahora tenía que guardarse el recorte. Chau. El pibe estaba otra vez acá. Con 18 años. Sin estudios. Sin un laburo. Sin futuro. Sin nada. En bolas.&lt;br /&gt;Y ahí lo engancharon para laburar en la recolección de basura. Si me acuerdo de las noches de verano, cuando estábamos con los vagos en la vereda tomando porrón. Él pasaba corriendo y se frenaba para meter un trago rápido y seguir. Un fenómeno. Encima tenía un físico privilegiado. Después, en la cancha, volaba. Claro, con lo que corría con la basura no lo corre ni Messi en una pretemporada del Barcelona. Una cosa de locos.&lt;br /&gt;Pero él era así. Y así lo van a recordar todos a partir de hoy, que se nos fue. Era un negro para quererlo. Con el que daban ganas de sentarse a tomar una jarra. Y cuando hablaba de Buenos Aires o contaba algunos de sus goles, todo era silencio. Ni cuarteto se escuchaba. Todos le prestaban atención a él. &lt;br /&gt;Te escribo está carta medio rápido. Así a los apurones porque nos estamos yendo para el cementerio. Hoy lo van a enterrar al Betito. Seguramente va a ser un quilombo, con sus amigotes, la familia, la gente del fútbol, los cholulos de siempre y todas las novias que tuvo por ahí. Porque era tan picante para las minas como para la pelota.&lt;br /&gt;No creo que llegue la noticia allá a Buenos Aires. Pero si se llegan a enterar los vagos de Boca. ¿Qué dirán del Betito? ¿Se acordará alguno? &lt;br /&gt;Acá te puedo asegurar que el nombre y apellido de Alberto Carlos González va a ser recordado, eh. Pero quedate tranqui, que allá arriba va a estar bárbaro. Porque en el cielo todavía se puede gambetear.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-8304592355376403223?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/8304592355376403223/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=8304592355376403223' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/8304592355376403223'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/8304592355376403223'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2010/11/nuestro-betito.html' title='Nuestro Betito'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TPXOzBAiD_I/AAAAAAAAAJg/zoHhErHciIA/s72-c/PersonajeAdivine.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-368661389491477840</id><published>2010-11-29T20:19:00.000-08:00</published><updated>2010-11-29T20:41:36.929-08:00</updated><title type='text'>El día que desapareció el ¡¡¡gouhhh!!!</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TPR9l78_EgI/AAAAAAAAAJY/1bF3T7xOt8g/s1600/sdadasdsagol.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 291px; height: 184px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TPR9l78_EgI/AAAAAAAAAJY/1bF3T7xOt8g/s320/sdadasdsagol.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5545195131902038530" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo un tiempo en el que el fútbol se volvió aburrido. Tedioso. Tanta televisión cansó. Las mentes de los adictos futboleros estaban consumidas por tantos comentaristas que comentan siempre la misma jugada. Y por aquellos relatores de goles que no eran, pero se gritaban igual. Entonces, casi como por consecuencia directa, fue una tarde de otoño en la que desapareció el ¡¡¡gouhhh!!!&lt;br /&gt;Nadie sabe a ciencia cierta quién fue el último que levantó sus manos y se tomó la cabeza. Y en un movimiento sorpresivo y contundente, escupió el aire de su boca apenas tres o cuatro letras formando ese llanto de hincha, que significa que lo que pudo ser no fue. Que eso que estaba en la mano, no está. Que ese anhelo que dura 90 minutos iba a tener que ser más paciente aún. Lo que en idioma de cancha es un casi gol. Eso es el ¡¡¡gouhhh!!!&lt;br /&gt;Y hay que aclarar que la gente seguía asistiendo a los estadios. Tal vez no en grandes cantidades. Pero había el público necesario para que ese grito se escuchara a dos o tres cuadras de cada estadio. Como cada domingo, en que la señora se quemaba con el agua del mate, mientras servía y sentía la sacudida que venía de la cancha. "Esos locos del fútbol", pensaba la vieja, que se estremecía cuando los grones en esos gigantes de cemento se apretaban en un solo grito: el ¡¡¡gouhhh!!!&lt;br /&gt;En un principio nadie lo notó. Pero con el correr de los partidos empezó a sentirse su ausencia. El hincha puteaba, alentaba, gritaba los goles al borde del llanto. Pero no estaba el ¡¡¡gouhhhh!!!. Algo que preocupó de inmediato a los directivos de todas las ligas. &lt;br /&gt;Y, en una reunión cumbre, decidieron hacer algo para cambiar esa realidad. "Sin el ¡¡¡gouuhhh!!! la gente escucha menos la radio. Sí, porque siempre algún distraído se prende cuando se escucha ese grito", dijo un empresario de los medios de comunicación, que también se hizo presente. Claro, ellos eran los que cortaban gran parte de la torta.&lt;br /&gt;Hubo miles de ideas. Desde las más alocadas, hasta las más sencillas. Pero no le encontraron la vuelta. Nadie tenía una solución mágica, para que aquel mito compartido de los estadios volviera a nacer. Y así pasaron dos campeonatos completos y 200 goles. Pero ningún ¡¡¡gouhhh!!!&lt;br /&gt;Si hasta hay señores mayores que guardan en el cofre del olvido algunos recortes con informes de cuántos ¡¡¡gouhhh!!! se producían en promedio en aquellos años felices. Y las encuestas en las calles entregaban una certeza: la gente, el futbolero de ley, necesitaba casi tanto al ¡¡¡gouhhh!!! como al mismísimo gol. &lt;br /&gt;¿Increíble? No tanto. Que sería del fútbol si todas las jugadas fueran gol. Si cada acción de riesgo terminara siendo efectiva. Sí, casi tan embolante como una misa transmitida en vivo por radio.&lt;br /&gt;Fue entonces que se produjo aquel fato del que nadie debía enterarse. Fueron un par de directivos los que apretaron al Quijún, el jefe de la barra. Un tipo áspero, pero que por dos cajas de vino era capaz de cambiar de club. Y el pedido fue simple. “Necesitamos que todos los partidos juntes 50 o 60 negros que griten varios ¡¡¡gouhhh!!! por partido. Y no te hagas drama, nuestro goleador, el Rengo Jiménez, ya está apalabrado. De aquí en adelante va a errar goles por docenas”, le dijo uno de esos tipos de saco y corbata que jamás doblaron una venda en el vestuario.&lt;br /&gt;……&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Se juegan 34 minutos del primer tiempo. El partido sigue 0-0 señores. Ataca el Ruso Pérez por la derecha. Toca al medio para el Rengo Jiménez que bajó para asociarse y pica por la punta. La pelota le cae justa a Pérez y avanza. Ojo que acá puede pasar algo importante. Estrellas Azules avanza en busca de la apertura del marcador.  Va Pérez. Sigue Pérez. Elude al 3 Pérez. Y se mete el Rengo. Va el centro para el Rengo. El Rengo está. El Rengo está. Es gol, es gol… Noooooooooo”&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-368661389491477840?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/368661389491477840/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=368661389491477840' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/368661389491477840'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/368661389491477840'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2010/11/el-dia-que-desaparecio-el-gouhhh.html' title='El día que desapareció el ¡¡¡gouhhh!!!'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TPR9l78_EgI/AAAAAAAAAJY/1bF3T7xOt8g/s72-c/sdadasdsagol.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-3887365986471455815</id><published>2010-11-22T08:06:00.000-08:00</published><updated>2010-11-22T08:16:54.150-08:00</updated><title type='text'>Navidad, triste navidad...</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TOqXcE9QbhI/AAAAAAAAAJI/zFKKuJz8Fp0/s1600/1b43d84e.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TOqXcE9QbhI/AAAAAAAAAJI/zFKKuJz8Fp0/s320/1b43d84e.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5542408800055619090" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Fue una navidad de mierda. Apática. Sin sentido. Con el corazón destruido. ¿Qué querés que festeje? ¿Qué? Si todo lo que había alrededor era mierda. Porque era eso, mierda. Me pasé todo ese 24 de diciembre intentando que ya fuera 25. O mejor, 26 ó 27. Pero no 24. No había una mínima razón para encontrar esa alegría y paz de la que todos hablan. ¿Qué alegría y paz podía haber?&lt;br /&gt;Envolví los regalos de los chicos junto a mi mujer y trataba de pensar en otra cosa. El de la nena, esa muñeca que me había salido como 200 pesos. Sí, esa misma plata me hubiera salido una noche con Jessica Cirio. Pero bueno. Era algo mínimo para mis penurias de por entonces.&lt;br /&gt;Entraron a llegar los parientes. Los de siempre, porque González quedamos poquitos en Elena. Somos dos o tres. Y el tío Pepe, que se viene siempre de Berrotarán a pasar unos días con nosotros. Como chupa ese viejo, por Dios. Ojo, el 24 hace lo mismo que el 13 de julio. Se pone en pedo. Nada más que en navidad tiene una razón mas que valedera para entrarle al vino con soda hasta que se haga de día. Es hermoso el viejo. Calladito. Pero cuando pasa ese momento del pedo amistoso al pedo melancólico se pone inaguantable. Perdió su mujer hace ya como 10 años. Y bueno, cualquier sobrino que traiga su novia de ocasión le sirve para contar (otra vez) su historia con tía Celma.&lt;br /&gt;Los otros González son mi hermano Omar, que tiene tres pendejos. Más los dos míos hacen un lindo quilombo. Mi mujer anduvo toda la semana de preparativos. Comprando, comprando y comprando. Mi billetera tartamudeaba cada vez que la veía. “Flaca, ¿te parece?”, le decía para que entrara en razón. Pero nada. Que bolitas, que pan dulce, que esto, que lo otro. Me mató.&lt;br /&gt;Digamos que redondeando las 10 de la noche la cosa se había puesto pasable. Al Omar el asado le sale de maravillas, había un buen vino, y por un rato pude poner la cabeza en otra cosa. En otro lado. Después, en la sobremesa abrí ese fernecito que tenía preparado y la cosa se iba poniendo linda. Lo admito. Hasta podría haber estado cerca de ponerme en pedo y sacarme toda esa mierda de encima.&lt;br /&gt;Pero los pendejos ya empezaron a joder. Que venía Papa Noel. Y allá fuimos todos al lado del arbolito esperando que se hicieran las 12. “3, 2, 1... Feliz Navidad”, dijimos todos y le metí un lindo trago a esa sidra barata que había traído el tío Pepe. La carita de los nenes abriendo regalos puede servir de bálsamo para cualquier pena. Sentirlos ahí, creyendo en esa cosa de la Navidad, rompiendo esos papeles que tanto le costó a otro envolver. No lo niego, son cosas lindas. Y hasta llegué a sentirme contento por un mínimo segundo, cuando le miré la sonrisa al negrito más chiquito del Omar, que ligó una pelota impresionante. &lt;br /&gt;Ahí fue cuando todo se vino abajo. Me agaché para acomodar una bolita del pinito y lo vi al Cristian. Mi nene. Tiene 11 años. Es buen pibe y en el colegio le va bastante bien. Enfermo del fútbol igual que su padre. Juega bastante bien. Es un volante por derecha que pinta bastante bien, según me dice el técnico de la clase 98 en Talleres de Berrotarán. &lt;br /&gt;Pero bueno. La cosa fue que lo veo al pibe abrir el paquete y, por un segundo, sentí la mirada de mi mujer en la nuca. Me di vuelta, la miré y ella me dijo un “disculpame” con esas bolas azules que tiene a los costados de la nariz.&lt;br /&gt;“Gracias, Pa. Es la camiseta de Boca. La remera del campeón. La que yo tanto quería”, me tiró el pibe. El Omar me miró y hubo un tremendo silencio. Sólo me quedo darme media vuelta y encarar para el dormitorio, medio en pedo. Mire la foto del Enzo que tengo en la mesita de luz, pensé en una gambeta de Orteguita, en un caño del Beto Alonso, en la sonrisa socarrona de Ramón, en tantos títulos. Otra vez busqué ese recorte del diario con la tabla de posiciones. “Últimos, últimos”....grité antes de taparme la cabeza con las sábanas. Escuché la música como hasta las tres en casa. Se cagaban todos de risa. En fin, fue una navidad de mierda.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-3887365986471455815?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/3887365986471455815/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=3887365986471455815' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/3887365986471455815'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/3887365986471455815'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2010/11/navidad-triste-navidad.html' title='Navidad, triste navidad...'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TOqXcE9QbhI/AAAAAAAAAJI/zFKKuJz8Fp0/s72-c/1b43d84e.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-694506731588227620</id><published>2010-11-11T20:53:00.000-08:00</published><updated>2010-11-11T21:05:28.922-08:00</updated><title type='text'>La hija del doctor Piazzola</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TNzJZ2_UnBI/AAAAAAAAAJA/jNgVjQX5EIs/s1600/438.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 210px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TNzJZ2_UnBI/AAAAAAAAAJA/jNgVjQX5EIs/s320/438.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5538523087853886482" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Dicen que el amor surgió en un córner. Era una tarde de invierno. El presidente andaba con su hija. La piba era bonita. De las más lindas de Rafaela. El doctor Piazzola visitaba siempre la práctica de la reserva de Ben Hur. Quería ver a los nuevos talentos. A esos chicos que tenían sueños de Primera. &lt;br /&gt;Y fue ahí. Mientras el Beto Passini hacía jueguitos en el córner. Sus compañeros ya estaban elongando después de una fajina terrible. Y el Beto, ese enganche habilidoso que vivía atado a la redonda, la miró. Fue un segundo. La pelota se cayó. No hubo mil dominaditas, como de costumbre.&lt;br /&gt;Fue el primer encuentro. Pero habría miles. A escondidas de todos, claro. Porque el Beto no era un pibe de andar mujeriando. Todo lo contrario. Tenía 17 pirulos, y mientras sus amigotes andaban de farra, él se quedaba durmiendo en casa. Mirando videos de Maradona.&lt;br /&gt;Aquel día, el Betito se quedó marcado. Embrujado. Fue raro, pero hermoso. Y le siguió el rastro a Claudia Piazzola. La esperaba afuera del colegio. Ella era más chicas, como dos años. Así que aguantaba en la puerta y veía como don Antonio la iba a buscar cada mediodía.&lt;br /&gt;Y fue una mañana igual a todas cuando se animó a hablarla. A chamuyarla. Tenía un plan. Escaparse con ella. Invitarla a desayunar al bar de Tito, que hacía un café con leche histórico. El más rico de Rafaela. Y unas medialunas tremendas. Así fue como pispeó el ingreso de todos a la Escuela Normal Superior y la saludo. Ella lo besó en el cachete. Se miraron un par de segundos. Y el Betito no se animó a decir nada. “¿Me querés hacer alguna invitación?”, dijo la nena de 15 años. “Sí, a desayunar”, arremetió el Beto, con la misma valentía que lo distinguía para pedir siempre la redonda.&lt;br /&gt;Allá fueron. Caminando a un metro de distancia. Sin decir demasiado. Pero los dos querían ese encuentro. Desde aquella mirada en el córner. &lt;br /&gt;Pagó el Betito. Ella apenas mordió una medialuna. Él no alcanzó a comer como de costumbre, por la vergüenza. Pero, de a poquito, se fueron animando a hablar. Ella le contó de sus amigas. De que siempre iba a ver jugar a la reserva. Que entendía de fútbol. Que le gustaba la manera en que encaraba a los defensores. La nena escuchaba hablar de fútbol todo el día en su casa. Entonces, la tenía bien clara. Sabía de qué juega el 8. Qué es el off side. Todo, todo. Esas cosas que las mujeres ignoran. &lt;br /&gt;Y eso lo sedujo al Beto. Fue como un flash. Parecía que se entendían como el día y la noche. Cuando uno paraba de hablar, arrancaba el otro. &lt;br /&gt;Y no fue el único encuentro. Claro que no volvieron a faltar al colegio, porque hubiera sido demasiado evidente. El cine, la plaza del centro de Rafaela, la avenida Santa Fe. Allí se vieron mil y un veces. Don Piazzola nunca se enteró. Jamás se lo hubiera imaginado. Si el Betito era su preferido. El nene bueno. El chico que no andaba de joda, como los otros. Una de las joyitas del club. Y su hija era la otra joyita, la de su casa.&lt;br /&gt;Pero mamá Nelda se dio cuenta. Encontró una foto. Un par de cartas del Betito y una tarde le pregunto. “Nena, ¿qué pasa con el hijo de los Passini?”. “Nada, mamá. Nada, creeme”, dijo Claudia. Pero las madres siempre saben hasta las verdades más grandes del universo. Sobre todo las de sus hijos. Jamás las ignoran. Y son leales. Capaces de guardar hasta los peores secretos. Pero claro, el amor del Betito y la Claudia era algo hermoso. Un regalo para una madre. Porque esos pibes buenos no se encuentran fácilmente. Pero Nelda recordó aquel dicho famoso de su esposo: “Mujer de futbolista, mujer que vive sola. Jamás mi hija andará con esos cabeza hueca”. &lt;br /&gt;Lo mejor de todo es que aquellos tiempos fueron los mejores seis meses para el Betito. Su rendimiento en la reserva demostraba el amor por la Claudia. En cada enganche pensaba en su sonrisa. En casa pase al vacío, en su pelo. En cada definición ante el arquero, en sus ojos. Entonces, cada cosa que intentaba salía. Parecía que andaba a otra velocidad que el resto. Era como si él participara de una película que ya había visto. Sabía a dónde se iba a tirar el arquero. Presentía en que exacto segundo el defensor se iba a lanzar a la caza de sus tobillos. &lt;br /&gt;Y se empezó a hablar de que había gente que lo venía a ver. Todavía no había debutado en Primera. Pero ya se mencionaba su nombre. Fue convocado un par de veces a la Selección de Santa Fe. Jugó Provinciales y Nacionales. &lt;br /&gt;Fue una tardecita que cayeron dos tipos de saco y corbata a la casa del doctor Piazzola. Se presentaron como directivos de Rosario Central. Ofrecieron unos buenos pesos para llevarse al Betito. Además, 200 pelotas y vestimenta completa para todas las divisiones. Piazzola aceptó derecho. Ni siquiera se tomó el trabajo de preguntarle a los padres del Beto.&lt;br /&gt;Y Claudia estaba ahí, agazapada en la escalera. Escuchando cada segundo de la charla. Llorando, imaginando al Beto en Rosario. Lejos de ella. Imaginó mil cartas. Mil noches de extrañarlo. De soñarlo. De no tenerlo ahí, para salir a dar vueltas por la plaza de Rafaela. Y siguió llorando.&lt;br /&gt;Aún el Betito no sabía nada. Pero Piazzola se encargó de convencer sus padres. Ellos querían lo mejor para su nene, que siempre soñó con eso. Con jugar en algún club importante. Con que sus viejos lo vieran por la tele. Gritando goles con el alma. Contra Boca. Contra River. Y firmaron los papeles. &lt;br /&gt;Recién al otro día lo despertaron al Beto con la novedad. Que no fue tan grata como ellos esperaban. “¿Cómo que ya firmaron todo? ¿Cómo no me consultaron nada? ¿Así nomás? 200 pelotas valgo yo”, gritó lagrimeando. Pero no había lola. Era jueves y el viernes a la noche viajaba a Rosario. &lt;br /&gt;Esa misma noche se terminaban de arreglar los papeles. Los dirigentes de Central volvieron a la casa del doctor Piazzola a buscar la ficha del Betito. Lo único que faltaba para llevárselo. &lt;br /&gt;Y don Piazzola revolvió cada cajón. Todos sus cuadernos con las cosas del club. Los antiguos. Los más nuevos. Y nada. La ficha del Betito no estaba. Había desaparecido. “¿Cómo puede ser, Nelda?”, gritó una y mil veces. Estaba loco. &lt;br /&gt;Lo cierto es que el famoso papel jamás apareció. La gente de Central volvió para atrás. Se quejó por la desprolijidad. Dijo que jamás iba a volver a hacer negocios con Piazzola. &lt;br /&gt;Hoy, Claudia se sigue viendo con el Betito. Hace tiempo que declararon su amor ante Antonio. Que en un principio se negó, pero luego aceptó todo. El pibe dejó el fútbol y es uno de los empleados más eficientes de la Cooperativa de Rafaela.&lt;br /&gt;Claudia, que está por terminar el secundario, reza todas las noches para seguir teniendo al Betito con ella. Tiene una virgencita, que guarda en una caja. Junto a varias estampitas, y una ficha amarillenta donde se lee clarito un nombre: Alberto Passini. Clase 1983.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-694506731588227620?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/694506731588227620/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=694506731588227620' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/694506731588227620'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/694506731588227620'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2010/11/la-hija-del-doctor-piazzola.html' title='La hija del doctor Piazzola'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TNzJZ2_UnBI/AAAAAAAAAJA/jNgVjQX5EIs/s72-c/438.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-7671368912233933381</id><published>2010-11-01T10:31:00.000-07:00</published><updated>2010-11-01T10:41:49.405-07:00</updated><title type='text'>La suerte del negro Chimu</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TM76uEuGBTI/AAAAAAAAAI4/GfgcxAJlG18/s1600/5007708403_c4cc8c7c66_b.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 187px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TM76uEuGBTI/AAAAAAAAAI4/GfgcxAJlG18/s320/5007708403_c4cc8c7c66_b.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5534636661532919090" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Mirá que hay historias de guasos con mala suerte, eh. Pero la del Chimu. Mamita. Si cada vez que lo menciono me tengo que tocar el huevo izquierdo. O los dos. Porque gente mufa como esa no debe haber en otro lado del planeta. Encima, un loco bueno. Un negro de esos piolas. Con el que te sentarías a comer un asado al lado del río. Pero viste como es la gente de cabulera… Y la suerte del Chimu nunca fue buena. Entonces, lo hicieron a un lado.&lt;br /&gt;El negro iba siempre a la cancha, a ver Vecinos Unidos acá en Río Tercero. Dicen que era buen jugador. Hizo todas las inferiores. Pero el día que iba a debutar en primera se desgarró en la entrada en calor. Increíble. Ese día le iban a dar la 8 titular de Vecinos. Y el guaso se viene a desgarrar. De no creer. De ahí, nunca más tuvo chances. Y se terminó retirando para dedicarse al chupe de lleno. &lt;br /&gt;Entonces, es común verlo al Chimu acá en el club. O, mejor dicho, era común. El tema es que cuando se juntó con la Sandra, una de las pocas novias que se le conocieron (dicen que las minas le huían), todo empeoró. La mina lo gorreó con su mejor amigo, el Panta. Y de ahí la malaria fue total para el Chimu. La familia le cortó el rostro mal. Los amigos también. Y ya se empezó a rumorear eso de que el negro era mufa. Que atraía las malas ondas. &lt;br /&gt;Entonces, si el Chimu llegaba al bar todos se levantaban y se iban. Si llegaba al banco para pagar los impuestos, todos volaban de la fila. Nadie quería ni sentirlo nombrar. Encima en una ciudad no tan grande como Río Tercero, el boca en boca te fulmina. Te liquida. &lt;br /&gt;Pero había un solo lugar en donde la gente no iba a huir si caía el negro: la cancha de Vecinos. No te miento si te digo que varias veces no le querían vender la entrada. Pero viste como son estos clubes de la liga local. No hay una moneda partida al medio. Y esos 10 pesitos siempre suman. Así que el negro Chimu entraba cada domingo a ver al club de sus amores. “Es el único que no me ha abandonado”, dicen que decía el negro cuando se sentaba en la tribuna, con la jarra de plástico llena de vino caliente.&lt;br /&gt;Ahora yo no sé cuándo fue que sucedió. Pero lo cierto es que fue un jugador. No sé si fue el Gomito Gómez el que gritó. Muchos dicen que fue él el primero. Fue en un clásico de la ciudad, contra Nueve de Julio. Un partido de mucha pica. Bien calentito. Y Vecinos iba ganando 1-0, cuando ya se moría el juego. Justo ahí, cuando el Ruso Vera iba a patear un tiro libre al borde del área, se escuchó el grito. &lt;br /&gt;La pierna derecha de Vera tomó envión, fue hacia atrás y el botín derecho fue a buscar la bola con potencia y precisión. Para meterse por arriba de la barrera y junto al palo izquierdo del Fideo Mascanfroni, el 1 de Vecinos. Fue entonces cuando, dicen, el Gomito lanzó lo que se transformaría en un grito de guerra de ahí en más: “¡¡¡Chimu, Chimu!!!”, aulló Gómez. Entonces, ese terrible pateador de tiros libres que era el Ruso Vera tiró la redonda a cualquier parte. Si te digo que la pelota salió más cerca del córner que del arco. Y muy alta. Horrible. Para que lo putearan sus propios hinchas también. Fue el principio de todo.&lt;br /&gt;Desde ahí, cada vez que el arco de Vecinos estaba en peligro alguien le pedía ayuda a la (mala) suerte del negro Chimu, que en la popular levantaba la cabeza, como pensando que alguien lo llamaba. Y lo que en un principio era un código interno del plantel, llegó a la tribuna. Y los hinchas de Vecinos también lo adoptaron. Así, se escuchaba como un coro el nombre del Chimu cada vez que el cagazo era sentimiento común. Y siempre lograba su cometido. Mufar al rival de turno.&lt;br /&gt;No te voy a decir que fue gracias al Chimu que Vecinos se salvó ese año del descenso. Algo que parecía imposible. Pero más o menos. En los últimos 10 partidos no le hicieron goles. La bola pegaba en un palo. Salía pegadita al otro. Le rebotaba en el culo al arquero. En la nuca a un defensor. Y siempre zafaban. Una cosa de no creer, viste.&lt;br /&gt;Al final de esa temporada, hasta hubo alguno que le dio un abrazo al Chimu cuando la salvada del descenso fue confirmada.  Te miento si te digo que alguien supo de él después de esa temporada. Ya nadie lo vio más por el club, y tampoco en el barrio. Lo cierto es que si vas a la cancha de Vecinos un domingo cualquiera lo vas a sentir llamar por algún hincha o un jugador. Porque es un mito. El de la suerte del negro Chimu.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-7671368912233933381?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/7671368912233933381/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=7671368912233933381' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/7671368912233933381'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/7671368912233933381'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2010/11/la-suerte-del-negro-chimu.html' title='La suerte del negro Chimu'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TM76uEuGBTI/AAAAAAAAAI4/GfgcxAJlG18/s72-c/5007708403_c4cc8c7c66_b.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-2468752097334249954</id><published>2010-10-22T08:32:00.000-07:00</published><updated>2010-10-22T08:46:17.151-07:00</updated><title type='text'>El pacto</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TMGxvkAAi8I/AAAAAAAAAIw/Bei3Zn6M494/s1600/110502_Gato.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TMGxvkAAi8I/AAAAAAAAAIw/Bei3Zn6M494/s320/110502_Gato.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5530897248063359938" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cartucho te mira fijo. Con esa soberbia que exhala por su cuerpo. Es aún pibe. Si debe hacer un puñado de años que cumplió los 25. Es más, todavía vive con la vieja. Del padre, ni noticias. Pero eso no viene el caso. El tema es que ese día la charla en el bar parecía que iba a llegar a las manos. Ahí, tomando una cervecita, estábamos Sansón, Pocho, el Negro Risa, el Gato y yo. Además de Cartucho, obviamente.&lt;br /&gt;El fútbol estaba en el centro de la mesa, casi con mayor importancia que los maníes que salaban los dedos de todos. Almafuerte es un pueblo que más allá de estar dividido por un canal, está separado por dos clubes: Belgrano y Atlético. Y bueno, en esa mesa estaban sentados dos personajes que habían vestido esas casacas. El Gato, de un poco recordado paso por el arco de Belgrano y Cartucho, un delantero que tiene el triste récord de no haber convertido nunca un gol jugando para Atlético. Ni en reserva, ni en inferiores. “Es que me faltó continuidad”, dice siempre, a la defensiva.&lt;br /&gt;La charla siempre tuvo nombres de otros. El Bocha Acuña, el Tato Pardo... Grandes ex jugadores de ambos clubes. Obviamente, ellos no eran protagonistas importantes de la historia ni de Belgrano ni de Atlético. Cada cual defendía lo suyo, mientras el resto nos matábamos de risa con ese ida y vuelta que tenía mucho de frases hirientes. &lt;br /&gt;Hasta que el Gato se animó a ser protagonista, a escribir una hoja más en la historia del fútbol del pueblo. “Si sos tan pícaro, armá un equipo y jugamos en la canchita de fútbol 8. Vos de delantero y yo de arquero”, atacó el Gato. “Si me hacés un gol, ya saben. Cuelgo los guantes para siempre, muchachos”, agregó. Cartucho, sin titubeos, aceptó el duelo. “Anda buscando un lugar en tu casa para guardar los guantes”, le avisó. &lt;br /&gt;Era un enero bien enero en Almafuerte. Tardecitas de río y cerveza, algún aventurero que invita a un asado y poco más. Dormir por la mañana y esperar la comida de la vieja. Es que la mayoría de los estudiantes regresan de Córdoba y está todo el mundo de vuelta. Hay caras viejas que vuelve a ser nuevas. Pibitas que uno ya no conoce. Gente que alguna vez fue un pendejo, y hoy ya te saluda con voz gruesa. Entre todo eso, también hay fútbol. Y, esta vez, el duelo era en la noche del 10 de enero. “A las 21 en la canchita de Alfonso”, fue el pacto. Don Alfonso era un viejito que tenía un sitio en una de las calles laterales del pueblo. Ahí, con dos ladrillos, levantó cuatro paredes y puso dos arcos. Corta el paso religiosamente y todos los futbolistas frustados van por una gambeta más. &lt;br /&gt;Ya ese 10 de enero andábamos todos locos. La muchachada empezó a llegar temprano a la cancha. Debe haber sido el partido con más público en esa canchita. Si hasta el viejo Alfonso había pedido prestada una cámara de fotos. “En la vida vino tanta gente”, repetía, y hundía el dedo en el botón.&lt;br /&gt;Me acuerdo que el Gato cayó tempranito, en su renoleta verde. Venía escuchando cuarteto. Y dicen un par que había estado tomando un par de cajas de vino antes del partido. Algo que nunca se comprobó. Cartucho apareció casi al filo del horario, con su motito roja. Había alta expectativa y mucho barro, porque había llovido la noche anterior. &lt;br /&gt;Las dos primeras jugadas marcaron que el duelo tenía otro puñado de tipos que formaban parte de la escena, como extras de una película. Todo era ellos dos. Y se cruzaron feo en un primer centro. Si hasta Cartucho, un tipo que jamás se había calentado, le tiró una patadita cuando el Gato salió a cortar un centro. Además, gritó los dos primeros goles de sus compañeros con rabia. &lt;br /&gt;Ninguno de los dos se lució. El partido lo ganaba cómodo el equipo de Cartucho 10 a 5, aunque acá el resultado no le importaba a nadie. Todos esperaban un mano a mano entre ellos. Una jugada de riesgo. Un centro a la cabeza del delantero. Pero nada. Si hasta un par de negros que habían ido a ver el picado se calentaron feo. Y hasta lo putearon lindo a Cartucho, como hacían cuando jugaba en Atlético. “Andá a buscarla, cagonazo”, se sentía. “Muchachos, ya está el tiempo”, avisó Don Alfonso. La hora y media de partido estaba cumplida. Yo conté todos los goles: iban 13-7. Asunto liquidado. &lt;br /&gt;Entonces, la redonda le quedó justa sobre el empeine a Cartucho. La bajó y, automáticamente, la metió debajo de la suela. Le salió un gordito que jugaba de dos y le tiró un caño apoteótico. La bocha pasó y estaba cara a cara. Fue el momento de mayor tensión de toda la noche. Los negros raspaban las uñas contra el alambrado. Don Alfonso mordió el pucho que tenía en la boca. &lt;br /&gt;Cartucho parecía destinado a terminar definitivamente con la carrera de Gato. Movió el cuerpo para la derecha y dejó la pelota sola, sin dueño. El Gato se revolcó como pocas veces, siguiendo el cuerpo de Cartucho. Fue como aquella jugada del negro Pelé, cuando la pelota siguió mansita y le paso por el costado del arquero. Calcada. Una cosa descomunal.&lt;br /&gt;Así la hizo Cartucho. El Gato estaba en el piso ya. Metió un puñetazo contra el césped y Cartucho lo miro con unos ojos que eran una fiesta. Y ahí, a centímetros de empujar la pelota a la red, dudó. Vaya a saber en qué pensó. Tal vez en aquella frustrada carrera de goleador. En tantas tardes de insultos por gritos desperdiciados. &lt;br /&gt;El tema es que se le fue un poquito larga, trastabilló y la bocha salió mansita, pegada al palo. El quedó de boca en el piso. Un metro atrás, el Gato también tirado en el suelo. “Se terminó, muchachos. Tengo dos equipos afuera”, gritó don Alfonso.&lt;br /&gt;Ayer los vi a los dos en el bar de la esquina. Solitos. Tomando una cerveza, meta carcajada. Me contaron que aquella vez hicieron un pacto. Y que no lo rompieron nunca más.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-2468752097334249954?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/2468752097334249954/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=2468752097334249954' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/2468752097334249954'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/2468752097334249954'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2010/10/el-pacto.html' title='El pacto'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TMGxvkAAi8I/AAAAAAAAAIw/Bei3Zn6M494/s72-c/110502_Gato.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-5956823129150598660</id><published>2010-10-17T10:03:00.002-07:00</published><updated>2010-10-17T11:54:24.111-07:00</updated><title type='text'>"Si vamos a perder..."</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TLsthEeAKRI/AAAAAAAAAIo/_5wRP6r-mGI/s1600/portero.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 213px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TLsthEeAKRI/AAAAAAAAAIo/_5wRP6r-mGI/s320/portero.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5529063013685930258" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;No sé por qué cambia tanto. Y uno, con el paso del tiempo, empieza a odiar sus cumpleaños. Claro, hablo en mi caso. Pero seguramente no será el único. Por ahí debe haber varios bichos raros como yo. Gente que necesita que esas 24 horas que enmarcan al día de nuestro nacimiento corran con la velocidad de una Ferrari. Gente que anda gambeteando besos de amigos ocasionales, más interesados en la torta que en uno. Gente que uno ve sólo en cumpleaños propios y de otros extraños conocidos. En fin, yo soy uno de esos perros verdes. Que desearían arrancar esa hoja del calendario. Hacer de cuenta que nunca existió. Que pasamos de ayer a mañana en un zapatazo de un central a la platea. Pum. Chau. Ya fue. De esa forma, me ahorraría esas 24 horas de suplicio. Y sólo me restaría aguantar del modo más digno esos 365 días a venir, esperando que mágicamente suceda lo mismo y pueda evitar cumplir años en mi cumpleaños.&lt;br /&gt;Repito. No sé por que cambia tanto. Porque a los 10 años, uno quiere que todos los días sea su cumpleaños. En mi caso, el mes de abril era inmenso. Interminable. Y esperar cada día hasta llegar al 21 parecía insoportable. Necesitaba pechar al sol para que sea de noche. Y fuera martes. Miércoles. Así, hasta llegar hasta el adorado 21. Entonces, uno podría invitar a los amigos del barrio y a los del colegio a una jornada que siempre era idéntica. Un programa envidiable para cualquier organizador de eventos. &lt;br /&gt;Mi viejo cargaba de pibes la parte de atrás de una chata Ford azul y enfilábamos todos para La Bomba. Un predio que había en el pueblo. Con asadores al aire libre, el lago a disposición y lo fundamental y más importante: una cancha de fútbol soñada. Con arcos de verdad.  Nada podía salir mal. Mi viejo iba preparando el fuego, sacando los chorizos y se armaba un buen tinto con soda. Nosotros, directo a la canchita. Con la pelota bajo el brazo. Dispuestos a correr y transpirar toda la tarde.&lt;br /&gt;Pero, claro, había un tema más que delicado. Los amigos de la cuadra y los amigos del colegio no se mezclan, a menos que uno quiere arriesgarse a tener que enfrentar una de las situaciones más asfixiantes para un ser humano: elegir. Y a eso me exponía yo en cada cumpleaños. De un lado, los pibes del cole. Varios de los cuales yo podría decir sin temor a equivocarme que eran mis mejores amigos. De los buenos buenos. Pero, del otro, estaban los que vivían a dos pasos de casa. Con los que pasábamos verano enternos haciendo maldades. Tocando timbres en casas ajenas. Robando frutas. Saltando tapias. Y, claro, jugando interminables veladas del fútbol más noble de todos. El de los pibes.&lt;br /&gt;Atento a semejante situación a la que me exponía, mi viejo acomodaba el vaso metálico con vino en una piedra y se calzaba el traje de árbitro por un rato. “Vos vas para allá, vos vas para allá. Pupi, vos atajás para aquel equipo. Robertito, vos jugás para estos otros”, y así ordenaba todo de modo tan estratégico que siempre eran juegos equilibrados. Sin ventaja para nadie. Y sabía bien donde yo me sentía más cómodo. Con los pibes de mi barrio y mis mejores amigos del colegio. Así, era imposible perder.&lt;br /&gt;El tema fue que cuando llegué a los 11 hubo una revolución en mi colegio. Apareció un pibito nuevo. Era gigante. Y con cara de asesino de película de acción estadounidense. “Hola, soy César. Yo juego al fútbol. Juego de 9”, me dijo aquel primer día. Y ahí empecé a entender que los dos no íbamos a poder convivir en el equipo de nuestro grado, que cada recreo enfrentaba al curso inmediato superior por el honor y un par de facturas en el próximo recreo. &lt;br /&gt;Me la banqué como un duque. Además, sólo me faltó verlo jugar en aquel primer recreo para darme cuenta que no tenía chances de nada. César era un fenómeno de aquellos entre una manga de pataduras, algunos con el guardapolvo puesto. Y jugaba en la liga local. Y se hablaba mucho de él. Un par de días le bastaron para ganarse la mayor popularidad en la Escuela Remedios Escalada de San Martín. Y la mirada de todas las chicas de Quinto, claro.&lt;br /&gt;Por eso debe ser que lo invité a aquel cumpleaños, aunque todavía no nos conocíamos demasiado. Mi viejo, más bicho que nadie, armó el equipo y nos puso juntos. Yo me imaginé una tarde llena de goles. Gambetas. Festejos junto a ese gigante goleador. Era el cumpleaños perfecto, me dije.&lt;br /&gt;Pero… siempre hay un pero. Apenas alcé la vista, y antes que sacaran del medio, lo divisé al Pupi en el otro arco. Siendo mi rival. Mi enemigo. Mi vecino. El pibe un año mayor que yo que tenía el manual de la vida que yo leía todos los días junto a él. O, mejor dicho, que me enseñaba. Sí, el mismo Pupi con el que hacíamos las mil y unas travesuras. Con el que mirábamos dibujitos en la tele de mi casa. Con el que solíamos pasar horas en el canal, andando en bici. En fin, descubriendo el mundo.&lt;br /&gt;Allá estaba el flaco. Con cara de malo. Enojado. Chivo. Enfermo con la decisión mía de ser su rival. Sólo por querer jugar con ese pibe nuevo que la rompía.&lt;br /&gt;¡¡¡¡Piiiiiiiiiiii!!!! Silbatazo de mi viejo y piedra libre para jugar. Creo que ni dos jugadas pasaron, y ya estábamos 1-0 con un gol de César. Un puntinazo, que se le metió al Pupi en un rinconcito. Abrazo general y otra vez a sacar del medio. La cosa pintaba bárbaro. Y nos pusimos 2-0 con una facilidad asombrosa. También hubo un tercero y un cuarto gol. Pero ya ese 4-0 casi que ni lo festejé. Le miré la cara al Pupi y sentí que estaba haciendo algo mal. Que estaba generando una deuda en nuestra amistad que jamás podría pagar. Una de esas manchas que no se quitan en un lavarropa. &lt;br /&gt;Lo que siguió fue instantáneo. Me paré. Agarré la pelota con las dos manos. Y avisé que había cambio. Que yo me pasaba para el otro equipo. Porque así era un afano. Y yo era el cumpleañero. Podía decidir y nadie podía discutirme. Tampoco nadie lo iba a hacer con ese 4-0 evidente. &lt;br /&gt;Ahí, casi mágicamente, me di vuelta para sacar del medio y le miré los ojos celestes a mi arquero. Otra vez era él. El Pupi. Mi amigo. El del manual de la vida. “Vamos, vamos, que los tenemos ahí”, gritó desde allá atrás. Y se fue esa sensación imposible de digerir hasta con la más helada gasesosa. &lt;br /&gt;No recuerdo tantos detalles de ahí en adelante. Pero sí puedo asegurar que nos comimos, mínimamente, cuatro goles más. Y yo me devoré uno abajo del arco que provocó que mi viejo puteara junto al asador, porque se le había caído el vaso de vino.&lt;br /&gt;Ahí nomás nos llamó a comer. Y a mí no me importó perder. “Si vamos a perder, perdamos juntos”, me dijo el Pupi, mientras se limpiaba la tierra de las rodillas y me acariciaba la cabeza con los guantes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-5956823129150598660?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/5956823129150598660/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=5956823129150598660' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/5956823129150598660'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/5956823129150598660'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2010/10/si-vamos-perder.html' title='&quot;Si vamos a perder...&quot;'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TLsthEeAKRI/AAAAAAAAAIo/_5wRP6r-mGI/s72-c/portero.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-8206642047736870015</id><published>2010-10-12T11:01:00.000-07:00</published><updated>2010-10-12T11:11:50.288-07:00</updated><title type='text'>Atilio Vargas, un tipo común</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TLSkqAHhcJI/AAAAAAAAAIg/Wec8pX4k9Bg/s1600/3C63C86D-C17E-E17F-A106F11C95DD6A02.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 286px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TLSkqAHhcJI/AAAAAAAAAIg/Wec8pX4k9Bg/s320/3C63C86D-C17E-E17F-A106F11C95DD6A02.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5527223684183453842" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Atilio Vargas es un tipo común. Uno de esos seres humanos que le escapan a la soberbia, a las grandes luces.&lt;br /&gt;-&lt;span style="font-style:italic;"&gt;No me jodan con esas figuritas&lt;/span&gt;- sabe decir Atilio cuando le hablan de los número nueve. Es que toda su vida debió convivir con ellos. Atilio fue un regular delantero por afuera que jugó con diferente suerte por varios clubes del ascenso porteño: Fénix, Excursionistas, Flandria, Sportivo Italiano y Atlanta, donde se retiró. &lt;br /&gt;En aquellos años, si había algo que Atilio odiaba era a los número nueve. Siempre se mató por la felicidad ajena. Fue un héroe desde las sombras, dándole luz a quien jugaba junto a él en la delantera. La purpurina de la gloria nunca tocaba las mejillas de Atilio. Nunca salía en las fotos de los festejos, y las filmaciones de los goles siempre se olvidaban del que había tirado ese centro preciso. &lt;br /&gt;Pero Atilio bajaba la cabeza y seguía. Era el preferido de los técnicos. Nunca se quejaba. Siempre era el primero en la cola de los trotes de pretemporada. Tenía un físico privilegiado y rara vez se lesionaba. La camiseta con el enorme siete parecía tener su apellido inscripto en cada club que lo contrataba. No tenía representante y arreglaba todo de palabra, a la antigua. Mano a mano con los dirigentes.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;-¿Cuánto quiere, Vargas?&lt;/span&gt;- solían preguntarle.&lt;br /&gt;-&lt;span style="font-style:italic;"&gt;El sueldo promedio, y un asado por cada centro que va a la cabeza del número nueve. Haga o no el gol, me lo merezco&lt;/span&gt;- reclamaba.&lt;br /&gt;Lo cierto es que lo suyo tenía fecha de vencimiento. No duraba más de dos temporadas en cada equipo. Su gran falencia era su escaso romance con el gol. Convirtió tres tantos en toda su carrera. Claro, su vida era servirlos, no hacerlos. Entonces, la hinchada empezaba a perderle la paciencia. Y como era delantero, le pedían goles. Los técnicos lo bancaban hasta donde podían, porque Atilio realmente era útil. Pero no lucía. Entonces, terminaba apoyando el culo en esos bancos de suplentes de cemento helado. Y un tiempo después, armaba el bolsito y buscaba nuevos horizontes.&lt;br /&gt;Atilio hizo famosos a varios. Como el Pacha Quiroga. Con el Pacha jugó en Fénix, cuando eran pibitos los dos. Una cosa de locos. Se entendían bárbaro. Hasta eran amigos afuera de la cancha. Vivían juntos en una pensión que quedaba a tres cuadras de la cancha. Y Atilio sólo tenía en la cabeza meter el centro para que los relatores dijeran el apellido de Quiroga después de gritar un goooooooool más.&lt;br /&gt;En el año 95, el Pacha metió algo así como 33 goles en 24 partidos. Tenía un conocido que colocaba jugadores en Italia y lo llevaron a un equipito de la B de allá. Ahí sufrió la primera gran traición, Atilio. Porque Quiroga pudo haber pedido por él. Pudo haberlo recomendado. Pero nada. No abrió la boca. Ni se despidió de Atilio. De un día para el otro, desapareció. Armó el bolso cuando Atilio dormía en la pensión y se piró. &lt;br /&gt;-&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Son la peor basura, eh. La peor. Sólo piensan en ellos, hermano&lt;/span&gt;- suele decir Atilio, cuando le consultan por los número nueve.&lt;br /&gt;Un tiempito antes, Boca lo había vendido a Batistuta a la Fiorentina en muy buena guita. “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Ese Bati es un agradecido, se lo llevó a Latorre&lt;/span&gt;”, repetía Atilio, recordando a su ex socio Quiroga.&lt;br /&gt;Desde allí prometió no enamorarse nunca más de un número nueve. Siguió sirviéndolos, es cierto, pero ya nunca más con aquella vehemencia, con aquella actitud samaritana de dar por dar, sin recibir nada a cambio.&lt;br /&gt;Hoy Atilio es técnico de Atlanta. Caso raro el de este equipo, que está puntero en soledad en la Primera B Metropolitana. Dicen que es un equipo solidario, donde todos corren por el compañero.&lt;br /&gt;Eso sí, Vargas no juega con número nueve. Son mala palabra. Siempre pone dos delanteros por afuera, dos chiquititos que corren, desbordan, se cruzan y le hacen un desastre a las defensas rivales. Y el resto acompaña. Un equipo común, bien común. Pero rendidor. Así como los memoriosos recuerdan a Atilio Vargas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-8206642047736870015?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/8206642047736870015/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=8206642047736870015' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/8206642047736870015'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/8206642047736870015'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2010/10/atilio-vargas-un-tipo-comun.html' title='Atilio Vargas, un tipo común'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TLSkqAHhcJI/AAAAAAAAAIg/Wec8pX4k9Bg/s72-c/3C63C86D-C17E-E17F-A106F11C95DD6A02.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-7786433047100269070</id><published>2010-10-04T22:03:00.000-07:00</published><updated>2010-10-05T11:16:53.262-07:00</updated><title type='text'>Deportivo Murci</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TKqyX9xWEvI/AAAAAAAAAHg/uqytyvOPBlQ/s1600/escuela_de_futbol_oficial_u_de_chile_pirque-4c4783caec3a8f334647a4b0c.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 214px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TKqyX9xWEvI/AAAAAAAAAHg/uqytyvOPBlQ/s320/escuela_de_futbol_oficial_u_de_chile_pirque-4c4783caec3a8f334647a4b0c.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5524424017711600370" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Nadie se pone aún de acuerdo del día o la hora. Sí todos coinciden en que fue de noche. Claro. No hay otra forma de contar la historia que no sea ahí, cuando la luna ya le ganó por goleada al sol. Y ya no se sienten ni las bicicletas en los pueblos. Apenas hay algún viejo sentadito todavía en la vereda, con la radio al mango. Mientras las señoras se agolpan frente a la tele para mirar la novela de las 9. Y el olor a comida empieza a salir por las ventanas.&lt;br /&gt;La verdad es que estos muchachos eran un grupo de giles bárbaros. Y yo hacía tiempo que no me dedicaba a la cosa. Tenía mi tallercito mecánico, donde estaba más que tranquilo. Apenas con un par de laburitos por semana se vivía. Me levantaba tipo 9. Unos mates bien calentitos y la mañana se iba entre tuercas y la ropa llena de grasa. Volver a casa al mediodía. La Patricia con la comida lista. Un beso a los pibes que volvían del colegio. La siesta sagrada. Y, tipo cuatro, otra vez al taller hasta las 8. Así, sin sobresaltos. Casi todos los días iguales. Como me gustaba a mí. O como me había acostumbrado, después de haberme cansado de renegar con el fútbol.&lt;br /&gt;Primero jugador. Después técnico. Miles de años ahí, en la canchita de mierda esa. Aguantando el frío. Las puteadas. También bancando a los amigos que te venían a felicitar en la victoria. Y eso que nunca gané demasiados partidos. Pero bueno, siempre aparecen esos boludos, que se meten en la comisión y duran seis meses. Pero, después, para putear cuando las cosas van mal, son los primeros.&lt;br /&gt;Por eso me cansé. Si dejé de jugar de jovencito. A los 28. Y podría haber robado un par de años más. Pero para qué, me dije. Si ya estaba. Si no aguantaba más esos viajes en colectivo a Las Bajadas, a Hernando… No, hermano. Ya estaba. Que jugaran los pibes. Pero como siempre fui bastante gil, me convencieron que lo ayudara al Chaucha. Que fuera su ayudante. Que podía manejar mis horarios. Y ahí caí. Cuando lo fueron al Chaucha ya sabía que me tocaba a mí.&lt;br /&gt;Encima tuve la suerte de arrancar bien y ganar invicto ese campeonato. Pero el equipo andaba solo. Lo había armado el Chaucha. Nada más que se llevaba para el orto con los cabecillas y le iban para atrás. Cuando agarré yo, los chicos me tenían afecto. Me querían. Y eran unos toros. Así dimos la vuelta. Y tuve que seguir. No pude decir que no. &lt;br /&gt;Otro campeonato ganado, esta vez sin tanta holgura, me hizo agarrar el tercer ciclo. Con 31 años había sido campeón en mis dos primeros torneos. Salía en los diarios de la región. Era récord. &lt;br /&gt;Pero en ese tercero, que sería el último, la cosa no anduvo. Los pibes ya no querían entrenar. Y yo me calenté. Perdimos dos o tres partidos y el grupo se quebró allá en Gigena, cuando perdimos 6-0. Los putié muy feo en el vestuario. Y de ahí, no gané nunca más. Nos salvamos del descenso de pedo y me comí varias puteadas feas. De esas que duelen. Con mis hijos y mi señora Patricia en la cancha. Por eso dije basta. Y me metí en el taller. Basta de fútbol. Me cansaron.&lt;br /&gt;Pero cuando me fueron a buscar estos giles, qué les iba a decir que no. Si encima eran unos perros bárbaros. “Quito, queremos que vengas dos veces a la semana. Nos juntamos acá en la plaza Municipal. Estamos armando un club”, me dijo el Negro Vilariño, un marcador de punta que nunca tuvo lugar en los dos clubes de Berrotarán. Ni en Talleres ni en Belgrano. Él solito había hecho un rejunte lindo, de unos 30 locos, que se juntaban a jugar ahí en la plaza Municipal. Sin arcos. Sin camisetas. Sin nada.&lt;br /&gt;Todos eran laburantes. Por eso se juntaban tipo ocho de la noche. Todos caían en bici. Si te digo que eran unos crotos.&lt;br /&gt;Así fue que un martes me tenté de ir. Los vi jugar un rato largo y, la verdad, daban pena. Creo que en dos horas no dieron dos pases. Pero se pegaban unas patadas hermosas. Para llevar la cámara de foto y guardarlas. Me enganché con los muchachos porque me prestaron atención cuando hablamos. Fueron 10, 20 minutos. Les pregunté si tenían ganas y todos dijeron que sí bien fuerte. A mí no me significaba mucho tiempo. La plaza estaba a dos cuadras de casa. Y estos chicos, que no eran para nada pibes, tenían ganas de aprender. De progresar un poco, qué sé yo.&lt;br /&gt;Así que arrancamos. Martes y jueves dale que dale. Y se fueron sumando más. El Tino, un morocho que laburaba en la fábrica, llevó como 10 grones más. Y éramos una multitud ahí en la placita del pueblo, al frente de la Iglesia. Como locos ahí, en el medio de la noche. Si ni un farol andaba. Todavía no sé cómo hacíamos para ver la pelota. Bien a las oscuras eran las prácticas. &lt;br /&gt;Y la cosa empezó a andar bien. Armamos dos equipitos lindos, bien equilibrados. Reserva y Primera. Y cuando los negros se hartaron de jugar entre ellos, me pidieron de armar un amistoso. Algo medio informal, como para probarse. &lt;br /&gt;La gente de Belgrano no quiso saber nada. Ya arrancaba el campeonato y no iba a arriesgar a sus jugadores contra nosotros. “Mirá si me lesionan a uno, me quedo en bolas”, me dijo el Turco Alemandi, el DT. Y tenía razón.&lt;br /&gt;Entonces, después de mucho pensar, encaré para la sede de Talleres. Para hablar con el viejo Recalde. Ese hijo de puta que me había echado hacía dos o tres años. Si todavía me debía una guita, pero como yo no quería saber más nada, desaparecí. &lt;br /&gt;Pero vos sabes que por estos pibes dejé el orgullo atrás. Quería que se probaran. Que se dieran el gustazo de jugar y sentirse que podían estar a la altura de la liga local. &lt;br /&gt;Y, claro, Recalde me dijo que sí. Pero como todo dirigente de pueblo, quería algo a cambio. Una guita, algo. Entonces decidió armar un partido ida y vuelta. Y ahí fue cuando se armó el quilombo. Porque nosotros no teníamos cancha. Faltaba una semana para que arrancara el campeonato y tampoco ellos tenían tanto tiempo. Quedaba domingo y miércoles para jugar. Al otro domingo, ya era la primera fecha del Apertura de la Liga Riotercerense. &lt;br /&gt;Después de charlar un rato largo quedamos en lo siguiente. Domingo en la cancha de Talleres, con recaudación para ellos. Y el miércoles, a la nochecita, jugábamos en la plaza del pueblo. Ahí donde nosotros entrenábamos. “Ustedes están locos”, me dijo Recalde, cagándose de la risa. El viejo pensaba lo que imaginaba todo el pueblo: que íbamos a hacer un papelón de novela. Y para hacer más linda la cosa, me dijo que si en el global de los dos partidos ganábamos, iba a hacer la gestión para que nos incluyeran en la liga, para el otro campeonato. &lt;br /&gt;Claro, en el pueblo se armó un revuelo bárbaro. Y Recalde aprovechó para vender entradas anticipadas y hablar por la radio. Necesitaba juntar unos mangos porque el club andaba con los números en rojo.&lt;br /&gt;Imaginate los pibes, estaban locos. No teníamos ni nombre. Menos camiseta ni colores. Nada. Así fuimos el domingo a la cancha de Talleres. Quedamos en que todos llevábamos camisetas blancas. Esas que usan en el colegio para hacer gimnasia, las Diportto. Les pintamos los números con un fibrón negro y allá fuimos.&lt;br /&gt;Pobrecitos los pibes de la reserva. Siete se comieron. La vieron pasar. Terrible peludo nos pegaron. Y nos echaron a tres, bien echados. Ya me venían venir lo de Primera. Iba a ser peor todavía. Pero bueno, ya estábamos ahí.&lt;br /&gt;Nos paramos bien cerquita del arco. Dos líneas de cuatro, un enganche y el gordo Ferruci de delantero solo. Allá arriba. Para aguantarla. El gordo trabajaba en una ferretería y sabía bien eso de cuerpear. Si se cargaba 100 bolsas de cemento por día. Era un animal. Así que lo metimos de 9 y nos encolumnamos atrás de él, a ver si le quedaba alguna. Quién te dice.&lt;br /&gt;El tema fue que ellos eran unos aviones. Recién habían terminado la pretemporada y volaban. Nosotros, a los 10 minutos, no teníamos piernas. Encima varios habían salido al baile la noche anterior. Fue otro desastre. Pero alcanzamos a perder con un digno 4-1, después que el gordo Ferruci la metiera de tiro libre. Un golazo, que hasta las señoras que tomaban mate con facturas al costado de la cancha aplaudieron.&lt;br /&gt;Nos fuimos bien rapidito de la cancha, sin hacer mucho ruido, para que los borrachos de siempre no se nos cagaran tanto de risa. Igual, las cargadas fueron lunes y martes en el trabajo de cada uno. Los hartaron tanto a los pibes que ni querían jugar el miércoles. “No, Quito… Yo no entro. No voy”, me dijo el gordo Ferruci, que lo habían cansado todos los clientes de la ferretería.&lt;br /&gt;Pero lo convencimos. Y fue uno de los primeros en llegar a la plaza, tipo siete y media. Ellos cayeron sobre la hora. Con esos arcos que tenían de entrenamiento en una chata roja Ford. Y ni se imaginaron que no andaban los faroles. Que íbamos a jugar casi a oscuras, con la luz de la luna nomás. “No, hermano. Así no puede ser. Vos me estás jodiendo”, me dijo el viejo Recalde, re caliente. Media hora discutiendo. Que no, que sí, que no… Hasta que los mismos jugadores de Talleres quisieron jugar. “Total, ya están cocinados”, se reían.&lt;br /&gt;Pero recién arrancó cuando al árbitro del pueblo, el manco Gómez, le acercaron un mameluco de los bomberos, para que los jugadores lo pudieran distinguir. Y no te digo que ya al minuto nos pusimos 1-0, con un bombazo del gordo Ferruci que se le metió entre las piernas al arquerito de ellos. Pobrecito el pibe. Era un crack, pero no podía encontrar la pelota. Encima el gordo le pegó bien fuerte. Chau, 1-0. Y medio que se asustaron.&lt;br /&gt;Tuvo que pasar un rato largo hasta que metimos el segundo. Fue con un centro largo, bien pasado, allá cerquita de las hamacas de la plaza donde jugaban los pibitos. El pájaro Funes lo tiró volado y se le metió en el segundo palo. Sin que nadie la tocara. No sabes como lo gritamos. Fue una locura. Y ellos ya se agarraban la cabeza. &lt;br /&gt;Encima, se hacía cada vez más de noche. Eran pasaditas las nueve cuando terminó el primer tiempo. Ahí nomás vino el viejo Recalde a decirme que lo dejaban ahí. Que para qué íbamos a seguir. Que así no se podía. Y dudaron un rato largo, hasta que manco se acercó y los puteó, porque la mujer le mandaba a decir que se apurara. Que estaba el guiso. “Bueno, dale… Lo terminemos”, gruñó Recalde. &lt;br /&gt;Y ahí pasó lo más lindo. El 3-0 fue otra vez del gordo Ferruci, con otro fierrazo que pegó en el palo, hizo un ruidazo y se metió. Mamita, el cagazo que tenían esos tipos. Si hasta pegaron un par de patadas feas, escudándose en que no se veía una mierda. Parecían ellos los caballos y nosotros los que sabíamos. Una cosa de locos. &lt;br /&gt;Ni hablar cuando en la última se metieron ese gol en contra. Ahí se putearon entre todos. Y el manco Gómez aprovechó para pegar un silbatazo que se escuchó en todo el pueblo. 4-0 y allá nos fuimos, al kiosco del Laucha, a tomar porrones hasta las seis de la mañana. &lt;br /&gt;Ni abrí el taller al otro día. Verle la cara de felicidad a esos tipos, era como volver a sentirme aquel pibito que arrancó pateando en las inferiores. Era esa misma sensación, de nobleza. De pureza única. Irrepetible.&lt;br /&gt;Unos días después me enteré de que el viejo Recalde fue a la liga. Y contó todo con lujo de detalles. Nos propuso para ser un equipo más en el campeonato. Y aunque le dijeron que era imposible, insistió. Ahí fue cuando nos quedó el nombre por el que todos nos conocen ahora. Si hasta anda un mito dando vuelta por los pueblos vecinos, con gente que cuenta la historia. Y mirá que nunca lo quiero contar, porque es como darle crédito a ese viejo delincuente. Pero ahí nomás, cuando el presidente de la liga le preguntó cómo se llamaba el club, él lo dijo clarito: “Club Deportivo Los Murciélagos de Berrotarán”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-7786433047100269070?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/7786433047100269070/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=7786433047100269070' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/7786433047100269070'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/7786433047100269070'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2010/10/los-murcielagos.html' title='Deportivo Murci'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TKqyX9xWEvI/AAAAAAAAAHg/uqytyvOPBlQ/s72-c/escuela_de_futbol_oficial_u_de_chile_pirque-4c4783caec3a8f334647a4b0c.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-1913831358189287183</id><published>2010-10-04T07:41:00.000-07:00</published><updated>2010-10-04T07:44:33.741-07:00</updated><title type='text'>La entrada</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TKnoQDw0QGI/AAAAAAAAAHY/87BTowvuoNE/s1600/pobreza_argentina_4.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 234px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TKnoQDw0QGI/AAAAAAAAAHY/87BTowvuoNE/s320/pobreza_argentina_4.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5524201780532232290" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Estaba allí. Paradito. Descalzo. Con el frío del cemento pegándolo en los deditos de los pies. Solo. Observaba como esas personas eran felices. Como el padre llevaba de la mano a su hijo. Le acariciaba la cabeza. “Hoy va a ser tu primera vez y no te la vas a olvidar nunca. Me vas a agradecer toda la vida haberte traído”, le decía a su hijo ese señor de saco y corbata y, seguramente, apellido importante.&lt;br /&gt;Él seguía ahí. Mirando cara rostro. Cada facción. Imaginando ser tan feliz como ellos. Soñando con que algún hombre bueno se apiadara de su soledad y le regalara un choripán. Tenía hambre. Su estómago crujía. Hacía varios días que venía sin poder meter un pedazo de pan por esa boca. El trabajo de canillita no traía buenos dividendos. La gente ya no compra diarios en la calle. “Es la inseguridad”, le repite el diariero que lo puso a trabajar.&lt;br /&gt;No tenía un mísero peso en el bolsillo. Pero ese domingo, cuando despertó en el cuartito que tenía en la casa de su abuela tuvo un sueño. Observó largo rato aquel póster que tenía pegado en esa pared de ladrillo sin revocar. Lo miró y lo miró. Hasta que se decidió. &lt;br /&gt;Con apenas ocho años la vida puede ser difícil. Imposible de vivir. Caminó unas 20 cuadras que parecieron kilómetros. Justo pasaba aquel tren donde pululaban cabezas y cabezas. Entonces, se trepó. Esquivó la mirada del guardia y se escondió entre los pasajeros. Un viejito lo quiso acusar, pero el rostro del pequeño lo enterneció. &lt;br /&gt;Preguntó dónde tenía que bajarse para llegar a La Boca a una señora que ni le contestó. Por fortuna lo escuchó un hombre de anteojos, que le explicó. Otra vez con los pies en tierra, sintió una algarabía especial. El corazón latía más que de costumbre. Era diferente a esa sensación de alegría que lo embargaba cuando lograba vender todos los periódicos y podía llevarle un billetito a su abuela. Esa señora que a veces olvidaba su nombre.&lt;br /&gt;Apuró el paso. Siguió su instinto. Caminó y caminó. Hasta que llegó. Observó la inmensidad de ese monstruo de cemento que veía en las fotos. Era mucho más grande que en sus sueños. Era perfecto. Se sintió más pequeño de lo que era. Casi insignificante. &lt;br /&gt;Estaba allí. Paradito. Descalzo. Y seguía observando a esa gente feliz. Entrada en mano, empujando, acelerada. Se sumó a una cola larguísima. El doble de eterna que aquella que solía ver frente al banco donde ofrecía sus diarios. Avanzó lentamente. Observó detenidamente la espalda del señor que estaba delante suyo. Ese número 10 que se asentada en los colores azul y amarillo lo desvivía.&lt;br /&gt;Fue paciente. Como nunca en sus ocho años de vida. Presintió que los dos niños que estaba detrás de él con su padre lo miraban. “¿Dónde está el papi de él?”, escuchó y respiró hondo. Los poquitos recuerdos de su papá ya habían desaparecido. Probablemente estuviera en esa cola, o tal vez no. Lo cierto es que casi había olvidado su rostro. &lt;br /&gt;Ya faltaba poquito para que arrancara el partido. Jugaba Boca. Su Boca. El de Maradona y Caniggia. Esos hombrecitos que había estado viendo en el póster de su cuarto. Aquel equipo que lo llenaba de orgullo. Estaba su ídolo. “El Diego”. Aquel por el que había llorado. Aquel por el que había rezado, cuando se decía que volvía a su equipo.&lt;br /&gt;La fila se hacía más eterna que nunca. “Los jugadores ya están sobre el verde césped”, vocifero una radio que iba prendida al oído de un pelado. Entonces, ese señor de negro le puso la mano en el pecho. “Sin entrada, te quedas afuera nene”, le dijo en voz alta. Todos lo miraron. Intentó de nuevo, y el señor de negro lo tomó del brazo y lo corrió de la fila. Se sentó en el cordón de la vereda. Había banderas por todos lados. Cornetas y gente feliz que se metía por las puertas de la Bombonera. Un perro más flaco que Cristo le seguía lamiendo sus pies descalzos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-1913831358189287183?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/1913831358189287183/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=1913831358189287183' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/1913831358189287183'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/1913831358189287183'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2010/10/la-entrada.html' title='La entrada'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TKnoQDw0QGI/AAAAAAAAAHY/87BTowvuoNE/s72-c/pobreza_argentina_4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-5473641934988393961</id><published>2010-08-25T06:45:00.000-07:00</published><updated>2010-08-25T06:56:57.764-07:00</updated><title type='text'>La pibita de Ticino</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/THUgfRdvBkI/AAAAAAAAAHQ/E0pY7PmKZxs/s1600/kiko3.gif"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 214px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/THUgfRdvBkI/AAAAAAAAAHQ/E0pY7PmKZxs/s320/kiko3.gif" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5509345440793822786" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;"Hola, Marcos. ¿Cómo andás? Tanto tiempo, ¿no? Mirá, te llamaba porque esta noche voy a ir al boliche de Ticino. Me gustaría que fueras, así nos vemos"...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las palabras de esa hermosa señorita rubia daban vueltas y vueltas. La pelota iba y venía. Pero esa vocecita tenue no se quitaba de la cabeza de Marcos. 16 años. Fachero. Pibe de barrio. El nene de mamá. El mismo que estaba a punto de cumplir su gran sueño dentro del fútbol.&lt;br /&gt;Tanto remarla en las inferiores de Talleres de Etruria para cumplir ese anhelo que estaba ahí, próximo. Mientras tanto, la bocha seguía de acá para allá. &lt;br /&gt;Viernes, la última práctica de fútbol semanal. El Rengo Díaz, el DT de Talleres, lo tenía entre ceja y ceja al Marquitos. El pibe venía bien en la reserva. Y ojo que no era nada del otro mundo. Un cuatro que hacía lo que todo cuatro tiene escrito en el manual que viene en la caja cuando nace. Pegarle a todo el que pase por el sector y, cuando tengas la pelota, se la das al cinco o la tirás al lateral. "Nunca te compliques". Y en esa andaba Marcos. Jamás hacía una de más. Prolijo para salir jugando. Centrado. No parecía un pibe de 16. Ni ahí. &lt;br /&gt;El Rengo repartió las pecheras y el pibe había dado otro pasito hacia su sueño. "Dale, nene, que te jugás una linda chance", le dijo Pepe Méndez, el eterno enganche del equipo. 37 pirulos tenía el jovato, y las corría a todas. Se ve que algo pasó esa tardecita entre ellos, porque Marquitos entendió cómo venía la mano. "Vos tocá conmigo y pasá. Tocá y pasá. Vas a ver que es fácil", le dijo Pepe.&lt;br /&gt;Y allá iba el pibe. Pasó una, dos, tres y 15 veces al ataque. La jugada, una repetición exacta. Recepción, toque con el viejo Méndez y a hacer punta. La pelota llegaba justa, ni un metros atrás ni uno adelante, y centro al grandote.&lt;br /&gt;"Bárbaro, Marquitos. Bárbaro", gritoneó Díaz dos o tres veces. &lt;br /&gt;Allá se fue el pibe a casa, feliz. Con un orgullo que no le pasaba por el cuello. El domingo, contra Sportivo Chazón, por la cuarta fecha de la Liga Beccar Varela iba a ser su debut en Primera. Le contó a la vieja, a su papá Miguel y hubo larga sobre mesa en la cena de la noche del viernes. "A dormir, nene. Tenés que cuidarte", dijo el viejo. Y así fue.&lt;br /&gt;Pero el sábado por la tarde llegó ese llamado. Esa vocecita tenue en el teléfono. "Marcos, tenés teléfono. Habla una tal Virginia, de Ticino", dijo su vieja.&lt;br /&gt;¡Pum! Fue una bomba. Esa pibita que tanto le gustaba a Marcos en el teléfono. ¡Y llamándolo a su casa! "Hooo...laa", dijo el pibe, incrédulo. &lt;br /&gt;La invitación al boliche Sparco, en Ticino, para ese mismo sábado a la noche parecía caída del cielo. Una señal divina, de esas que no se pueden desaprovechar. Se cambió y fue al club, con un sol que no dejaba ni respirar en la tarde del sábado, mientras sus amigos miraban pibas en la plaza. Trabajo táctico del Rengo Díaz. Designación de marcas y aviso de que nadie saliera ese sábado. "Nos jugamos mucho, chicos. Yo especialmente, mi continuidad", amenazó el DT.&lt;br /&gt;Poco escuchó el pibe. Sólo podía pensar en Virginia. En Sparco. En Ticino. En la forma de poder estar allá, y poder jugar el domingo sin que nadie se enterara. &lt;br /&gt;Pasaditas las 11 de la noche sacó la camisa color salmón, el jean ese nuevo que había comprado la vieja y se fue a la terminal. Nervioso, para que nadie lo viera, se subió al lechero que tardó casi hora y media en llegar a Ticino. Se bajó y preguntó el horario de la vuelta. Sacó boleto. Andaba solo. &lt;br /&gt;Y allá fue. Derechito a Sparco. Derechito hacia Virginia. Derechito a su gran noche, imaginó. Pagó la entrada, se peinó frente al espejo gigante de baño y encontró el lugar exacto en la barra. "Un Pronto Shake", pidió y esperó. Una hora. Dos. Hasta que la vio.&lt;br /&gt;La piba bailaba con las amigas. Marcos dudó casi cuatro temas en acercarse. Tomó coraje y fue. "Hola, Marcos. Viniste... Que bueno. Voy al baño y vuelvo. Aguantame, ¿si?", le dijo la piba, con una pollerita aún más corta que su mentira.&lt;br /&gt;Y Marcos esperó. Esperó y esperó. Y allá estaba Virginia, bailando con un gringo con brazos eternos de gruesos. "Otra Pronto", pidió Marcos. Al rato, entendió que había poco que hacer en Sparco.&lt;br /&gt;Cerca de las 7 estaba metiéndose por la ventana de su pieza. Despacito. Sin que nadie escuchara. Sólo un par de ladridos de su perro. Pero zafó. &lt;br /&gt;Durmió tranquilo hasta las 12. La pasta de la vieja. La charla común y a la cancha con papá en un Renault 12 rojo reluciente. &lt;br /&gt;Ya en la puerta del club notó un clima emputecido. "Sos vivo, Marquitos, eh...", le dijo el viejo Jeta, que cortaba las entradas. Caminó otro trecho y se acercó hasta el vestuario. Estaban por jugar sus compañeros de la reserva. Se alegró por no estar ahí, en ese partido que no le interesa a nadie. &lt;br /&gt;Había soñado con ese instante. Se metió entre los pibitos que se cambiaban y miró la lista de Primera. "El 1, el Mono Urruty. El 2, el Negro Zalio. El 3, el Loco Treta... El 4...Claudio Liendo"... &lt;br /&gt;"Qué decepción, Marquitos. Me defraudaste", escuchó el pibe, de la voz ronca del Rengo Díaz, sentado en la punta del banco del vestuario, fumando un faso. "¿Vos sabías que el chofer del colectivo que va a Ticino es mi hermano?", lo apretó. &lt;br /&gt;No hubo debut en Primera. Tampoco amor de esa pibita de Ticino.  El gusto amargo del humo del boliche se le metió otra vez por la comisura de los labios. Los ojos laguneros de su padre, sentado en el asiento de acompañante del Renault 12 rojo, es algo que Marquitos jamás podrá olvidar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-5473641934988393961?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/5473641934988393961/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=5473641934988393961' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/5473641934988393961'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/5473641934988393961'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2010/08/la-pibita-de-ticino.html' title='La pibita de Ticino'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/THUgfRdvBkI/AAAAAAAAAHQ/E0pY7PmKZxs/s72-c/kiko3.gif' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-5015191082934201883</id><published>2010-07-26T13:17:00.000-07:00</published><updated>2010-07-26T13:37:37.163-07:00</updated><title type='text'>¿A quién carajo le importan los partidos de reserva?</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TE3t8Mxz5rI/AAAAAAAAAHA/l7-vMUm3mrU/s1600/imagex500x291.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 186px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TE3t8Mxz5rI/AAAAAAAAAHA/l7-vMUm3mrU/s320/imagex500x291.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5498312338567325362" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;¿A quién carajo le importan los partidos de reserva? ¿A quién carajo? A los 20, 30 padres. A los amigos del nueve del local que tiene como 29 años y tantos más asados y trasnoches. De verdad, ¿a quién realmente le interesa un partido de esos? Si solamente sirven para que el reloj corra y se acerque el juego que realmente importa. Donde juegan los que realmente saben. Donde los tres puntos valen tres puntos, y no ese resultado sin importancia de un partido de reserva. &lt;br /&gt;Porque no me vengan con cuentos. A cuántos hinchas les importa ser campeón en reserva. A nadie. Puede ser que a los dirigentes, que piensan en un par de pibitos que pueden dar alguna alegría a futuro. O tengo que pensar mal, e imaginar que quieren sacar un provecho con esos mismos pibitos, que algún día (con suerte) podrán ser canjeados por unas monedas, ropa y pelotas.&lt;br /&gt;Ahora bien. Me pregunto de la importancia, porque si hubo alguna vez un partido sin importancia fue aquel. Ese que voy a contarles. Uno que cruzó a Sportivo Belgrano de Almafuerte y a Atlético Villa Ascasubi. &lt;br /&gt;Final de campeonato. Ninguno de los dos peleaba por nada. Y menos en reserva, con dos equipos patéticos. Lánguidos. Sin ningún pibe que valiera comerse un chori y mirar un rato hacia la cancha. Nada, eh. &lt;br /&gt;Pero por alguna de esas cosas me senté en la tribuna sucia. Con un cráter en el estómago por ese chori mal cocido. Faltaba algo más de media hora para que arrancara el juego de Primera. Y para cerrar una temporada fiera, los pibitos de Belgrano más dos o tres bien maduritos pero sin talento, perdían 1-0 con Ascasubi.&lt;br /&gt;De verdad que no había nadie más mirando el partido. Otros juntaban papelitos para recibir a la Primera. Algunos otros armaban un fernet a escondidas de los dos policías que había en la cancha. Y pará de contar. Alrededor del campo, cinco autos vacíos y una camioneta con tres negros durmiendo atrás. O sea, creo que debo haber sido el único que presenció ese milagro.&lt;br /&gt;Porque así fue. Y eso no suelo contarlo. Porque ahí, en el pueblo, nos conocemos todos. Cada uno vivió un cachito la vida de los demás. Por lo que le contaron o por lo que vio. Así es. &lt;br /&gt;Y al Silvio lo tenía bien visto. Del colegio primario. Porque tenía un par de amigos en común que me habían contado de él. Hay para decir la verdad, siempre le faltaron un par de caramelos en el tarro. Claro, ahora me enteré que trabaja en la Cooperativa y lo tiene para barrer. Gana un sueldazo de la puta madre y hasta parece un tipo normal. Pero no. Siempre fue sobreprotegido por la vieja y el viejo. Era un pibe buenazo, pero tenía algunos problemitas. Siempre le costó el colegio. Si pasó arañando primer grado. Así que imaginate.&lt;br /&gt;Fue eterno suplente del Flaco Farías en la ‘82 de Belgrano. Siempre al banco, eh. Nunca faltaba el Flaco, entonces Silvio se sentaba religiosamente junto al técnico para ver el partido. Siempre cambiadito, con la chomba que usó Goycoechea en Italia 90. Esa negra con un montón de cuadraditos de colores. Se la había regalado su vieja para Navidad y nunca la soltaba.&lt;br /&gt;El tema era que el sábado a la noche anterior al domingo del milagro, los chicos de la reserva habían salido la mayoría de farra. Poquitos fueron a la cancha. Entonces, apenas alcanzaron a juntar 13. Incluído el Silvio, que estaba ahí por si ocurría una fatalidad con el Flaco Farías y tenía que pedir el cambio. Todos sabían que nunca iba a ocurrir.&lt;br /&gt;La cosa es que allá por el minuto 88 se lesionó el Negro Estabri, que jugaba de 9. Y ya no había más cambios. Entonces, el Pucho Acosta miró al banco y no había nadie. Apenas el Silvio, que lo miró con ternura. “Andá Silvio, pedile la camiseta al Negro. Vas a entrar, pero como delantero”, le dijo.&lt;br /&gt;Ahí estaba yo. Como único espectador de semejante día en la vida de Silvio Nicolino. El día de su debut en cancha. No como arquero, como él lo soñaba. Pero era el debut al fin. Ya sus viejos no iban más a la cancha. Si nunca jugaba. Pero hoy sí. Iba a entrar.&lt;br /&gt;Calentó apenas 30 segundos. Dos piques largos. Uno cortito y a la cancha. Aplaudí con ganas. Casi te diría emocionado por el momento. Porque sabía lo que significaba para él. Y Silvio corría destartalado. Con una sonrisa de presentador de televisión. Indisimulable. &lt;br /&gt;No habrán pasado ni 30 segundos. Ya Belgrano iba en busca de un empate casi en forma desganada, por la obligación de gambetear a una derrota más. El Loco Vela enganchó y se quedó de cara al centro. Entonces lo tiró. Y se pasaron todos, eh. Los de Belgrano y los de Ascasubi. &lt;br /&gt;Y allá, bien al fondo, estaba paradito el Silvio. La miró venir y fue como un sueño. Como la tarde en que las grandes estrellas se consagran. Era derecho, pero le tiró un guadañazo de zurda inolvidable. Cerró los ojos y cuando los volvió a abrir la pelota le había pasado entre las piernas. Fue una pifia grande. Pero hermosa.&lt;br /&gt;No tardó nada en darse vuelta y meterle un taco de epopeya, ahora con la derecha. El sonido fue un ¡tac! bien firme. &lt;br /&gt;La pelota entró pegadita al segundo palo. Casi dando saltitos. Pasó la raya y todos corrieron a abrazarlo. Los tres negros que dormían atrás de la chata se levantaron. Un viejo de un Renault 12 le entró a dar duro a la bocina. Y los pibes que cortaban los papelitos se quedaron congelados, como no creyendo que era el Silvio el que había echo el gol.&lt;br /&gt;No miento si digo que ahora en Almafuerte hay más de 40 personas que dicen haber estado esa tarde en la tribuna. Que lo abrazan al Silvio en las noches de pedos interminables y le recuerdan ese gol. Y le piden que cuente la anécdota de su vida.&lt;br /&gt;Pero no, señores. Solamente estaba yo ahí. Claro, más los 22 pibes y no tanto que corrían adentro. Pero espectador espectador, sólo yo.&lt;br /&gt;Decir que en el festejo duró más de cinco minutos es mentirle al tiempo. Porque fue mucho más. Y en el medio, los pibes de Ascasubi sacaron del medio y le definieron entre tres al Flaco Farías que se cansó de putear porque nadie volvió después del gol del Silvio.&lt;br /&gt;Fue derrota 2-1. Pero claro, a quién carajo le importan los partidos de reserva.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-5015191082934201883?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/5015191082934201883/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=5015191082934201883' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/5015191082934201883'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/5015191082934201883'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2010/07/quien-carajo-le-importan-los-partidos.html' title='¿A quién carajo le importan los partidos de reserva?'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TE3t8Mxz5rI/AAAAAAAAAHA/l7-vMUm3mrU/s72-c/imagex500x291.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-4187411512042103743</id><published>2010-07-08T06:35:00.000-07:00</published><updated>2010-07-08T06:37:17.615-07:00</updated><title type='text'>El Gordo, el amigo de mi viejo</title><content type='html'>El Gordo apoya su prominente trasero sobre el banquito diminuto de la plaza. Estuvo despierto toda la noche, como siempre. Su doctor le ha pedido que deje el hábito de fumar. Pero es un hábito difícil de manejar. Entonces, en medio de esa apacible plaza, prende el primer faso del día.&lt;br /&gt;El reloj dicta que son las tres. No desayunó aún. Pero ya está con el faso entre los labios. –Es de esas cosas que nunca pueden abandonarse, como las malas mujeres- me dice, mientras busca el libro que, acordamos, iba a prestarme aquella tarde. &lt;br /&gt;En mis banas intenciones de ser escritor, llegué al Gordo por recomendación de mi viejo. Habían compartido interminable cantidad de asados y veladas de buenos vinos y gratas compañías. –Ese Gordo es un fenómeno. Un tipo de otro tiempo. ¿Sabías que duerme de día y escribe de noche?- me instruía mi viejo, para que llegara a aquel encuentro con una noción mínima de quien era aquel tipo.&lt;br /&gt;No era famoso, está claro. De cualquier otro modo, no estaría perdiendo el tiempo allí conmigo, en una ciudad perdida en el tiempo. Tenía un par de novelas en su haber que sólo habían sido leídas por sus amigos y su madre. Pero el Gordo era el Gordo. Ese tipo chabacano, capaz de tener largas conversaciones telefónicas. Y ser el centro de escena después de cada cena con sus historias. Aún nadie sabe si son veraces o no. Pero esas anécdotas toman de la solapa del cuello a quienes las escuchan y no los sueltan hasta el final.&lt;br /&gt;Semejantes anticipaciones me hicieron llegar a aquel encuentro con un miedo perturbador. –No le hables mucho, deja que él maneje la situación- recomendó mi padre.&lt;br /&gt;Prendió su tercer cigarro y yo aún no había metido bocadillo. –Sos mudo vos, pibe- me estornudó en la cara, para luego reírse largo rato. –Sos hijo del Cholo. Qué tipo tu viejo. Mirá que anduve por varios pueblos, porque mi padre trabajaba en los ferrocarriles. Pero nunca conocí a un gringo con el corazón tan noble-elogió. Ahí me solté.&lt;br /&gt;Me ofreció un cigarrillo. –No, gracias-le dije. Al rato encontró en su bolso el libro. &lt;br /&gt;-Cien años de Soledad, del Gabo-susurró, y me lo entregó en las manos.&lt;br /&gt;Pasamos un largo momento en silencio. Yo le pegué un vistazo a la contratapa de aquel libro que parecía azotado por un re-leedor crónico. –Cuando me nublo, lo tomo y leo un par de páginas. Entonces, vuelvo a la máquina con la sed de un goleador tipo Batistuta-explicó. &lt;br /&gt;Cerca de las cuatro amagó con la despedida. Debía ir al diario local. Allí tenía un desordenado escritorio en la sección locales. Más de la mitad de sus compañeros lo odiaban. –Lleva cuatro meses sin escribir una línea-decían. Lo cierto es que el Gordo buscaba la forma de no trabajar, mientras laburaba en sus novelas.&lt;br /&gt;Yo, concentrado en sus labios y en lo que decía, había perdido la noción de lo que sucedía alrededor. –Vamos Negro Vení-dijo y un gato negro se acercó hasta sus pies. Lo acarició. Me dejó el libro y salió caminando. Lo despedí y miré a mi alrededor nuevamente. Cerca de 10 gatos más se alejaban, casi a la misma velocidad que sus pasos.&lt;br /&gt;En la ventana de mi cuarto, cada vez que me siento a escribir, hay un gato negro que me mira. De este lado del vidrio hay un escritorio de madera, con este cuaderno y un par de lapiceras negras. También un libro. Cien años de Soledad. Ese que nunca le devolví al Gordo. El amigo de mi viejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TDXUbkBwmuI/AAAAAAAAAG4/Fvn2nglaSOg/s1600/osoriano2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 180px; height: 246px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TDXUbkBwmuI/AAAAAAAAAG4/Fvn2nglaSOg/s320/osoriano2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5491528890640800482" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-4187411512042103743?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/4187411512042103743/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=4187411512042103743' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/4187411512042103743'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/4187411512042103743'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2010/07/el-gordo-el-amigo-de-mi-viejo.html' title='El Gordo, el amigo de mi viejo'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TDXUbkBwmuI/AAAAAAAAAG4/Fvn2nglaSOg/s72-c/osoriano2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-1181846078539366718</id><published>2010-07-05T12:13:00.000-07:00</published><updated>2010-07-05T12:14:33.432-07:00</updated><title type='text'>Me enamoré de Messi</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TDIvC4geZsI/AAAAAAAAAGw/5P44x7py6JI/s1600/messi_lesionado.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 97px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TDIvC4geZsI/AAAAAAAAAGw/5P44x7py6JI/s200/messi_lesionado.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5490502622292895426" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Debo confesar que nunca tuvo mi simpatía. Que nunca me interesó demasiado esos goles increíbles, esas jugadas acrobáticas, esos zurdazos que entraban siempre pegaditos al palo de algún arquerito de algún club de España. O también de Europa. Porque se lo hizo a todos. Rusos, ucranianos, portugueses. Todos lo sufrieron.&lt;br /&gt;Debo confesar, también, que puede ser un error no haberlo tenido demasiado en cuenta. Siempre evité participar en esas charlas/debate entre amigos y colegas donde se lo ejecutó o se lo defendió con el cuchillo entre los dientes. Nunca estuve ni de un lado ni del otro. Simplemente, ignoré a Messi. A Lionel Messi. Ese al que es imposible ignorar. Ese que al que nos cansamos de ver en partidos epopéyicos con la camiseta del Barcelona. Y que también se nos aparece en la TV diciéndonos qué celular tenemos que comprar, que heladera enfría mejor y con qué espuma hay que afeitarse, por más que a él no le crezca la barba. Yo lo dejé pasar frente a mí, y tampoco compré su celular, y tampoco su heladera. Mucho menos su espuma de afeitar.&lt;br /&gt;Pero algo cambió en este Mundial de Sudáfrica. Y está bien que así sea. Y creo que es de hombres aclararlo. Me enamoré de Messi. Y no en el tono literal de la palabra. Aún sigo creyendo que la mujer es tan hermosa como una pelota de fútbol (aunque algo más caprichosa). &lt;br /&gt;Me enamoré de Messi en su derrota. Me enamoré de Messi en su llanto (aunque varios dicen que “lloró poco” ¿Cuánto se debe llorar para demostrar una pena? ¿Hay alguna medición universal al respecto?). Me enamoré del Messi que sonrió cuando Palermo hizo el gol que le faltaba. Me enamoré de Messi gambeteando griegos y enojándose con el árbitro por una patada cobarde. Me enamoré de Messi refunfuñando porque el negrito nigeriano le tapó las mil y una. Me enamoré del Messi derrotado. Del Messi que no ganó. Del Messi perdedor. &lt;br /&gt;Porque es diferente a aquel. A ese del Barcelona que se cansa de levantar trofeos. Que se cansa de recibir premios al mejor jugador, al goleador del torneo. Acá no metió ningún tanto. Y es, tal vez, desde esa imagen de triste perdedor donde más me tocó ese enanito rosarino que oculta tan bien sus sentimientos como la pelota.&lt;br /&gt;Ahora veo otro Messi. Un Messi por el que vale meterse de lleno en las discusiones de bar. Por el que vale la pena meterle una trompada a la mesa si no nos escuchan. Por el que hasta podría tomarme a golpes de puño (siempre y cuando alguna bebida burbujeante haya hecho el efecto deseado).&lt;br /&gt;Y, entonces, caigo en la cuenta que ahora Messi es más argentino que nunca. Sí, porque ahora tiene un fracaso grande en el lomo. Como todos los argentinos. Porque no se puede ser argentino sin una buena tristeza en el alma, como decía el queridísimo Gordo Soriano. Este Mundial de Sudáfrica no será lo mismo para Lionel que aquel de Alemania donde la cobardía de Pekerman lo dejó en el banco. Ahora fue protagonista de la película. Ahora él debía ser el héroe, y no lo fue.&lt;br /&gt;Por eso me enamoré de Messi. Quieran creerlo o no. En épocas en que será masacrado por los críticos de siempre. Esos que hoy son argentinos y mañana europeos. Para pasado mañana volver a ser argentinos. Según lo que dicte su bolsillo. &lt;br /&gt;Así que estoy dispuesto a defenderlo. Tengo mis argumentos. Porque Messi me los mostró en la cancha. Jugando el mismo fútbol que jugó siempre. Con más o menos brillo. Con o sin goles. Ese que piensa en la gambeta. Ese que se sostiene en una zurda impecable. Ese mismo que es la envidia del mundo completo y que en su propia tierra no lo desean. &lt;br /&gt;Me enamoré de Messi. Sépanlo entender. Y si nos cruzamos en alguna pelea de bar, no se olviden que no se le pega a alguien que está en el suelo. Porque seguramente me van a voltear. Pero voy a volver a levantarme.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-1181846078539366718?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/1181846078539366718/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=1181846078539366718' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/1181846078539366718'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/1181846078539366718'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2010/07/me-enamore-de-messi.html' title='Me enamoré de Messi'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/TDIvC4geZsI/AAAAAAAAAGw/5P44x7py6JI/s72-c/messi_lesionado.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-1107922035033653135</id><published>2009-05-22T08:30:00.000-07:00</published><updated>2009-05-22T08:31:22.444-07:00</updated><title type='text'>ENRIQUE GONZÁLEZ, MARATONISTA</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/ShbFQn85XUI/AAAAAAAAADo/DUCWjrZOBhM/s1600-h/maratonista-4x3.jpg"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/ShbFQn85XUI/AAAAAAAAADo/DUCWjrZOBhM/s320/maratonista-4x3.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5338671297687280962" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La radio lo acompaña cada noche. Debe pasar largas horas sentado, observando. Ser guardia de un edificio no parece un trabajo agotador, aunque sí hay que armarse de paciencia. En eso anda Enrique González, que cumple sus funciones sin quejarse en un edificio de Boulevard Illia al 500.&lt;br /&gt;Saluda cordialmente a cada uno de los que ingresa, de vez en cuando se levanta para abrir la puerta y echar una ojeada por la calle. Y cuando alguien le presta el oído para una charla al pasar, se siente en el cielo. &lt;br /&gt;En uno de esos intercambios de palabras fue cuando se le escapó que alguna vez había sido atleta. Y como él mismo aclara: “No esos atletas de ahora que corren porque están dopados, de los de antes, de pura cepa”. Y se le llena el pecho de aire, respira profundo, y sigue su relato que puede durar horas si su acompañante tiene el tiempo suficiente.&lt;br /&gt;Enrique González fue uno de los maratonistas más importantes que dio la provincia de Córdoba en la década del 50. Obtuvo varios campeonatos regionales, nacionales y hasta llegó a competir en países extranjeros. Sin embargo, luego de una vida a las corridas, hoy pasa gran parte de sus días sentado en una silla pegado a una radio portátil.&lt;br /&gt;“Lamentablemente en esta provincia no contamos con el apoyo, los ex deportistas estamos olvidados. Y yo porque he sido maratonista, pero con futbolistas que han sido muy famosos pasa lo mismo, somos pasado”, cuenta Enrique con algo de bronca. Hoy el poco dinero que gana con sus funciones de portero le sirven para terminar de manera digna una vida donde siempre tuvo que remarla.&lt;br /&gt;Ceba otro mate, continúa con su historia. Y alguien que no tiene tiempo se va. Enrique seguirá en su silla, observando el entrar y salir constante de personas, esperando que alguien le regale algunos minutos. Él tiene varias historias todavía que contar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-1107922035033653135?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/1107922035033653135/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=1107922035033653135' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/1107922035033653135'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/1107922035033653135'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2009/05/enrique-gonzalez-maratonista.html' title='ENRIQUE GONZÁLEZ, MARATONISTA'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/ShbFQn85XUI/AAAAAAAAADo/DUCWjrZOBhM/s72-c/maratonista-4x3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-1753879437420157302</id><published>2009-05-10T16:30:00.000-07:00</published><updated>2009-05-10T16:31:31.618-07:00</updated><title type='text'>Goleadores, de Julio Moya</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/Sgdjut6Dq4I/AAAAAAAAADg/Rd7VnfGF1lU/s1600-h/goleadores.jpg"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/Sgdjut6Dq4I/AAAAAAAAADg/Rd7VnfGF1lU/s320/goleadores.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5334341937891879810" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varallo. Batistuta. Palermo. Bernabé. Romario. Funes. Bam-Bam. Morete. Messi. Salas. Sanfillipo. Blasón. Slatan. Perazzo. Ramón. Kempes. Pasculli. Bravo. Luifa. Muller. Artime. Erico. Zico. Crespito. Manteca. Labruna. Puskas. Van Basten. Milonguita. Cruz. Bocanelli. Eusebio. Zelaya. Reinaldi. Jurguennn. Pelé. Toti Iglesias. Cani. Czornomaz. Ronaldo. Sanchez. Cristiano. Pepe Sand. Bianchi. Di Stéfano. Araña. Enzo. Roonie. Rud. Houseman. Y cuantos más, de esos que habitan en una raza, y que haciendo un ejercicio de memoria podrían multiplicarse como el arroz hervido y bañarnos de gritos y de llantos y de explosivas interjecciones enjambradas en nuestras bocas. Esos, aquellos, los que se irán, serán tan alquimistas, artesanos o constructores como aquellos que vendrán, que pasarán y que darán más lugar para los otros, los nuevos, los que germinen en los potreros. Es que nunca faltarán goleadores, porque alguien, siempre habrá alguien para que nos lleve por el camino del gol, del grito unísono y reverberante; de cuanto placer emane por nuestros poros y sea el almíbar que alimente a las futuras células dispuestas a nacer y a reproducirse por los arcos de los arcos, por los goles de los goles, por los siglos de los siglos…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-1753879437420157302?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/1753879437420157302/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=1753879437420157302' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/1753879437420157302'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/1753879437420157302'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2009/05/goleadores-de-julio-moya.html' title='Goleadores, de Julio Moya'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/Sgdjut6Dq4I/AAAAAAAAADg/Rd7VnfGF1lU/s72-c/goleadores.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-7592901816870323742</id><published>2009-03-14T06:28:00.000-07:00</published><updated>2009-03-14T06:31:30.834-07:00</updated><title type='text'>El Vasquito se quedó ciego</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/Sbuxjn3IwlI/AAAAAAAAADY/MW7G--5alGQ/s1600-h/vasquito.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5313035410967413330" style="WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/Sbuxjn3IwlI/AAAAAAAAADY/MW7G--5alGQ/s320/vasquito.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Se quedo ciego la puta madre. El Vasquito no ve nada, loco”. El grito enmudeció al estadio del 12 de Abril. El Vasquito Ibarguen estaba tirado en el piso. Medio muerto. Sin poder mover un músculo. Ahí se acercó don Victor, el médico del club. Lo miró un rato largo. Con la tribuna obnubilada. En silencio absoluto. Entonces, le mostró cuatro dedos a un Vasquito que agonizaba. “¿Cuántos ves, hijo?”,  susurró, como no queriendo escuchar la respuesta. “Ni uno, doc. Ni uno. No veo nada”, tiró el Vasquito, con un par de lágrimas que le saltaban a chorro.&lt;br /&gt;Hasta aquella final con Sportivo Patria, el Vasquito había sido el centro de la escena de Formosa. De pendejo, siempre ganador. Siempre entre los más facheros de la escuela. El delirio de las minitas. Y, adentro de la cancha, un número 9 de esos que no aparecen nunca más en Formosa. Alto, buen cabeceador, definía con las dos piernas con igual gracia y tenía una melena rubia que parecía hecha con los rayos de sol. Encima, por naturaleza tenía el físico de gringo. El levante que tenía el Vasco. Un infierno.&lt;br /&gt;Y tenía la soberbia propia de esos tipos, ganadores natos. Si hasta en los asados con amigos solía decir que nunca una mina le había dicho que no. Que no sabía si había hecho más goles afuera que adentro de la cancha. Y claro, cuando hablaba, a todos se le caían las babas.&lt;br /&gt;Apenas tenía 19 años cuando le pasó lo que le pasó. Fue goleador de todas las categorías donde jugó. Estuvo un par de meses en las inferiores de Núls, pero pegó la vuelta porque extrañaba la casa. Y apenas con 16 debutó en la primera del 12 de Abril. Tres goles metió ese día. La cancha estaba que no entraba un alma, y este pendejo se lució. Como para que todos en Formosa hablaran de él.&lt;br /&gt;De ahí nadie lo sacó del equipo titular. Si hasta la tarde de la final, jugó todos los partidos. Dos años enteros, sin siquiera ser cambiado en un segundo tiempo. Era adorado por los técnicos. No había forma que lo dejaran afuera. Una cosa de locos el Vasquito.&lt;br /&gt;Y esa tarde, la de la final con Patria, la estaba rompiendo. Ya había metido dos goles y quería más y más. No paraba. La final ya era nuestra. Si ganábamos 3 a 0 y quedaban unos 15 minutos. Pero el Vasquito dale que dale. Corría todas las pelotas. Como si lo hiciera para impresionar a las quinceañeras que había en el estadio. Tuvo un par de mano a mano y la tiró por arriba del travesaño. Ahí se puso loco del todo.&lt;br /&gt;Entonces, el Tato Pardo, un dinosaurio de 38 años que era el líbero de Patria, se cansó. Hubo una pelota larga, casi a la altura del corner, y allá fueron los dos. La bocha picó y cuando el Vasquito la fue a buscar con el pecho, para llevársela, el Tato Pardo lo cruzó con la plancha a la altura de la sien. Un asesinato. Increíble. Lo tenía bien medido. Y lo fue a buscar justo enfrente de donde estaba la familia del pibe. Para qué, el grito de la madre espantó a todos.&lt;br /&gt;Había sangre sobre el césped y se amontonaron todos. Se empujaron un rato largo. Pardo salió solito. Ni hizo falta que el árbitro le mostrara la roja. Ya sabía que ese era su retiro del fútbol. “Es la pelota o el hueso”, sabía decirle a sus compañeros. Y se retiró cumpliendo su frase de cabecera.&lt;br /&gt;Después, lo peor. Vino el doctor y lo conocido. El pibe se quedó ciego. Miles de tratamientos, médicos de acá y de allá y nada. No hubo forma. Casi tres años se pasaron visitando diferentes especialistas. Pero aquella patada en la sien fue la sentencia final. El Vasquito dejó el fútbol, claro está. Y a él lo abandono la fama. No hubo más mujeres. La soberbia armó el bolso y también se escapó por la ventana. Sólo su familia se hizo cargo.&lt;br /&gt;Como vos, me han preguntado muchos más por él. Si te quedás un rato más en la sede, por ahí viene más tarde. La madre lo trae tipo ocho, casi todos los días. Mientras los viejos juegan al trucho, el chico se queda largo rato frente a las fotos que están en la pared de allá atrás. No sé qué mira, pero se queda como una hora. Pobre pibe, ¿no?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-7592901816870323742?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/7592901816870323742/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=7592901816870323742' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/7592901816870323742'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/7592901816870323742'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2009/03/el-vasquito-se-quedo-ciego.html' title='El Vasquito se quedó ciego'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/Sbuxjn3IwlI/AAAAAAAAADY/MW7G--5alGQ/s72-c/vasquito.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-623185201388802441</id><published>2008-09-10T11:15:00.000-07:00</published><updated>2008-09-10T11:24:50.046-07:00</updated><title type='text'>La casa abandonada</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgPb03ERUI/AAAAAAAAABc/gIRxvyytSfQ/s1600-h/potrero.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5244458736793437506" style="CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgPb03ERUI/AAAAAAAAABc/gIRxvyytSfQ/s320/potrero.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La tapia era pequeñísima. O al menos eso le parecía a nuestras ganas. Tal vez debe haber superado tranquilamente los dos metros, pero nuestro afán por estar del otro lado durante esa hora y media era tremendo. Entonces, junto al Pupi, Robertito y el enano José hacíamos todas las tardes aquella travesura.&lt;br /&gt;La casa abandonada de la calle Buenos Aires era una tentación absoluta. Pero no nos interesaba lo que pudiera haber dentro de ella, sino que el valor incalculable para nosotros yacía en su patio. Dos árboles gigantes exactamente alineados, formaban un arco superior al del Monumental de Núñez. Además, tenía un césped que parecía cortado por esas máquinas que lo hacen en los campos de Primera División. Sólo le faltaban las líneas de pintura blanca para ser ideal. Pero con lo que había, nosotros éramos felices.&lt;br /&gt;La rutina era la siguiente: llegar del colegio Remedios Escalda, probar esos bifes con tomate que tanto me deleitaban, un beso a la vieja y a la casa del Pupi. De ahí a lo de Robertito, y sólo quedaba ir por el enano José, que vivía a una cuadra de la casa abandonada.&lt;br /&gt;Josecito era el primero. Le hacíamos pie y saltaba hacia el otro lado con la pelota en sus manos. Después Roberto, yo y finalmente el Pupi, que era un flaco largo que con sus brazos podía solo.&lt;br /&gt;Entonces, se armaban esos memorables 25. Correr rápido para tocar los dos árboles (palos) y el último arrancaba al arco. Eran tardes enteras de centros, chilenas y todo lo que fuera para poder sumar y hacer la capotona al perdedor. Recuerdo que cuando el Pupi (era el mayor de todos y estaba en séptimo grado) estaba en el arco se nos hacía imposible meterle un gol. Luisito Islas era su ídolo y el flaco que vivía al lado de mi casa lograba superar al propio Islas con sus intervenciones. Creo que las mejores atajadas del fútbol argentino se vieron en aquel patio de 5x2.&lt;br /&gt;Llegaba la hora de la merienda y otra vez la tapia. Piecito a José, a Robertito, yo y el Pupi, que después enfilábamos hacia nuestras casas, queriendo adivinar quién invitaría a merendar primero a quién.&lt;br /&gt;Siempre paso y observo la tapia unos minutos. Aún sigue allí. Hoy vive otra familia, que hizo sacar aquellos dos árboles hermosos del patio. Hay un niño que patea una pelota y recuerdo a Josesito, que ahora tiene un taller de mecánica cerca del barrio. Robertito ya es Roberto, y vive en Misiones con su madre. Yo sigo viviendo donde siempre. De vez en cuando me lo cruzo al Pupi, quien ahora es el Contador Esteban Mongi.&lt;br /&gt;En esos encuentros recordamos aquellas tardes de patios ajenos. Somos felices. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-623185201388802441?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/623185201388802441/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=623185201388802441' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/623185201388802441'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/623185201388802441'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2008/09/la-casa-abandonada.html' title='La casa abandonada'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgPb03ERUI/AAAAAAAAABc/gIRxvyytSfQ/s72-c/potrero.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-8014093932020699768</id><published>2008-08-29T19:39:00.000-07:00</published><updated>2008-08-29T19:40:33.241-07:00</updated><title type='text'>Carlos David Ludueña, Angelito</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SLizAG9OajI/AAAAAAAAABU/HVSSTUoTDF8/s1600-h/angelito.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5240134980894353970" style="CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SLizAG9OajI/AAAAAAAAABU/HVSSTUoTDF8/s320/angelito.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún dolía la derrota. Pesaba mucho en los cuerpos de esos futbolistas que hasta hace unos minutos se habían raspado las rodillas en esa cancha pelada de césped. Igualmente, su técnico miró fijamente a los ojos a cada uno de ellos. Había un mensaje que quería dar. Algo que quería que ellos entendieran.&lt;br /&gt;La derrota no se discutía. El equipo que los enfrentó había sido superior. Se entiende. Un 5-0 no se refuta en ninguna parte del mundo. “Nos pegaron una patada en el orto”, afirmó el Sordo Pérez mientras entraba al vestuario. Fue unos instantes antes de aquel final abrupto.&lt;br /&gt;Si dicen que hay resultados que son “saca-técnicos”, un 5-0 ratifica la teoría. El Zurdo Roque estaba indignado. Nada de lo que había dicho en la semana fue puesto en práctica. Cada centro era un infierno. El arquero que dudaba, los defensores que dudaban más que el arquero y los volantes que miraban. Todo mal.&lt;br /&gt;Así llegaron cinco goles de cabeza. Imposible sostenerse un DT en el banco después de semejante atrocidad. Y bueno, así fue como el Zurdo se plantó y no hubo nadie que pudiera hacerlo retroceder esa decisión. Habló de ciclo cumplido, de que no se entendieron y pegó el portazo.&lt;br /&gt;Y ahí los ojos de todos apuntaron a Angelito. Tiempos después, él diría que en aquel vestuario decidió dejar el fútbol para ser técnico. &lt;br /&gt;Aún hoy se lo recuerda en Lomas de Zamora. Ángel Carlos David Ludueña. Angelito. No fue el primer jugador en decidir ser técnico de un día para el otro. La suya fue una decisión que tomaron miles. Igualmente, duró apenas un puñado de encuentros como DT.&lt;br /&gt; Ayer lo vieron aparecer en la despensa del barrio después de mucho tiempo. Compró una tira de pan. Alguien le preguntó por qué no siguió jugando un tiempo más. “El cuerpo te daba, Angelito”, le repitieron, como tantas otras veces. “Fui un gil, hermano”, dicen que contestó.&lt;br /&gt;Una vez en su casa, y mientras escuchaba un partido por radio, falleció de un paro cardíaco. Su madre dijo que Angelito falleció luego de aquel fatídico 5-0. Quiso ser técnico. Cuando decidió dejar de jugar, decidió dejar de vivir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-8014093932020699768?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/8014093932020699768/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=8014093932020699768' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/8014093932020699768'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/8014093932020699768'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2008/08/carlos-david-luduea-angelito.html' title='Carlos David Ludueña, Angelito'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SLizAG9OajI/AAAAAAAAABU/HVSSTUoTDF8/s72-c/angelito.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-1349216686748115685</id><published>2008-08-25T15:09:00.000-07:00</published><updated>2008-08-25T15:14:47.449-07:00</updated><title type='text'>Optimistas de la redonda</title><content type='html'>&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/ZNTQZCm07LI&amp;amp;hl=en&amp;amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/ZNTQZCm07LI&amp;amp;hl=en&amp;amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se discute: el fútbol es una actividad que puede ser tan poco importante como el alpinismo o la jardinería. Pero, también, puede ser una forma de vivir la vida. Y así, se consigue un compromiso total y eterno hacia la pelota.&lt;br /&gt;Con ese compromiso, pero sin la lucidez y el talento necesario, muchos pasan sus días intentando ser el futbolista que en sus sueños gambetea a cinco rivales y deja tirado al arquero. Nunca lo conseguirán.&lt;br /&gt;Son optimistas de la pelota. Tienen errores, es cierto. Pero cada mañana tienen la necesidad de ir por más. De volver a intentarlo una vez más.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-1349216686748115685?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/1349216686748115685/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=1349216686748115685' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/1349216686748115685'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/1349216686748115685'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2008/08/optimistas-de-la-redonda.html' title='Optimistas de la redonda'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9038656962170947529.post-1241229743281968766</id><published>2008-08-18T16:15:00.000-07:00</published><updated>2008-08-18T16:17:02.812-07:00</updated><title type='text'>El fútbol te hace libre</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SKoC1yRSBOI/AAAAAAAAABE/iazb04rdQuE/s1600-h/preso"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5236000639822202082" style="CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SKoC1yRSBOI/AAAAAAAAABE/iazb04rdQuE/s320/preso" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;FUTBOL-ALVARADO.- ALVARADO ANOTO UN MEDIOCAMPISTA QUE CUMPLE CONDENA&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;por José Luis Ponsico), para Telam.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El club Alvarado de esta ciudad incorporó al volante Cristian López, actualmente cumpliendo una condena por robo en la Unidad XV de Batán.El futbolista lleva cuatro años y medio como interno, tendrá un permiso especial para entrenar y jugar y fue solicitado por el DT. Marcelo Philipp.López, de 28 años, nacido en el barrio Regional, suburbio marplatense, fue condenado en 2004 por el delito de "robo a mano armada".En su adolescencia fue jugador del club Al Ver Verás, de segunda división. Un amistoso disputado en la pretemporada entre los internos del Penal de Dolores y Estudiantes de La Plata, cambió su vida. Lo vieron jugar.Fue Roberto Sensini quien destacó el juego de Cristián López y los comentarios llegaron al entrenador de Alvarado por fuentes familiares del propio condenado.Una gestión ante el juez interviniente en la causa penal determinó el traslado del convicto a la Cárcel de Batán. Tendrá un "permiso de libertad para jugar oficialmente"El diario "El Atlántico" sorprendió con la entrevista exclusiva obtenida por el periodista Mauricio Giambartolomei que gestionó ante las autoridades de la Cárcel de Batán el reportaje (inédito) al que tuvo acceso Télam.El testimonio de Cristian López y de sus actuales compañeros:Una concesión al fútbol con escasos antecedentes. Gustavo Gatti, arquero de Alvarado y referente del plantel, consideró que "es una persona muy abierta; con familiares que se preocupan por él", dijo. "Son todos hinchas de 'Alva' y queremos ayudarlo. Además, es buen jugador", añadió.Alvarado debutará en el torneo Argentino A el 31 de agosto y la curiosidad por ver a Cristian López es muy grande.El entrenador Philipp ya había anticipado que "iba a probar con un chico privado de su libertad", supo Giambartolomei antes de que Alvarado obtuviera el permiso.El asunto estaba "al caer" y enseguida trascendió que "López había caído muy bien dentro del plantel" escribió para "El Atlántico"."Me muevo como volante-delantero por izquierda. Dicen que soy rápido para pasar al ataque y tengo mucha fuerza para recuperar la pelota en el medio. No hago muchos goles pero laburo para el equipo. Ahora, tratando de adaptarme porque no es lo mismo el fútbol oficial de la AFA que jugar amistosos en la Cárcel", admitió López al diario local."Puedo jugar en todo el país según el permiso concedido. Salgo todos los días para entrenar y debo regresar por la noche al Penal. Creo que el fútbol me da una gran oportunidad de renacer a la vida. Es el momento de sentar cabeza y cambiar para siempre", concluyó.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9038656962170947529-1241229743281968766?l=elblogdelcholo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/feeds/1241229743281968766/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9038656962170947529&amp;postID=1241229743281968766' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/1241229743281968766'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9038656962170947529/posts/default/1241229743281968766'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcholo.blogspot.com/2008/08/el-ftbol-te-hace-libre.html' title='El fútbol te hace libre'/><author><name>Hernán Laurino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00200059894167873563</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SMgXQDw9UcI/AAAAAAAAACY/WyhHu_dLBbw/S220/yobuena.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3jtvBMATrfY/SKoC1yRSBOI/AAAAAAAAABE/iazb04rdQuE/s72-c/preso' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
